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CityLab Transporte

En este río que los santiaguinos despreciaban, pronto existirá una de las mejores ciclovías de América Latina

El río Mapocho hace unas décadas era sinónimo de mal olor. Hoy, gracias a un intenso trabajo ciudadano, su ribera tendrá una pista para bicicletas, sendero peatonal y parque inundable.
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11 Jul 2017 – 8:09 PM EDT

Más de cien ciclistas organizados entraron pedaleando el martes 5 de abril de 2016 a La Moneda, el palacio presidencial chileno, en Santiago. Esto, y lo que ellos habían logrado, era algo nunca antes visto en Chile. Desde la trinchera de la ciudadanía, trabajaron cinco años impulsando un proyecto que buscaba recuperar el principal río de Santiago, el Mapocho, y transformar su ribera en un parque inundable y una pista para bicicletas. Y ese día, en la sede presidencial, la mandataria Michelle Bachelet les daba el espaldarazo que necesitaban, uno que sería definitorio: anunciaba prioridad presidencial para Mapocho Pedaleable.

Después de ese hito todo avanzó rápido para los gestores de este plan, la corporación Pedaleable y el colectivo de organizaciones promovilidad Muévete, que, para ese entonces, ya contaban con el apoyo de cuatro municipios y de la Intendencia de la Región Metropolitana.

Este es uno de esos proyectos que parece obvio, pero que costó mucho trabajo instalar en la agenda gubernamental. Realizaron estudios, votaciones e incluso un plan piloto de cuatro meses, que comenzó en diciembre de 2016, y estuvo financiado por el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago. En ese tiempo, más de 270,000 personas provenientes de 34 comunas de la Región Metropolitana transitaron por el lugar. Pero, a pesar de todo esto, el proyecto no estuvo asegurado hasta el 7 de junio de este año.

Ese día, el Consejo Regional Metropolitano (CORE) aprobó, con un presupuesto de 6,500 millones de pesos (casi diez millones de dólares), la construcción completa del Mapocho Pedaleable.

La primera piedra se pondrá en marzo de 2018 y la obra estaría lista, en su totalidad, en diciembre de 2019. Se mejorará y ampliará el corredor y el muro (que divide la pista del río) de 2,5 kilómetros de largo ya existente. Finalmente, serán cuatro pistas de hormigón —dos peatonales y dos de ciclovía— de 5,2 kilómetros de extensión, paralelas al cauce del río y resistentes a sus crecidas. Esto conectará varias de las comunas más transitadas de la ciudad, permitiendo que los ciclistas avancen sin detenerse.

Tomás Echiburú, uno de los autores de la iniciativa, exintegrante de Pedaleable y actual concejal del partido Revolución Democrática (RD) por la comuna de Providencia, reconoce que no es frecuente que un proyecto nacido desde los ciudadanos llegue hasta esta instancia. “El principal obstáculo es el tema político-estatal, que para este tipo de cosas no está adaptado”, dice el ciclista y hoy dirigente municipal. “Y este plan lo pone arriba de la mesa: el Estado no tiene mecanismos que permitan trabajar con comunidades de manera realmente participativa para incorporarlos en el proceso. No existen los aparatos como para aceptar que la ciudadanía no solamente puede protestar por lo que no quiere, sino que también puede proponer lo que quiere”.

En el camino, debieron enfrentar la resistencia de los técnicos del gobierno. “Las primeras veces que yo tuve, por ejemplo, reuniones técnicas en el Ministerio de Obras Públicas (MOP), los ingenieros hidráulicos me decían: ‘Olvídate, esto nunca va a pasar. Yo nunca voy a aprobar esto’”, recuerda Echiburú.

Sin embargo, este proyecto lo logró. Sumaron apoyos de cuatro alcaldes, el intendente regional y la comunidad. La clave, para él fue ir escalando la iniciativa poco a poco e ir sumando a la gente. “El haber logrado que muchos se lo apropiaran, es el principal acierto. Esto fue creciendo como una bola de nieve que, finalmente, se hizo un poco imparable”, dice Echiburú. “Es una cuestión absolutamente inédita para un proyecto urbano”.


Mapocho pedaleable: la ciclovía chilena que nació de los ciudadanos

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De cicatriz a espacio social

Para sus creadores, este proyecto es más que un pista para bicicleta: es contribuir a recuperar el río Mapocho para la ciudad. “Había que hacer que la gente volviera a estar cerca del agua”, dice Echiburú sobre el germen de esta iniciativa que, en realidad, nació en 2010 en el ámbito académico, a raíz de dos proyectos de título de alumnos de arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile: el suyo y el de Osvaldo Larraín.

Desde el comienzo, establecieron como objetivo que el río se transformara en parte del espacio público. Desde la Colonia, este ha sido un eje de Santiago. “Pero, de repente, empezó a entrar en un estado de abandono y de degradación paulatina, hasta llegar a un punto en que se convirtió en una cloaca y en una cicatriz de la ciudad”, explica.

“Por años estuvo relegado a ser, básicamente, la alcantarilla de los hogares de Santiago”, agrega Daniela Suau, vocera de la organización civil Muévete e integrante del colectivo ciclista New Indie.

Pero, desde 2010, comenzó un plan de saneamiento del río, el que coincidió con los orígenes de Mapocho Pedaleable. “Se buscó que la gente se aproximara con un propósito y que a partir de eso descubriera lo que el río tenía para ofrecer. Y ahí fue que la bicicleta apareció como la herramienta ideal”, señala Suau.

El proyecto funcionará como una especie de bypass ciclista y peatonal en uno de los tramos más complejos y transitados de Santiago. “No solamente va a ser un espacio público recreacional para la familia el fin de semana, con activaciones, actividades y stands de productos”, dice Suau. “También va a ser un corredor de lunes a viernes que les va a permitir a las personas trasladarse desde Vitacura o Las Condes (al oriente de la capital) a Santiago Centro en 20 minutos, siendo que por la superficie eso lo hacen en 45 minutos. O sea, te reduce a la mitad el tiempo de traslado”.

Pero, en realidad, las posibilidades que abrirá Mapocho Pedaleable son amplias e inciertas todavía. “En el futuro van a haber muchas más cosas que bicicletas. Van a empezar a aparecer un montón de usos que ni siquiera hemos identificado todavía”, dice Tomás Echiburú. “Nosotros lo que hicimos fue abrir la puerta para que la gente se tome la ribera y esto vaya escalando”.

Uno de los primeros hitos para esto sucedió en 2011, cuando Echiburú y Osvaldo Larraín –los autores de las tesis que generaron la idea– decidieron hacer algo sin autorización oficial. Junto a otras organizaciones civiles, llamaron a bajar a la orilla del río en bicicleta. Llegaron 500 personas y salieron en distintos medios de comunicación.


Luego de eso comenzarían a trabajar en una mesa de trabajo en el Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y después en un estudio de rentabilidad social con el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, a través de la Secretaría de Planificación de Transporte.

Para 2013 Mapocho Pedaleable ya era una idea con forma y eco entre los fanáticos de la bicicleta y el mundo de las políticas públicas. Pero Echiburú y Larraín no pararon: ya con el apoyo de dos comunas –Santiago y Providencia– hicieron la primera actividad oficial en el lecho del río. A ‘Yo vivo Mapocho’ llegaron más de 4,000 personas.

“Esta fue una convocatoria más amplia, donde no solamente asistía el movimiento, sino también se informaba a la ciudadanía del río: que se podía bajar, que estaba limpio, que había un proyecto que quería recuperar este espacio para la gente, no para los ciclistas”, explica Daniela Suau.

Ese mismo año, obtuvieron el primer lugar en el tercer concurso de Proyectos de Desarrollo Urbano e Inclusión Social de la CAF. Además, crearon la corporación Pedaleable para darle respaldo a la iniciativa y también el colectivo Muévete. Fueron estos mismos quienes, en 2014, realizaron el segundo Yo vivo Mapocho. Ahora sumaron el apoyo de la Intendencia y del Ministerio de Medio Ambiente. Más de 5,000 personas participaron.

Y en 2015 lo hicieron dos veces, llegando a tener 30,000 asistentes. En 2016 mantuvieron la ribera del río como espacio de circulación abierta por una semana y esta fue utilizada por 60,000 personas. Poco tiempo después visitaron La Moneda y el desarrollo técnico del proyecto pasó a manos del estado.


Un triunfo de la ciudadanía

Hubo una referencia, una inspiración, con la que los promotores del Mapocho Pedaleable desarrollaron su trabajo de más de cinco años: el High Line Park, en Nueva York. Se trata de un parque urbano elevado construido sobre una antigua línea de ferrocarril. Este fue promovido por la ciudadanía desde 2003 e inaugurado en 2009. Hoy es uno de los atractivos turísticos más importantes de la Gran Manzana. Así, este también busca ser una marca país, dice Echiburú, una imagen de Santiago hacia el mundo.

“Ahí fueron los vecinos los que se opusieron a la demolición de las vías y apostaron por convencer a las autoridades de su valor patrimonial, de los usos que podrían darle y el potencial que había latente en su recuperación”, profundiza.

Para el arquitecto, también, el que el Mapocho Pedaleable vaya a concretarse, tal como en la ciudad estadounidense, es una señal para que otras organizaciones y grupos ciudadanos se den cuenta de que es posible. “Han cambiado los tiempos y hoy, si queremos, tenemos la manija”, dice Echiburú. “Es cosa de organizarnos, de articularnos bien y presionar al punto de que seamos escuchados. Esto sienta un precedente, hace que la ciudadanía se dé cuenta de que puede proponer y construir ciudad”.

Para sus creadores, este no es un logro de los ciclistas y ahí radica parte de lo único que es. “Es un triunfo en Chile y es un precedente latinoamericano”, concluye Daniela Suau. “ Este proyecto no nace del Estado, nace de la ciudadanía. Es un proyecto sumamente importante. Hoy triunfó la ciudadanía en su conjunto”.

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