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En fotos: la aldea mexicana donde se mantiene la agricultura de la época azteca

"Podríamos solucionar el problema de la subsistencia nosotros mismos sin pedirle nada al gobierno", dice un dueño de 12 chinampas. "Si las cosas siguen así la economía de las chinampas habrá desaparecido totalmente en 20 años".
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A medida que el crepúsculo llega al borde sureño de la Ciudad de México, los campesinos navegan los canales estrechos. Avanzan entre pasturas a medida que viajan sobre el agua, para entregar cajas de productos agrícolas. Es enero, en la mitad de la temporada seca, y por las laderas de las lomas y volcanes circundantes, lechuga y espinacas desecadas llenan los campos entre las lagunas de Xochimilco.

San Gregorio Atlapulco —pueblo de la delegación de Xochimilco, en Ciudad de México— es el último baluarte de la otrora gran economía chinampa. Durante los tiempos de los aztecas, dicha economía sirvió del motor de sustento para hasta 1.5 millones de personas en el Valle de México. Tenochtitlan —la capital de los aztecas— es donde los mexicas construyeron sus pirámides en el lago de Texcoco. Fue íntimamente integrado con un sistema enorme de campos agrícolas llamados chinampas. Estas constituyeron el complejo industrial agrícola de lo que sigue siendo una de las ciudades más grandes del mundo.


“Básicamente mantenemos los campos produciendo durante todo el año. Cuánto cosechamos depende de los cultivos que sembremos”, dice José Alfredo Camacho, un campesino de San Gregorio. “La espinaca tomará un mes y medio, los rábanos un mes”, agrega mientras que se para en un campo con sus hermanos. “Depende de la rotación de cultivos en la que decidamos”.

Jaime Fernández —un estibador a cargo de cargar productos agrícolas desde los botes hasta un camión— tiene tres días libres al año: Navidad, el Día de Independencia de México y el Día de los Muertos. A lo largo de todo el año, 80 toneladas de productos agrícolas llegan diariamente a los cuatro camiones que esperan en la orilla del canal Pixcalli como si la temporada de cultiva nunca terminara. “Las chinampas pueden ser un buen negocio si te esfuerzas”, dice José Alfredo Camacho.


San Gregorio queda a sólo 30 minutos del Central de Abastos —el gran mercado mayorista de Ciudad de México— lo cual hace que la frescura de sus cultivos sea insuperable. Los chinamperos también tratan de coordinar sus cosechas para que se hagan un poquito antes de la temporada normal de cosecha para cualquier cultivo que estén cultivando, y por ende obtienen mejores precios. Los campos —los cuales normalmente miden 15 por 90 yardas— son extremadamente fértiles y la agricultura intensiva tiene alta cosechas. Pero las ganancias son escasas. Según Gustavo Camacho —dueño de 12 chinampas— una chinampa de tamaño normal producirá una ganancia anual de 32,000 pesos (1,700 dólares).


Los canales se usan para el transporte y la irrigación, entonces a menudo los campos sólo se pueden alcanzar con un bote. Los canales se dragan constantemente y junto con el fango se echa chilacastle (una verdura parecida al berro) en los campos. Las chinampas son casi un ecosistema de ciclo cerrado, sostenidos en su lugar por campos de huejotes (sauces) que quedan debajo del agua.


“El huejote es el único árbol que puede resistir esta cantidad de humedad”, dice Gustavo, dueño de 12 chinampas. “Las raíces mantienen firmes a las orillas de los canales. Para hacer una chinampa, primero tienes que hacer un cercado de ramas y sembrar huejotes en el agua. Entonces llenas al cercado de fango y nenúfares. Pero agrega, “ya nadie hace chinampas”.


San Gregorio y el aledaño San Luis Tlaxialtemalco son las últimas entre las 14 aldeas de la municipalidad que siguen manteniendo una economía agrícola basada en la técnica de las chinampas. El hundimiento de tierra causado por la explotación de los acuíferos por la megalópolis ha inclinado el ángulo de los pantanos, lo cual ha causado que se inundan las chinampas (las cuales quedan en zonas bajas) y que se sequen los canales en las zonas más altas. Cuando se secan los canales, los campos rápidamente son urbanizados por la ciudad invasora.

“Podríamos solucionar el problema de la subsistencia nosotros mismos sin pedirle nada al gobierno al crear un sistema de diques en cascada como los arrozales de China, pero eso requeriría un esfuerzo comunitario que es difícil de organizar”, dice Gustavo. “Tal sistema bloquearía el acceso de algunas personas a sus campos, lo cual es la razón por la que no están de acuerdo [con esta solución]. Pero si las cosas siguen así la economía de las chinampas habrá desaparecido totalmente en 20 años”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.