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CityLab Medio Ambiente

Las víctimas de Harvey no necesitan más ropa usada, necesitan dinero

Una organización está donando directamente tarjetas de débito prepagadas, para que así sean los mismos afectados los que decidan qué comprar o qué reparar, de acuerdo a sus necesidades.
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30 Oct 2017 – 3:27 PM EDT

ROSE City, Texas—Seis semanas después del paso del huracán Harvey, una húmeda noche a principios de octubre, el moho crecía en las paredes de las casas. Los trabajadores habían raspado el ayuntamiento hasta dejarlo prácticamente en los tornillos, se deshicieron del papel empapado, de los equipos electrónicos arruinados, del yeso mojado y de las placas deformadas. Afuera , montones de botellas de agua se apilaban cerca de varios galones de jabón y loción. En el interior, la alcaldesa Bonnie Stephenson revisaba la estructura vacía del edificio municipal, apoyándose en un puesto donde alguna vez se emitieron los veredictos de los tribunales. A unos metros, una anciana residente de la ciudad, Lee Carroll, se sentó en una silla plegable para hablar con una trabajadora de una organización sin fines de lucro quien había llegado a la ciudad tras el paso de Harvey. Su situación era clara: "Me evacuaron a la casa de mi hijo y ahora no tenemos nada".

Quizás ningún lugar fue azotado tan duramente por Harvey como Rose City, una pequeña comunidad escondida entre la expansión de Houston y la frontera de Louisiana, donde Lee ha vivido durante cerca de cuatro décadas. Las familias del pueblo son en su mayoría personas mayores y principalmente de bajos ingresos. Cuando la tormenta de categoría 4 se estancó en la Costa del Golfo, vertió aproximadamente cuatro pies de lluvia en la zona. Con los diques a tope y el terreno anegado, las autoridades liberaron agua de una represa cercana, lo cual inundó el pueblo. Las casas quedaron sumergidas hasta los aleros; remolques y cobertizos flotaban como patos de hule; vacas y cabras fueron arrastradas a millas de distancia. La gente, que ignoraba la descarga de la represa y el inminente peligro para sus vidas, fue evacuada por sus vecinos en botes de goma. Stephenson estima que 268 de las 270 estructuras de la ciudad, incluyendo todas sus casas, fueron dañadas o destruidas. Lee, junto con todos sus vecinos, se encontró sin hogar.

"¿Cuánto tiempo estuvo usted en casa de su hijo?", le preguntó la socorrista Steph Palla.

"Todos ustedes me están preguntando esto y yo ya estoy loca… no sé", dijo Lee, haciendo una pausa un segundo. "Todavía sigo acá. ¿Cuántos días es eso?". Lleva 45 días ahí.

"¿Está pensando en volver? ¿Cuál es su próximo paso?".

Lee empezó a sollozar cuando dijo que nunca tendrá el dinero para poder reconstruir. "Tengo 71 años de edad. No tengo nada", concluyó.

Tras el paso de la tormenta, las instituciones sin fines de lucro y los funcionarios del gobierno han llegado a la región del Triángulo de Oro de Texas para ayudar a desmontar y limpiar casas y negocios, reubicar familias, y distribuir comida caliente. Las donaciones llegaron de todo Estados Unidos: botellas de agua de las iglesias; montones de bolsas de ropa de donaciones de oficinas; víveres y artículos de limpieza de empresas. Se trata de todo un testamento a la generosidad estadounidense y un reconocimiento de las extraordinarias necesidades que Harvey creó. Palla, quien trabaja para una organización llamada GiveDirectly, había traído algo inusual: tarjetas de débito Visa prepagadas, cada una cargada con 1,500 dólares. El grupo proyecta darle una a cada familia en el devastado pueblo, así como a todas las familias en hasta 15 comunidades adicionales en la costa de Texas.

Al hacerlo, GiveDirectly y sus donantes querían abordar esa extraordinaria necesidad. También querían hacerlo de manera más eficiente y eficaz que otras organizaciones benéficas, iglesias y grupos de ayuda. Sin lugar a dudas, los residentes de Rose City necesitan agua, ropa, víveres, y suministros de limpieza, al igual que los residentes de Puerto Rico, las Islas Vírgenes, Santa Rosa y otros lugares. Pero repartir dinero les ayudaría a obtener exactamente lo que necesitan, y sin mucha molestia o costo, argumentó GiveDirectly.


"Al hablar con cada persona ves que sus necesidades son individuales", me dijo Michael Faye, cofundador de la organización sin fines de lucro. "Este no es un lugar donde las tarjetas de débito no funcionan y las tiendas están todavía cerradas. Este es un lugar donde las cosas están destruidas y la gente necesita dinero para reconstruir su vida".

El grupo es uno de los muchos que abogan por el efectivo, no los materiales, como la mejor manera de ayudar a las comunidades afectadas por desastres naturales, o simplemente la pobreza. En el área de Houston, la Cruz Roja ofrece donaciones de 400 dólares en efectivo, junto con otros bienes y servicios. En Puerto Rico, las ONG locales están pidiendo a los residentes del área continental que envíen dinero, no sólo más cosas. La Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos recomienda ahora que los estadounidenses dejen de donar bienes y empiecen a dar dinero a las áreas de desastre, ya sea aquí en Estados Unidos o en el extranjero. "¿Cómo puedes ayudar más a otras personas en esta temporada de huracanes?" dice su recomendación tras el paso del huracán. "La respuesta es sorprendentemente simple: dona dinero a organizaciones de socorro que trabajan directamente con las personas afectadas por los desastres".


La idea es que el dinero es más flexible y fácil de utilizar que las mercancías, se les hace más fácil a las organizaciones manejarlo y es más valioso para las personas afectadas. El dinero les permite a grupos de ayuda y familias comprar lo que necesitan, cuando lo necesitan, con tan poca molestia como es posible. También les permite atender las necesidades que consideran más urgentes. A tal efecto, Palla le preguntó a Lee en qué estaba planeando gastar su dinero. Dos semanas después del huracán, se me echó a perder la transmisión del auto", dice Lee. "Es probable que lo gaste en eso".

"Me parece que eso tiene mucho sentido", dijo Palla. Ella le entregó la tarjeta Visa a Lee. Se abrazaron, luego Lee abrazó a la alcaldesa, y entonces se marchó a casa de su hijo mientras se amontonaban más nubes de lluvia.


***


El argumento en favor del envío de dinero, en lugar de cosas, podría parecer ilógico, especialmente después de un desastre. En Texas, las familias perdieron sus hogares y todo lo que había en ellos. Inmediatamente después de la tormenta, muchos necesitaban urgentemente agua potable, ropa de abrigo, artículos de higiene, medicamentos, alimentos y artículos para el hogar. Pero en terreno en Texas, la necesidad de ayuda monetaria, en lugar de otras cosas, parecía evidente en las semanas posteriores al desastre inmediato.


En el cercano pueblo de Orange, Denise Cox, quien dirige un hogar de crianza para chicos, estaba parada fuera de un almacén lleno de telarañas, mirando un camión articulado. "Éste es el camión que yo les decía a ustedes que iba a llegar, que tenemos que descargar", les dijo Cox a dos amigas. "Lo estacionaron aquí".

"¡Un camión misterioso lleno de cosas misteriosas!", dijo Joy Jacob, una de las amigas, asintiendo con la cabeza.

"¡Es una bendición!", dijo Misty Bornholdt-Winder, amiga de Cox de la iglesia y cosmetóloga, apuntando con un dedo bien cuidado hacia el cielo. "¡Nuestra copa sí que se desborda!".

Tras el paso de la tormenta, las tres mujeres habían comenzado una organización —realmente era poco más que un esfuerzo entusiasta y un grupo de Facebook— llamada Three Business Women of Southeast Texas, para recibir y distribuir artículos donados y organizar voluntarios para el Condado de Orange, donde se encuentra Rose City y varios otros pequeños pueblos afectados. A semanas del huracán, el grupo informal era una de las organizaciones de ayuda predominante sobre el terreno: coordinaba con las iglesias, residentes y funcionarios locales; repartía cientos de miles de dólares en mercancías; y recibía donaciones de grupos de socorro en lugares lejanos.


En el interior del almacén había cientos de botellas de agua, montones de ropa y materiales de construcción y otros artículos donados. "Tenemos 300,000 dólares en jeans de Tommy Hilfiger ahí dentro", me dijo Cox. "El hermano [de Hilfiger] tiene una línea de ropa con él y hubo un grupo que vino de Nueva York y tenía algunas conexiones con él, así que me dieron, supongo, de su almacén", explica Jacob.

El esfuerzo de Three Business Women había ayudado muchísimo, según me dijeron los residentes locales con los que hablé: ellas suministraron pañales para los bebés, alimentos para las personas, ventiladores para las casas y ropas. Aun así, su labor demostró algunos de los problemas esenciales con la donación de cosas, en lugar de dinero. En primer lugar, a diferencia del dinero, administrar las donaciones materiales toma tiempo y recursos importantes. The Three Business Women había pasado incontables horas abriendo camiones, recogiendo mercancías, organizando artículos, y repartiéndolos. "Gracias a Dios por el almacén de Joy", dijo Cox. "Si no, ¿dónde habríamos puesto todo esto?". Lo mismo sucede en la mayoría de las situaciones de desastre. "Las donaciones no solicitadas pueden obstaculizar los esfuerzos de socorro al desviar la atención de los trabajadores de socorro y ocupar un espacio de trabajo ya limitado de por sí y requieren equipo y tiempo para administrarse", concluye la recomendación de USAID sobre las donaciones en el caso de desastres.

En segundo lugar, está la pérdida de eficiencia al trasladar los artículos donados a las zonas siniestradas, en lugar de permitir que las personas en las zonas siniestradas compren los artículos ellas mismas, estimulando así la economía local y aprovechando la logística ya comprada y pagada por los Walmarts, Home Depots y Targets del mundo. El camión articulado fuera del almacén había venido desde Illinois. Alguien había enviado un viejo sofá manchado de sudor desde Wyoming. Los grupos religiosos habían gastado miles y miles de dólares en el transporte de mercancías hasta el Condado de Orange, según estimados de Three Business Women.


Una caja de donaciones marcada con la leyenda "¡Ropa no, por favor!". (Annie Lowrey/The Atlantic)

En tercer lugar, los bienes donados no suelen ofrecer lo que las comunidades necesitan, cuando lo necesitan. Por ejemplo, Rose City se ha visto abrumada por ropa de segunda mano. Hay montones de prendas llenas de moho en los estacionamientos de la iglesia, y montones más en almacenes y tiendas de campaña del ejército alrededor del pueblo. Los residentes locales estaban agradecidos por la generosidad de los demás estadounidenses, pero en general dijeron que no querían los artículos usados, ni quieren molestarse en escoger las cosas limpias que les sirvan. "Me voy a comprar mis propios pantalones", me dijo Richard Conner, un operador de máquinas cuya casa fue severamente dañada por las inundaciones.

También llegaron montones de botellas de agua, a pesar del hecho de que las poblaciones locales habían restablecido el suministro público de agua limpia. "Es bastante deprimente echar esas botellas de agua en baldes para lavar la iglesia", me dijo Tony Wilcoxson, pastor de la Iglesia Bautista de Rose City, sentado junto a un montón de botellas donadas.

Al mismo tiempo, los residentes locales no estaban recibiendo donaciones de cosas que realmente querían: principalmente materiales de construcción, incluyendo revestimiento vinílico, cemento, placas de yeso y ebanistería. "Ahora nos estamos enfocando en recibir materiales de construcción para que la gente pueda reconstruir", dijo Bornholdt-Winder, haciendo señas hacia unos palés de materiales de construcción en el almacén. "Eso podría parecer muchas de placas de yeso, pero no es nada. En una sola casa se utilizan tres de esas columnas".

Tampoco las donaciones suelen abordar las necesidades más urgentes de las familias individuales, a diferencia del efectivo. Por ejemplo, Lee necesitaba una nueva transmisión para su auto. Una mujer mayor llamada Serena Picard dijo con voz entrecortada que ella sólo quería algunos utencilios de cocina para hacerse un pastel y sentirse ella de nuevo. "He estado cocinando en el trabajo", dijo. "Algunos días sólo quiero hornear algo dulce. No soporto pensar en lo que hemos perdido". Añadió que uno de sus hijastros le había estado enviando a ella y a su marido dinero para ayudarlos a reconstruir. Pero él vive al norte de San Francisco, en una zona muy afectada por los incendios forestales. "Mi marido habló con él ayer porque era su cumpleaños y él veía los incendios desde su puerta trasera. Y dijo ‘bueno, quizás les tengamos que pedir que nos devuelvan el dinero que les enviamos’".

También visité a una pareja de nombre Kathi Norton y Daniel Williams en el parque de casas remolques Boomtown USA en Rose City. La pareja había perdido su casa remolque en la inundación y vivían en una tienda de campaña cerca de donde alguna vez estuvo la casa. El amigo de un amigo les "había comprado esta tienda donde estamos quedándonos", me dijo Norton. "Otro amigo vino y dijo, "¡No, no puede ser que estén ustedes y los perros en esa tienda! ¡Es demasiado pequeña!", y fue y nos compró esta tienda familiar que ves aquí. ¡Y yo la llamo nuestro condominio! Estamos avanzando". Aun así, la pareja necesitaba dinero con urgencia para comprar medicinas para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica que padece Williams y dinero para el transporte, me dijo.

El dinero en efectivo también tiene una inmediatez que los bienes donados no tienen. En la cercana ciudad de Port Arthur, el gobierno local había puesto una ciudad provisional de tiendas de campaña para los residentes que se quedaron sin hogar. Ofrecía alojamiento, baño, comida y máquinas de lavandería, así como acceso a los asistentes sociales. Steve Hanneman trabaja para Baptist Child & Family Services, la organización sin fines de lucro de Texas que administra la ciudad provisional. "Tengo a alguien allá afuera intentando comprar un teléfono desechable", me dijo. "Tenemos gente que tiene apartamentos, pero carece de medios para comprar alimentos. Tenemos algunos que tienen comida, pero no tienen apartamentos. Tenemos tarjetas de HEB", dijo, refiriéndose a una tienda local. "Pero HEB no está en todas partes de Texas o Louisiana. ¿Qué vas a hacer con una tarjeta de HEB si no puedes encontrar un HEB?" (algunos de los residentes del Condado de Orange mencionaron que muchas más personas estaban solicitando cupones de alimentos tras el paso de la tormenta, y había un activo mercado de intercambio de cupones de alimentos por efectivo).


Las donaciones que no son de efectivo suelen no ayudar a las familias que necesitan servicios, en lugar de mercancías. Joan Sensat y su marido viven en una casa baja en gran parte destruida por las inundaciones, y ya ellos mismos habían trasladado todos sus bienes y electrodomésticos, y habían quitado los paneles de yeso cuando los visité. Habían recibido una tarjeta de regalo de 400 dólares de la Cruz Roja que habían utilizado en el Walmart local, pero no habían recogido muchos bienes donados. Pero lo que necesitaban eran fondos para ayudarlos a comenzar a reconstruir. "Es espantoso y es muy caro. Nosotros no llevamos una vida extravagante", dijo ella. "Vamos a tratar de hacer todo lo que podamos nosotros mismos. Voy a tratar de fumigar contra el moho y luego voy a poner algunas placas de yeso. Pero no tenemos tiempo para hacerlo todo".

Las organizaciones, no sólo las familias, también prefieren las donaciones en efectivo por muchas de las mismas razones: este tipo de ayudas evitan que se tengan que convertir en almacenes de logística y les proporcionan una amplia flexibilidad para determinar las necesidades propias de un desastre. "Definitivamente no queremos los problemas de los demás", me dijo Bornholdt-Winder, señalando el misterioso camión articulado procedente de Illinois con su contenido desconocido que se encontraba fuera. "En una zona de desastre, las donaciones pueden ser un desastre dentro de otro desastre".

***


Normalmente GiveDirectly opera en Kenia, Ruanda y Uganda, dando subsidios en efectivo a las personas en las aldeas que viven con unos cuantos centavos al día. Tras el paso de la tormenta, varios donantes o donantes potenciales se habían puesto en contacto con la esperanza de ayudar a comunidades en Texas. La decisión de iniciar un programa de donaciones en Estados Unidos no fue fácil, dijeron sus trabajadores, dado que GiveDirectly se enfoca resueltamente en los miles de millones de personas más desfavorecidas del mundo.



"Creemos que el dinero ayuda más a quienes tienen menos", me dijo Faye. "La gente en África oriental tiene mucho menos dinero que prácticamente todo el mundo en Estados Unidos". Pero la organización también sostiene que el efectivo es fácil de utilizar, canjeable, valioso y escalable. Y, dado el interés de los donantes en Texas, decidió ampliarse hacia el Triángulo de Oro. Palla se trasladó de Kenia a Houston, y la organización espera llegar a alrededor de 3,000 familias en las próximas semanas, a las que hará llegar unos 90 centavos por cada dólar recaudado.

Un multimillonario radicado en Houston llamado John Arnold fue uno de los donantes interesados en donar dinero en Houston, y le proporcionó 5 millones de dólares a GiveDirectly para la iniciativa. "Inmediatamente después de la tormenta, todo el mundo quería ayudar", me dijo. "Había largas filas para entregar artículos donados y largas filas de voluntarios. Recogimos ropa extra, las cosas que a los niños ya no les quedaban, y fui y las doné y prometí 5 millones de dólares para el fondo del alcalde", me dijo. "Pero no llegamos a comprender plenamente cuáles eran las necesidades. Las necesidades son tan grandes. La pregunta es: con unas necesidades tan grandes, ¿cuál es la función de la beneficencia? ¿Cómo puede el dinero ser estratégico o complementar los esfuerzos que están realizando las ONG o el gobierno?". Darles dinero en efectivo a las familias pobres parecía ser la mejor forma de satisfacer las necesidades que la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), las aseguradoras y las grandes ONG quizás no podrían satisfacer, me dijo.

Ese mismo argumento se aplica en todo Estados Unidos y el mundo. Es cierto que sólo porque proporcionar dinero en efectivo puede ser más eficiente y escalable, no significa necesariamente que siempre sea así. El programa de transferencia monetaria de la Cruz Roja en Houston, por ejemplo, ha enfrentado duras críticas por no llegar a muchas familias pobres, y los funcionarios locales se quejan de que su proceso de aprobación es lento y opaco, lo cual socava muchas de las ventajas inherentes del efectivo. El dinero tampoco ayuda en situaciones de desastre donde las necesidades son inmediatas y acuciantes. Aun así, cada vez más, los grupos que proporcionan ayuda a los pobres del mundo, a los refugiados y a los sobrevivientes de los desastres también están pidiendo y distribuyendo efectivo, apuntando a un copioso conjunto de pruebas sobre su eficacia.

Sin embargo, en Rose City la cuestión de cómo las organizaciones benéficas hacían las donaciones parecía palidecer en comparación con la cuestión de si existían recursos suficientes para todos. Williams, quien estaba viviendo con Norton en el parque para casas remolques, había perdido su trabajo. Su tienda de campaña estaba ubicada cerca de una carretera, por lo que había mucho ruido para dormir, me dijo. Después de una gran comida proporcionada por la Cruz Roja, se quedó dormido en el trabajo. "Me llevaron directamente a la puerta", dijo. "No sé si puedo ir a trabajar ahora hasta que me consiga un remolque". Unos días más tarde, recibiría sus 1,500 dólares. Pero FEMA le había negado la ayuda, y dijo que pensaba que él y Norton estarían sin hogar en el futuro próximo.

Decenas de residentes de la ciudad enfrentaban los enormes costos de reconstrucción o de reubicación, sin mucha ayuda. "No es bueno", me dijo Esther Bernal, una trabajadora escolar, al describir el daño en su casa móvil. "Tuve siete pies de agua en mi casa. El techo ya tiene moho. Está mohoso y negro, y todavía está todo húmedo adentro. Todavía debo dinero por ella, unos 23,000 dólares". Tampoco estaba segura de cómo su familia podría subsistir y arreglar sus vidas.

Una mejor beneficencia sería de gran ayuda, pero no sería suficiente. Los fondos de socorro en casos de desastre del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano probablemente tarden meses o años en llegar, y cientos de miles de tejanos permanecen desplazados o sin hogar. Algo que podría marcar una diferencia importante sería un mayor esfuerzo nacional para hacer frente a los daños y la pobreza causados por los desastres relacionados con el clima. A tal fin, la administración Obama había empezado a elaborar un programa para ayudar a los llamados ‘ refugiados climáticos’ a nivel nacional durante su último año de mandato. Pero con la destrucción causada por huracanes e incendios, no se ha avanzado mucho más.

Este artículo apareció originalmente en inglés en The Atlantic y en CityLab.com.

En fotos: la familia de Puerto Rico que fue afectada por dos huracanes y sigue esperando por la ayuda de FEMA

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