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Para los salvadoreños en Washington DC, el fin del TPS no es su único problema

La gentrificación, el descenso de las ventas en sus negocios y el alto costo de vida en barrios históricamente salvadoreños están agravando la situación de esta comunidad en la capital del país.
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10 Ene 2018 – 07:09 PM EST
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El 8 de enero, grupos en contra de la decisión del gobierno federal de eliminar el TPS protestaron frente a la Casa Blanca. Crédito: ANDREW CABALLERO-REYNOLDS/AFP/Getty Images

WASHINGTON DC – Según datos de la Oficina del Censo, de los casi 280,000 salvadoreños que residen actualmente en el área metropolitana de Washington, más de 20,000 viven dentro de los límites del Distrito de Columbia. Son el grupo de inmigrantes más numeroso en todo el Distrito, superando a los mexicanos, cubanos e incluso a los puertorriqueños.

¿De dónde son los hispanos que viven en Washington DC?
Los salvadoreños son la comunidad hispana más grande de todo el Distrito de Columbia. Le siguen los mexicanos, puertorriqueños y dominicanos.
FUENTE: ACS – U.S. Census Bureau | UNIVISION


Sin embargo, ese número podría decaer el próximo año tras la decisión del gobierno federal de repeler el Estatus de Protección Temporal, beneficio que desde 2001 permite que 200,000 salvadoreños puedan vivir legalmente en Estados Unidos, y que expira el 9 de septiembre de 2019.

La llegada de los salvadoreños al Distrito de Columbia se vio impulsada por la reunificación familiar tras la inmigración desatada después de la guerra civil, y el bajo costo de vida que, durante los años 80 y 90, caracterizaba a Washington DC. En esa época, esta era una ciudad atractiva para inmigrar en comparación a Nueva York. La mayoría de los salvadoreños que llegaron a la capital se asentaron en los barrios de Adams Morgan, Columbia Heights y Mount Pleasant en los años 80, abriendo negocios de comida, locales de remesas y supermercados de productos latinos. Tras la puesta en marcha del TPS en 2001, hoy existen más de 32,000 salvadoreños que viven y trabajan en el área metropolitana de Washington-Alexandria-Arlington bajo este beneficio.

Edith Cuevas, originaria de San Vicente –una ciudad a casi dos horas al este de la capital salvadoreña–, lleva 28 años en el barrio de Mount Pleasant, tras haber sido una de las primeras personas en inaugurar un negocio en ese lugar. Allí, Cuevas abrió una distribuidora de libros, revistas y artículos misceláneos para la comunidad hispana que comenzó a residir al norte del Distrito. “La gente tiene miedo”, dice.


Cuevas ha visto cómo el barrio se ha ido gentrificando poco a poco: las rentas han subido, lo que ha obligado a muchas familias a dejar sus hogares, cerrar tiendas y mudarse a los suburbios de los condados de Prince George’s y Montgomery, en Maryland. “La renta está carísima, todo sube. Mucha gente se ha tenido que ir, ha tenido que dejar sus negocios y sus casas para irse a otros sitios más baratos”.

Estos dos mapas comparan a la población salvadoreña en el área metropolitana de Washington entre 2010 (mapa 1) y 2016 (mapa 2). Según datos de la Encuesta Comunitaria Estadounidense (ACS, por sus siglas en inglés), los suburbios de Maryland, colindantes al Distrito de Columbia, vieron un fuerte aumento en el número de salvadoreños que anteriormente vivían dentro de los límites de DC.

Yasmin Romero es salvadoreña y lleva más de 20 años viviendo en Mount Pleasant, donde es líder comunitaria. Romero es la presidenta de la asociación de inquilinos de su edificio y única comisionada latina en la Comisión Asesora de Vecindarios de Mount Pleasant, o ANC por sus siglas en inglés. Este organismo es parte del gobierno del Distrito de Columbia y está compuesto por cinco comisionados, electos popularmente, que supervisan la zonificación, vivienda, construcción, tránsito y desarrollo económico de la zona.


"El cambio ha sido bien drástico. Los landlords (dueños de las propiedades) están sacando a la gente todo el tiempo, subiendo la renta, en edificios donde vivien muchísimos salvadoreños. Y ahora se pone peor, se están aprovechando con esto de que nos quitaron el TPS", dice. Romero cree, también, que gran parte del problema es la desinformación de la comunidad. Muchos no saben que Washington DC tiene regulaciones para defenderlos y evitar el desalojo ilegal por parte de los landlords, y que la ley vigente protege al arrendatario. "Hace cinco años atrás la renta de un apartamento de un dormitorio en Mount Pleasant costaba 1,100 dólares. Hoy, ha subido hasta los 1,700 o 1,800 dólares", dice la comisionada.

A raíz de la gentrificación, varios negocios han debido cerrar en todo el barrio. Uno de ellos es la Pupusería San Miguel, un restaurant salvadoreño que estuvo funcionando desde los años 70 en el 3110 de la calle Mount Pleasant. Su dueña María Carvallo, salvadoreña y nacida de la localidad de La Unión, tuvo que cerrar en octubre del año pasado tras la continua presión de su landlord y el aumento desmedido en la renta del local. Otro local de comida mexicana y salvadoreña, Burritos Tex-Mex, también tuvo que clausurar sus puertas hace menos de ocho meses después de haber estado funcionando por casi 9 años.

"Mucha gente se está quedando sin trabajo, la mayoría de ellos guatematelcos y salvadoreños. No sólo por el cierre de los locales, sino porque ya hay la misma afluencia de público como antes", dice Romero.

Columbia Heights, barrio ubicado junto a Mount Pleasant y también un sitio histórico de inmigración salvadoreña, no se escapa de este diagnóstico. Reina Arias, dueña de la famosa pupusería El Rinconcito Café, comparte la opinión de Edith Cuevas. Su restaurante abrió hace 18 años, y reconoce que todo el barrio ha cambiado tras la llegada de una mayor población blanca. “La cantidad de negocios y restaurantes han bajado porque la renta no para de subir. Y ahora con esto del TPS, de seguro va a afectar. Estoy convencida que mucha gente va a querer irse a otro lugar, o hasta regresar a El Salvador”, dice.

Según un estudio del Centro para el Progreso de América y el Centro de Recursos Legales para Inmigrantes, el éxodo salvadoreño que podría desatar el fin del TPS tiene consecuencias negativas para la economía. Estados Unidos, en su totalidad, perdería 164,000 millones de dólares de su producto interno bruto, y las compañías que actualmente emplean a personas bajo TPS tendrían que gastar 967 millones de dólares para reemplazar a sus trabajadores.


Otra de las tantas pupuserías en Columbia Heights lleva dos décadas funcionando ininterrumpidamente. “Cuando yo llegué, en los años 80, el autobús costaba 50 centavos y la renta, pues, 150 dólares por mes”, dice su dueña. Hoy, un pequeño apartamento de un dormitorio en Columbia Heights supera, en promedio, los 1,900 dólares al mes. La cocinera de esta misma pupusería, una mujer indocumentada nacida en San Salvador, lleva también 20 años trabajando en este mismo lugar y a pesar de no tener su estatus migratorio al día, tanto ella como el resto de las trabajadoras están optimistas. “Muchas cosas pueden cambiar en 18 meses. Quién sabe. Hay que tener fe”, dice.

Si bien la decisión del gobierno federal de acabar con el TPS es definitiva, la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, dejó en claro que su administración dispondrá de recursos a los salvadoreños bajo TPS, de manera que puedan explorar mecanismos para cambiar su estatus migratorio y poder quedarse en Estados Unidos.

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