CityLab Política

Cómo vive la crisis venezolana el principal bastión chavista de Caracas

Más allá del desabastecimiento nacional, en la comunidad 23 de Enero todavía es posible comprar pan y azúcar. Pese a esto, el chavismo sufrió una dura derrota en las pasadas elecciones y las diferencias se comienzan a notar entre vecinos.
Logo CityLab small
30 Ago 2016 – 11:19 AM EDT

Son las siete de la noche del último sábado de julio en Caracas. Muchos caraqueños ya se han recogido en sus casas para evitar ser víctimas de la criminalidad que azota la ciudad y, mientras las calles se van quedando vacías, al oeste de la ciudad se vive un ambiente un poco diferente.

En la parroquia 23 de Enero –distrito donde viven más de 80,000 personas–, apenas cae el sol la música comienza a sonar. Algunos vecinos se reúnen alrededor de los automóviles para bailar al son de una salsa. Otros empiezan a llegar con cervezas para compartir y por un momento todos se olvidan que Venezuela vive una de las peores crisis de su historia.


El 23 de Enero es un ícono de la ciudad de Caracas. No sólo porque es el hogar de los superbloques modernistas construidos durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, sino por las dinámicas que se dan en este vecindario. Esta zona también es conocida por muchos como un territorio donde el chavismo y la izquierda tienen un gran arraigo. Después de todo, aquí se encuentra el cuerpo del expresidente Chávez y un altar hecho en su nombre.


“Más que una ideología, el chavismo es un sentimiento”, dice Nazareth, un vecino de la zona desde hace más de 30 años. Nazareth explica que, para él, “Maduro es otra cosa”. Sin embargo, aunque su gestión no le guste, tampoco se considera parte de la oposición. “Para mí, ni la oposición ni el gobierno sirven”, refunfuña Nazareth.

Aquí, en 'El 23', no todos comparten la misma visión. Después de todo, el pasado 7 de diciembre el gobierno perdió por primera vez en 16 años en este conocido territorio chavista. La diferencia fue de menos de un punto porcentual, pero fue una dura derrota.

Desde su creación en el año 1952, este lugar de la ciudad siempre ha sido conocido como una zona en donde sus habitantes se identifican con la ideología izquierdista. Según Zulma Bolívar, presidente del Instituto Metropolitano de Urbanismo, el broche de oro llega cuando en el sector Monte Piedad del 23 se construye el Cuartel de la Montaña. En esta edificación no solo se encuentra el cuerpo del expresidente Chávez, sino que sirvió como cuartel general en 1992 durante el golpe que él mismo orquestó en contra del presidente Carlos Andrés Pérez.

En la zona central del vecindario, Juan Pineda y Edwin discuten a menudo sobre la crisis. “La gente aquí mantiene la esperanza”, dice Pineda, de 40 años, quien tampoco niega que haya un descontento. Explica que el gobierno del presidente Maduro no supo medir el impacto de la caída del petróleo y ahora se están viviendo las consecuencias.

“Por ejemplo, ya no se ve el humo de las parillas en el 23”, interrumpe Edwin, 30 años, quien trabaja en un taller mecánico ubicado en la zona.

“Antes había humo por doquier. Nos reuníamos y bebíamos cerveza, eso ha cambiado por la situación” se lamenta el joven mecánico.


Los beneficios se agotan


El que una vez fuese el país más rico de América Latina hoy sufre escasez de alimentos y medicamentos. A esto se le suma una inflación la cual se estima puede superar un 700% para finales de año.

Según un estudio realizado por la Universidad Simón Bolívar, alrededor de 87% de los venezolanos dicen no tener suficiente dinero para comprar comida. Hoy, en toda Venezuela a muchos apenas les alcanza para comer, y los vecinos de El 23 de Enero no están exentos de esta realidad.

“Yo soy jubilado”, dice Edgar Alvarez. “E incluso con mi jubilación, más el sueldo mínimo (alrededor de 87 dólares mensuales) no me alcanza para comer”.

Álvarez recuerda cómo antes podía conseguir todo lo que necesitase sin salir del vecindario: “ahora no, ahora hay que salir a comprar las cosas a otras zonas de Caracas”. Esto se debe a que los abastos del vecindario, así como muchos en el país, ya no tienen suficientes artículos para abastecer a toda la comunidad.

Julio Rojas, de 50 años, mantiene una postura que deja un poco más en alto a la comunidad. “En comparación con otros sitios, aquí todavía se encuentran algunas cosas y a mejor precio”. Productos como harina de maíz (utilizada para las arepas) o una lata de atún, aún pueden ser encontrados a precios regulados (entre 0.35 dólares y 1 dólar respectivamente). Estos son productos que se encuentran en otras áreas de la ciudad revendidas por 2.50 dólares y 3 dólares.

Rojas explica que en otros lugares se le hace imposible comprar debido a las largas colas y a los altos precios a los que venden los revendedores callejeros, mejor conocidos en el país como “bachaqueros”.

“Aquí la gente del 23 tiene prioridad y los colectivos te ayudan para que te las puedas arreglar”, dice Julio con orgullo.

Los colectivos son organizaciones comunitarias que se desarrollan principalmente en El 23, aunque también existen en otras zonas de la ciudad. Hay muchas teorías sobre el origen de los colectivos. Algunos, como el sociólogo Roberto Briceño León, plantean que durante los años 70 toda la ciudad de Caracas aceptó un proceso de pacificación, excepto por el 23 de Enero, el cual fue el único vecindario que conservó las ideas de resistencia y lucha armada. Este es, según León, el origen de lo que hoy conocemos como colectivos.


Otros, sostienen la teoría que los colectivos son solo los herederos de los Círculos Bolivarianos, grupos de personas organizadas por el expresidente Chávez, alrededor del año 2000, con el fin de formar una revolución democrática y ser voceros de la revolución. A partir de 2004, los Círculos Bolivarianos fueron desapareciendo del panorama político, pero muchos creen que simplemente se transformaron en colectivos.

La mayoría de los colectivos representa una ideología de izquierda y tienen una relación cercana con las personas de su comunidad. A pesar de que los colectivos sean una parte tan visible de la sociedad, los ciudadanos y las organizaciones dentro y fuera de Venezuela tienen opiniones muy distintas sobre los colectivos.

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, algunos de ellos son paramilitares que se consideran a sí mismos como el brazo armado de la revolución. Sin embargo, los colectivos también son vistos por muchos vecinos como líderes sociales que han asumido responsabilidades que normalmente dependen del estado. “Los colectivos manejan muy bien su cosa”, dice América, dueña de una peluquería en El 23 desde hace 20 años. “Les hacen llegar pan a los vecinos y también les dan tres kilos de azúcar por persona”.

El colectivo del que América habla es el colectivo Alexis Vive, el cual opera en la zona central de El 23 desde abril de 2002. Chispa, un taxista que trabaja y vive en la zona comenta que Robert Longa (quién es el líder de este colectivo) mantiene las áreas de este sector bonitas, además de haber abierto una panadería y una azucarera para uso de la comunidad.

El Panal –como se le conoce a la panadería que maneja el colectivo– no solo tiene precios que no tienen competencia en el mercado, sino que siempre tiene pan para vender a los vecinos. Esta es una gran diferencia con las panaderías que se encuentran alrededor de la capital, las cuales se ven obligadas a vender una barra de pan por persona por falta de ingredientes.

“A ellos sí les llega la materia prima”, dice Chispa, quien explica que desde sus inicios los colectivos han sido financiados por el gobierno, lo cual les da una gran ventaja con respecto a otras organizaciones.

El financiamiento de los Colectivos también es objeto de debate. Muchos se preguntan cómo, mientras la mayoría de los productores luchan por conseguir la materia prima, los colectivos aún pueden seguir ofreciendo productos como pan y azúcar. La teoría que pareciera ser más convincente es que muchos colectivos también son a su vez comunas, y estos reciben financiamiento directo del Ministerio de las Comunas, creado para ser “un pilar del socialismo del siglo 21”, según el gobierno.


Comunidad versus política

A pesar de la enorme pérdida de popularidad del presidente Maduro en el sector –lo cual se vio reflejado en las pasada elecciones–, El 23 todavía sigue teniendo adeptos de la revolución. Sin embargo, esta división de preferencias políticas ha creado roces entre los vecinos.

Hay quienes dicen que incluso se ha creado una cierta discriminación. “Si no estás inscrito en el partido no te dan la bolsa con comida que te corresponde”, cuenta Alexandra Rodríguez, vecina del edificio número 25. Alexandra dice que desde las pasadas elecciones existe una gran separación entre los vecinos debido a temas políticos.

“Aquí la política ha podido más que el sentido de comunidad”, se lamenta Bolívar, quien explica que por tratarse de una parroquia con más de cincuenta años de historia, muchos de los que habitan en ella son caraqueños oriundos. “El 23 lo que necesita es empezar a formar más parte de la ciudad y no dejarse etiquetar por un partido político”, concluye.

Publicidad