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La nueva tendencia entre los 'runners': recoger la basura cuando sales a trotar

El 'plogging' podría ser un gran aporte al medioambiente, si logra ser más que una moda pasajera.
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Al salir a correr por la ciudad hay algo con lo que todos se encuentran: desperdicios sobre aceras, calles y senderos. Un corredor promedio puede pasarlos por alto. Sin embargo, un plogger -runners que recogen la basura mientras corren- mete estos restos en una bolsa y transforma esta costumbre en una parte fundamental de su rutina diaria de ejercicios.

“En cualquiera de mis carreras durante la semana, llevo conmigo un par de guantes y una bolsa plástica mientras reciclo”, dice Laura Lindberg. De 36 años y residente en Hoboken, Nueva Jersey, Lindberg se ha sumado a esta tendencia mundial, que combina la práctica de ejercicios físicos con la limpieza del planeta papel por papel.

El plogging, según diversas fuentes, fue importado desde Suecia, donde el término fue acuñado por primera vez: la palabra tiene su origen en la frase sueca plocka upp, cuyo significado en español viene siendo 'recoger' . Y aunque solo estemas en marzo, ya ha sido calificada en Estados Unidos y otros lugares como “ una tendencia de 2018 dentro del entrenamiento físico”, desde Turquía hasta China y Australia (para ser justos, el plogging ha existido en uno u otro sitio de Estados Unidos bajo el membrete de trash running, pero más adelante explicaremos estos detalles).


Lindberg corre aproximadamente entre cuatro y cinco veces a la semana por el litoral de Hoboken, registrando entre dos y cuatro millas cada vez. “No he terminado una carrera sin que tenga una bolsa llena de basura”, apuntó. En su trote se encuentra con envoltorios de comida, envases de poliestireno, cajas de cigarrillos y botellas plásticas (“como si fuera un infinito mar de botellas de agua”, dijo) diseminados en bolsas de supermercado. A su vez, lo va registrando en fotos que sube a Instagram.

Desde luego que #plogging suena a otra tendencia millennial surgida en medio del furor de la moda del ejercicio físico, saturada de gimnasios de lujo, aplicaciones deportivas y diversos accesorios propios de la moda llamada athleisure . Pero si el plogging prueba ser algo más que una tendencia del momento, esto podría resultar ventajoso para todos.

Considérese, en primer lugar, el hecho inobjetable de que en las ciudades estadounidenses (así como en todo el mundo) se suele arrojar bastante basura, provocando apodos como Philthadelphia y desatando campañas ingeniosas como aquella en Boston que creó un juego para desechar correctamente las colillas de cigarrillos. La limpieza puede costarle a Estados Unidos 11,500 millones de dólares al año, según la organización sin fines de lucro Keep America Beautiful, la cual se asoció recientemente con la aplicación Lifesum para estimular el plogging en el país. Los gobiernos locales pagan 1,300 millones de dólares de ese monto, al tiempo que las empresas terminan abonando el resto de la cuenta. Y todavía eso no basta para evitar que las sobras se filtren hacia las vías fluviales y los paisajes naturales, por no mencionar otros efectos, como las plagas de roedores.

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Al mismo tiempo, la obesidad gana terreno en Estados Unidos, algo que también está ocurriendo casi en todas partes, particularmente entre residentes urbanos. Y si bien varios elementos, al margen del ejercicio físico, son tenidos en cuenta para saber si una ciudad fomenta un entorno saludable, estimular a los residentes a moverse sistemáticamente es crucial.

La buena nueva es que Estados Unidos está repleto de corredores, tanto de aquellos que compiten en serio como de los ocasionales. De hecho, en los últimos años, trotar se ha convertido en una práctica muy popular, ya sea por el incremento de maratones, mediamaratones u otras carreras, como por el auge de los clubes formales e informales existentes. El plogging, cabe puntualizar, puede realizarse tanto individual como colectivamente.

De 2009 a 2012, el grupo de corredores DC Capital Striders, radicado en el área metropolitana de Washington DC, también auspició la DCCS Trash Runners. Organizadas por el presidente de la DCCS, Rick Amernick, el grupo realiza de dos a tres carreras de este tipo al año. A veces el circuito empalma con los senderos que serpentean por los barrios periféricos y se adentran en el Parque Rock Creek. Y en ocasiones la carrera 'paraliza' el centro de la ciudad. Cada una de estas jornadas se traduce en cinco o seis bolsas llenas de basura.

El grupo ya no está activo, pero Amernick no ha olvidado, en todo caso, el propósito inicial del proyecto. “Corro a menudo por los caminos y cada uno de mis amigos tiene plena conciencia de que debemos dejar los senderos del modo en que fueron diseñados”, dijo Amernick a CityLab. “Es decir, sin desperdicios”.

Y si bien es cierto que algunos, quizás la mayoría de los corredores prefiere enfocarse en lo estrictamente deportivo, Amernick sostuvo que si el plogging puede suscitar suficiente interés para reactivar el grupo, entonces él estaría “100% dispuesto” de volver a hacerlo.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com

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