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Convención Republicana

Donald Trump alcanzó una cima que pocos imaginaron

No fue el día en que anunció su candidatura, ni la jornada cuando aseguró la aspiración presidencial al calor de las primarias republicanas. Ocurre esta noche en Cleveland, en una convención donde la polémica no ha faltado, algo que ya se ha convertido en la marca de fábrica de su campaña.
21 Jul 2016 – 5:06 PM EDT

CLEVELAND, Ohio.- Cuando la noche del jueves Donald Trump aceptó la nominación republicana para presidente de EEUU, llegó al pináculo en una carrera que empezó hace 13 meses y 5 días en medio del mayor escepticismo de quienes veían las aspiraciones del magnate como una broma irrealizable.

La situación se revirtió y ahora es el magnate inmobiliario quien con desdén miró desde el podio de la Convención Republicana a aquellos que quisieron cortarle el paso a la candidatura, los defensores del establishment y promotores de las posiciones conservadoras dentro del partido.

Todos han perdido frente a la avalancha que significó Trump, quien dejó en el camino 17 contrincantes, algunos con las mejores credenciales políticas, experiencia y recursos, como el exgobernador de Florida Jeb Bush, sin duda el mayor perdedor de todos.

Trump tuvo el mérito de arrebatarle el partido a los sectores más tradicionales con una campaña que con seguridad no habría sido aprobada por ningún estratega político tradicional al que se le hubiera presentado la idea.

La campaña de Trump arrancó con lo que debió haber sido una salida falsa: su propuesta de construir un muro con México y, de paso, insultando a los mexicanos a los que calificó de violadores y criminales.

El mea culpa republicano de 2012, luego de que Mitt Rommney no lograra evitar la reelección de Barack Obama, indicaba todo lo contrario, pedía congraciarse con la comunidad hispana en el entendido de que sin su apoyo no se puede ganar la Casa Blanca.

Apelar a la frustración

Claramente, los estrategas de Trump vieron otra manera de ganar las elecciones y apelaron a la frustración de muchos conservadores con el orden de cosas establecido por el gobierno de Obama y, según ellos, por la incapacidad del partido que solía representarlos en oponerse de manera efectiva.


El argumento de que un conservador moderado era la respuesta para ganar la Casa Blanca se agotó con el fracaso de dos prestigiosas fichas del partido (John McCain, 2008/ Mitt Romney, 2012) así que para lograr resultados diferentes había que hacer cosas diferentes.

Entra Donald Trump, con una incorrección política que a veces raya en lo racista, pero que se empaqueta como “sinceridad” y le arrebata esa cualidad a uno de los seguros del partido, el gobernador Chris Chrstie.

Es muy simbólico del momento que viven los republicanos que en el proceso cayera hasta la ficha de Jeb Bush, con su prestigio familiar y los fondos caudalosos para sufragar cómodamente una campaña, un ejercicio rutinario para el clan de Texas.

El partido que hereda Trump es otro, vuelto más hacia sí mismo, como demuestra la plataforma recién aprobada en Cleveland, con menos vocación a la diversidad como demostró la Convención Nacional que los medios calificaron como “muy blanca”.

Esta noche, mientras se disipe la ovación de los miles de asistentes en el Quicken Loans Arena, muchos estarán esperando que esta cima política que alcanzó el magnate sea su última y que una derrota en noviembre les de la oportunidad de recuperar y reorganizar el partido.

Pero como la historia sobre las posibilidades de Trump en la arena política ha estado marcada por desaciertos entre los expertos, su ya cantada derrota en noviembre podría ser una nueva predicción equivocada.

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