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Convención Republicana

Trump estrena su candidatura con un duro discurso de miedo y antiinmigración

El magnate aceptó la nominación republicana con un largo discurso en el que que retrató a EEUU como una sociedad acosada por enemigos de todo tipo, entre ellos decenas de miles de "peligrosos" indocumentados.
22 Jul 2016 – 12:32 AM EDT

Fue un discurso apocalíptico, en el que Donald Trump presentó una visión muy negativa de la sociedad estadounidense antes de apuntar contra falsos culpables: los acuerdos comerciales, los inmigrantes indocumentados o países como China o Japón.

Los candidatos suelen clausurar sus convenciones con discursos optimistas y visionarios, llenos de metáforas sobre el país que aspiran a construir. Esta vez Trump hizo lo contrario quizá porque pensó que no tenía otra opción que retratar EEUU como una sociedad poseída y arrojar a su adversaria en el barro para ganar.

Su rival demócrata Hillary Clinton y Trump son los candidatos más impopulares de todos los tiempos. La apuesta de Trump es explotar la cólera de los perdedores del sistema en lugar de ofrecerles un futuro mejor.

Y entre los culpables de esa situación están los indocumentados, a quienes vinculó directamente con el crimen, dando a entender que son directamente responsables de decenas de miles de delitos apelando a una cifra inexacta.

1. Un discurso de odio

Erraron quienes creyeron que Trump aprovecharía la convención para suavizar su discurso a fin de atraer el voto hispano. Trump retomó su mensaje más agresivo al hablar de inmigración. Volvió a decir que construirá un muro en la frontera, clamó contra las ciudades santuario y presentó a los inmigrantes indocumentados como asesinos, violadores y gente poco de fiar.

Trump no dijo que la inmigración ilegal se había desplomado en los últimos años ni aclaró cómo se las arreglará para sacar del país a los 11 millones de indocumentados que quiere deportar.


“Vamos a ser considerados y compasivos con todos”, dijo Trump. “Pero seré compasivo sobre todo con nuestros propios ciudadanos que sufren. Mi plan es justo el contrario de la política migratoria peligrosa y radical de Hillary Clinton. Los estadounidenses quieren acabar con la inmigración sin control”.

Los delegados recibieron este mensaje con una gran ovación y gritaron varias veces: “¡Construye el muro! ¡Construye el muro!”. Trump respondió presentándose como el defensor de una clase obrera blanca olvidada por las elites ilustradas que dirigen el partido demócrata: “Estas familias no tienen grupos de presión que las representen. No hay nadie que proteste en su nombre y mi adversaria nunca se reunirá con ellas ni compartirá su dolor”.

2. Ingresar menos y gastar más

Sólo Trump puede lograr en el mismo discurso la cuadratura del círculo: presumir a la vez de la mayor rebaja de impuestos de todos los tiempos y decir que se va a gastar billones de dólares en reconstruir los puentes, los aeropuertos y las autopistas del país.

Es un discurso muy llamativo en los labios del candidato de un partido obsesionado hasta hace poco con reducir el déficit y cuadrar las cuentas públicas. Trump no sólo ha rebajado la influencia de la derecha religiosa entre los republicanos. También ha eclipsado a los halcones de la ortodoxia financiera que controlaron el partido desde la rebelión del Tea Party en 2010.

Tanto Obama como los Clinton comparten el entusiasmo por reconstruir las depauperadas infraestructuras de Estados Unidos. Pero los demócratas lo harían subiendo los impuestos a las rentas más altas. Trump no termina de aclarar cómo lo hará.

3. Muerte y destrucción

Las masacres de Dallas, Orlando o Baton Rouge no fueron la única herramienta de Trump a la hora de presentarse como el candidato llamado a poner orden en Estados Unidos. Trump se presentó como un líder fuerte al estilo de su admirado Putin e hizo un retrato apocalíptico de la escena internacional.

Culpó a su adversaria de la irrupción del ISIS, de la guerra civil de Siria y del acuerdo nuclear con Irán. “Este es el legado de Hillary Clinton”, proclamó en tono sombrío. “Muerte, destrucción y debilidad”.

Al igual que hiciera en primavera, Trump volvió a enarbolar ‘America First’, el lema que hizo célebre el aviador Charles Lindbergh en los 40 en su cruzada aislacionista por mantener a Estados Unidos fuera de la II Guerra Mundial. A Trump no le importan los orígenes del eslogan ni sus conexiones con el fascismo. Lo usa porque piensa que conecta con un país exhausto después de 15 años de intervenciones militares en el exterior.

Así cabe entender el sabor aislacionista de sus palabras y las palabras que pronunció este jueves sobre la OTAN en las páginas del ‘New York Times’.

4. Proletarios de América

El asunto al que Trump dedicó más tiempo fue su voluntad de renegociar tratados comerciales como NAFTA y reconstruir la industria de Estados Unidos después de décadas de declive inexorable por los efectos de la globalización.

“He visitado a los trabajadores despedidos en las fabricas y a las comunidades destrozadas por acuerdos comerciales horribles e injustos”, dijo. “Estos son los hombres y mujeres olvidados de nuestro país. Son personas que trabajan duro y que ya no tienen voz. Yo soy vuestra voz”.

Esa última frase arroja la clave del discurso del candidato republicano, que se presenta como el líder de un movimiento transversal dirigido a suplantar a una clase política corrupta e incapaz de gobernar.

En ese imaginario Trump es una especie de tribuno de la plebe que defiende a los ciudadanos rechazados por las élites y a los perdedores de la globalización. “Me he lanzado a la arena política para que los poderosos no puedan golpear a la gente que no puede defenderse”, proclamó Trump antes de decir con cara de pillo. “Nadie conoce el sistema mejor que yo y por eso solo yo puedo arreglarlo”.

Trump citó dos veces a Bernie Sanders y se ofreció a sus seguidores como un vehículo para transformar el sistema podrido contra el que protestaron. Se antoja improbable que los universitarios que auparon a Sanders vayan a votar por él, pero al candidato republicano no le importa: esa bandera le sirve para presentarse como un ‘outsider’ altruista deseoso de cambiar el país.

“Estados Unidos es una nación de creyentes, soñadores y constructores dirigida por un grupo de censores, críticos y cínicos”, dijo casi al final en un nuevo intento de disparar contra las élites. “Recuerden toda esa gente que les dijo que ustedes no podrían tener el país que querían. Son los mismos que dijeron que yo no estaría aquí esta noche. Ya no podemos confiar en esas élites de los medios y la política que dicen cualquier cosa para mantener este sistema amañado en pie”.


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