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Trump culpó a esta ciudad santuario por la crisis de opiáceos en Nueva Inglaterra. Ahora su alcalde le responde

Lawrence, en Massachusetts, tiene un 73.8% de población latina. Su alcalde, Daniel Rivera, criticó duramente al presidente luego de las acusaciones.
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27 Mar 2018 – 03:06 PM EDT
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Una fábrica de zapatos en Lawrence, Massachusetts. La ciudad es conocida como 'la ciudad de los inmigrantes' en el estado. Crédito: Adam Glanzman/Getty Images

El alcalde de Lawrence, Daniel Rivera, se encontraba en una reunión presupuestaria el lunes pasado cuando recibió un mensaje de texto anunciándole que el presidente Donald Trump había hecho un llamado a ejecutar a los traficantes de drogas. No sólo eso: Trump había señalado a su ciudad como un refugio de los cárteles.

"Si no nos ponemos duros con los traficantes de drogas, estamos perdiendo el tiempo, solo recuerden que estamos perdiendo el tiempo, y ser duros incluye la pena de muerte", dijo Trump, al anunciar un plan contra los opiáceos que se enfoca en imponer sentencias más estrictas en los casos de delitos relacionados con las drogas.

Y el presidente continuó sus declaraciones: "según un reciente estudio de Dartmouth, la ciudad santuario de Lawrence, Massachusetts, es una de las principales fuentes de fentanilo en seis condados de New Hampshire". Al mismo tiempo, denunció a Boston como otra "ciudad santuario" y señaló la pandilla callejera transnacional, Mara Salvatrucha o MS-13. "Ésas no son buenas personas, amigos. Son gente muy mala", dijo Trump sobre la pandilla. Ponerles fin a las "ciudades santuario", dijo, es "crucial" para ponerle fin a la crisis de las drogas.


Esta no es la primera vez que Rivera le responde directamente a Trump y ciertamente no es la primera vez que otros políticos han señalado a Lawrence. En estos momentos del año pasado, cuando la administración Trump amenazó primeramente con recortarles los fondos a Lawrence y a otras jurisdicciones que consideraban ciudades santuario, Rivera estaba a la vanguardia de la lucha.

"Como si no tuviéramos suficientes problemas para tratar todos los días", le dijo más tarde Rivera a CityLab, "el presidente de Estados Unidos quiere hacer de las suyas, ya sabes, usar esta ciudad como saco de boxeo".

Usar a Lawrence "como un saco de boxeo" también es algo así como un pasatiempo regional, a pesar de que la ciudad tiene una pequeña población de poco más de 80,000 personas.

Conocida como la ‘ ciudad de los inmigrantes’, Lawrence fue una de las primeras ciudades del país en ser diseñada específicamente como ciudad industrial en la década de 1840. Actualmente, es mayoritariamente latina con una gran población dominicana, atrapada entre dos ríos y aislada de las ciudades más prósperas de Nueva Inglaterra por diseño.

El gobernador de New Hampshire, Chris Sununu, quien asistió al discurso de Trump en Manchester, ha dicho previamente que las fuerzas del orden del estado deben cruzar las fronteras estatales para enfrentarse a "traficantes de drogas indocumentados" en Lawrence. El gobernador de Maine, Paul LePage, conocido por sus comentarios muy al estilo de Trump, ha comentado que la epidemia en su estado es propagada por "personas no blancas".

"Todos son el mismo tipo de político", dijo Rivera sobre Trump y los dos gobernadores de Nueva Inglaterra. "Dividen, tiran piedras y así aumentan su base". Rivera le dijo a CityLab que cree que Trump está señalando a Lawrence "para hacer alharaca", como parte de una nueva campaña en lugar de crear una iniciativa real.

"El presidente de Estados Unidos quiere hacer de las suyas, ya sabes, usar esta ciudad como saco de boxeo".


Entonces, ¿qué papel juega realmente Lawrence en la epidemia de opiáceos? Además de Lawrence, el estudio de Dartmouth de 2017 citó otras ciudades y regiones de Massachusetts, Nueva York y Connecticut como fuentes de opiáceos. En New Hampshire, señaló a la falta de instalaciones de tratamiento como uno de los motivos del problema de las drogas.

Los investigadores identificaron a Lawrence como una fuente de opioides en New Hampshire basándose en parte en los relatos de 20 consumidores de opiáceos, ninguno de los cuales es latinoamericano o hispano. Estos encuestados hicieron comentarios como: "Los vecindarios españoles suelen estar más cargados" y "generalmente proviene de culturas étnicas y hay muchas culturas étnicas allí [en Lawrence]".

"No voy a caer en la trampa que intentan ponerme que es que ellos culpan a las personas de color de vender la droga, porque quieren que yo culpe a los blancos por usarla", dijo Rivera respondiendo a los comentarios de Trump. “Es totalmente estúpido. Voy a abogar en cada oportunidad que tenga para que esas personas reciban tratamiento".

Aun así, Rivera es el primero en aceptar que Lawrence es de hecho un "mercado de drogas". Lawrence es uno de los once centros urbanos de Massachusetts llamados "ciudades de acceso": zonas industriales que alguna vez anclaron las economías regionales y ofrecieron un "acceso" al sueño americano, pero que han experimentado un declive extremo de los empleos de manufactura en las últimas décadas.

Cuando Lawrence perdió muchos de los empleos de manufactura, una serie de drogas ilícitas entró y se quedó, como una infección de la cual la ciudad nunca pudo deshacerse. Se sabe que el cártel mexicano de Sinaloa está conectado con traficantes que tienen vínculos con Lawrence y otras ciudades de acceso para vender heroína y fentanilo.

La epidemia de opiáceos era evidente en Lawrence antes de que se esparciera por el resto de la región, como se muestra en un polémico perfil de la revista Boston en 2012. En aquel entonces, la reacción fue que los opiáceos eran una anomalía desconcertante, evidencia de una ciudad maldita única, en lugar de un presagio de lo que vendría.

El problema de los opiáceos en Lawrence es tan profundo que, al menos por un tiempo, timar a los traficantes de heroína se convirtió en su propia industria artesanal. En diciembre pasado, un hombre fue sentenciado a cadena perpetua por dirigir una red de secuestradores en Lawrence que atacaba, torturaba y extorsionaba a narcotraficantes, en una operación criminal que incluía un monitor de GPS y uniformes de policía falsos.

Pero en Lawrence, el jefe de policía de la ciudad ha descrito el tráfico de drogas ha sido descrito como " de base", pues lo dirige una jerarquía criminal organizada y es independiente de la MS-13.

De todas maneras, Lawrence no es inmune a la violenta pandilla transnacional, nacida en Los Ángeles y con fuertes lazos con El Salvador. A principios de este año, Josué Alexis DePaz, de 21 años, "un ciudadano salvadoreño que alguna vez residió en Lawrence", según documentos judiciales, se declaró culpable del asesinato en 2015 de José Alexander Aguilar-Villanova, de 15 años. Aguilar-Villanova fue encontrado apuñalado en un parque de la ciudad de Lawrence mientras se quedaba en la ciudad con unos amigos. El caso fue la única conexión con Lawrence en la acusación de 61 personas, la mayor operación de desmantelamiento de la MS-13 de la historia.

Vincular Lawrence a la MS-13, como lo hizo Trump, es "una falta de sinceridad", dice Rivera. O como lo describió Rivera, el presidente lanzó "un montón de palabras siniestras juntas para crear temor".

"La gente no viene aquí porque es un buen lugar para comprar drogas. La gente viene aquí porque tienen el hábito de venir", dijo. Esto ha dado como resultado una gran población de personas sin hogar con la que la ciudad ha tenido que lidiar.

"La comunidad de usuarios que viene a comprar aquí viene de afuera", dijo Rivera, quien añadió que el costo de ejecutar a alguien, el cual supera el millón de dólares según algunos cálculos, se aprovecharía mejor en el tratamiento de las adicciones.

Rivera dice que su ciudad está "haciendo todo lo que puede en cuanto a la oferta", incluyendo una inversión en su departamento de policía local y la contratación de un "coordinador de personas sin hogar" para abordar la gran población que ha acudido en busca de opiáceos baratos a Lawrence.

Pero, como municipio, dice que solo puede ayudar a quienes luchan contra la adicción. "Eso es algo con lo que el gobierno federal debe lidiar", dijo. "No administramos centros de desintoxicación, ni centros de tratamiento. El estado y el gobierno federal son los que verdaderamente tienen la capacidad para hacer esas cosas".

"Lo que sea que hagamos", dijo, "va a estar muy lejos de la fuerza y el poder del gobierno federal".

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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