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Las mujeres que quieren solucionar el caos ambiental de la Ciudad de México

La capital se está quedando sin agua y necesita desesperadamente más árboles. Un grupo de mujeres tiene ideas, pero falta el apoyo de los políticos.
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El panorama para la Ciudad de México no pinta bien. Con 23 millones de habitantes es la ciudad más poblada de Norteamérica y también la que tiene los peores problemas ambientales: en 2017 se emitieron más de 157,000 toneladas de activos contaminantes en toda la Zona Metropolitana del Valle de México.

En paralelo, la capital mexicana sufre serios problemas de congestión vehicular, su transporte público no da abasto, los inviernos están siendo más cálidos, han aumentado las emisiones tóxicas de las 76,000 industrias del área metropolitana y, además, se experimenta una creciente escasez de agua, especialmente en las delegaciones más pobres del sur y este de la ciudad como Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco.

Para ello, el Grupo de Liderazgo Climático C40 –una agrupación de 40 ciudades alrededor del mundo que buscan paliar los efectos del cambio climático– y la Secretaría de Medio Ambiente de la capital seleccionaron diez proyectos creados solo por mujeres durante su última conferencia, en enero pasado. Aunque los proyectos ganadores no recibirán financiamiento, estos sí recibirán apoyo con un mentor o mentora que acompañará a las creadoras en el desarrollo de sus propuestas.

Entre los diez proyectos –los que van desde cursos de educación ambiental y la formación de cooperativas femeninas– escogimos a dos que podrían mejorar sustancialmente la calidad de vida de los mexicanos y paliar, a gran escala, dos de los problemas más graves que la Ciudad enfrentará en un futuro muy cercano: la escasez del agua y la extinción del bosque urbano en la capital mexicana.


María Toledo: la oportunidad de los bosques urbanos


Según mediciones oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las ciudades deberían tener como mínimo en 9 y 16 metros cuadrados de áreas verdes por cada habitante. La Ciudad de México tiene, en promedio, sólo 5,3. Solo un 9% de la superficie de la ciudad está cubierta por vegetación y, para lograr los estándares de la OMS, la cifra debería ser de 23%

Esto es más del doble de lo que hoy se tiene. Y eso, es lo que Toledo quiere alcanzar: transformar a la Ciudad de México en un verdadero pulmón verde.

Hace ya diez años que comenzó a investigar sobre los árboles y los beneficios de los bosques urbanos. Toledo se mudó desde Chiapas a la CDMX para estudiar ecología, y fue allí cuando se dio cuenta de los daños para la población a raíz de la contaminación atmosférica. Hoy, su proyecto busca replantar, conservar y expandir el bosque urbano de la capital mexicana, algo que no se circunscribe solo a grandes parques como el Bosque de Chapultepec, sino a todos los árboles y áreas verdes que se encuentran dentro del área urbana.

“Desde que vi la convocatoria del C40, sentí que era el proyecto era muy adhoc a lo que estábamos haciendo. Una de las cosas más importantes de esta idea es el alcance a la ciudadanía, que la ciudadanía demande un mejor ambiente”, dice Toledo.


Lo primero que hará es utilizar imágenes satelitales para saber dónde se podrán plantar árboles y expandir la superficie verde la ciudad, y luego poder elegir qué especies se plantarán y en qué espacios de acuerdo a los objetivos. Con este diagnóstico esperan identificar las especies de árboles existentes, su distribución, su calidad y los costos de proponer más verde. “Necesitamos esa información para saber cuáles son las necesidades y tomar mejores decisiones en el futuro”, argumenta Toledo.

Los beneficios de un bosque urbano amplio, extendido y equitativamente distribuido en la ciudad no sólo se reflejan en una mejor calidad de vida para sus habitantes, sino que también reciclan el aire contaminado, oxigenan la atmósfera y generan una protección para los peatones que caminan bajo el sol, además de aumentar los precios de las viviendas que antes no contaban con zonas verdes en sus vecindarios. “Más allá de un tema de planificación urbana, es un tema de salud pública”, dice Toledo.


Uno de los grandes desafíos del proyecto es la poca disponibilidad de terrenos que existe actualmente en la Ciudad de México. La capital mexicana casi ya no tiene espacios libres dentro de sus límites oficiales y Toledo lo sabe. Sin embargo, el proyecto identificó varios lugares al este de la ciudad –cerca de la delegación de Iztapalapa y al norte de la Ciudad Nezahualcóyotl– donde existen grandes terrenos vacíos, eriazos, que no están siendo utilizados. Ahora bien, según Toledo, el obstáculo más grande será que las autoridades destinen esas tierras a conservación, y no a intereses privados.

“En términos de espacio y ecología es posible [llevar a cabo el proyecto]. Pero en términos de quién quiere esas tierras, tal vez no. La razón de poner el nuevo aeropuerto ahí (al norte de Nezahualcóyotl) se ve impulsada por un gobierno que quiere expandir la mancha urbana hacia esas zonas, y yo creo, más bien, que las constructoras ya tienen el ojo puesto ahí”. En el siguiente mapa se puede ver las zonas al este de la ciudad, en el Estado de México, que podrían usarse para plantar áreas verdes bajo el proyecto de Toledo:


El siguiente paso es tener un compromiso fuerte por parte del gobierno de la CDMX y del Estado de México, colindante a la capital mexicana y que forma parte de su área metropolitana. “Hay dinero en el gobierno que puede ser destinado para que se creen trabajos de siembra, mantenimiento y riego de estos árboles. Es posible, pero el gobierno tiene que abrirnos la puerta definitivamente para hacer esto una realidad”.

En año de elecciones generales, México tiene la oportunidad de desarrollar nuevas políticas públicas para evitar un mayor impacto del cambio climático en su capital. Sin embargo, Toledo argumenta que todas las propuestas de los candidatos a jefe de gobierno de la Ciudad están enfocadas a reducir la contaminación emitida por el transporte público y privado, y no apuntan a medidas más concretas o agresivas.

“¿Qué haremos con las emisiones que ya están ahí, que ya se están acumulando?”, se preguntó. “A las plataformas políticas les hace falta ver qué hacer con la contaminación que ya está, y ahí es donde entran los bosques urbanos, porque son económicos, autosustentables y eficientes. Y esta parte, lamentablemente, no está en sus plataformas”.


Sofía Peniche: una solución a la crisis hidrológica de la capital


La capital mexicana se está quedando sin agua. Y rápidamente. El aumento de las temperaturas hace que el agua se evapore más rápido y las sequías son cada vez más frecuentes, aumentando la demanda de agua.

Durante los últimos años , la CDMX ha seguido perforando sus profundidades para buscar yacimientos acuíferos que satisfagan la necesidad de sus habitantes, y así evitar los altos costos que significa traer diariamente decenas de miles de litros de agua a la ciudad desde zonas lejanas. El agua se está agotando, y ya hay partes de la ciudad como San Gregorio –en Xochimilco– que tienen abastecimiento de agua sólo a determinadas horas por día. Hoy, según datos oficiales, un 5% de la población de la Ciudad no tiene acceso continuo al agua.

Mientras tanto, la ciudad sigue hundiéndose entre 20 y 40 centímetros por año, un fenómeno acentuado por las perforaciones, la expansión de la mancha urbana y la urbanización de terrenos protegidos al sur de la capital.

Para Peniche, la inequidad en el acceso al agua es uno de los desafíos más grandes que tiene México. “No es vivible. Es un monstruo esta ciudad”, dice.

El proyecto de Peniche busca recolectar el agua de la lluvia para hacer frente a las sequías y a la demanda insatisfecha de agua por parte de la población más vulnerable. La propuesta será puesta en marcha en el barrio de Nativitas, en medio de la delegación de Xochimilco, en el sur de la capital.


Peniche, de 25 años y actual estudiante de ingeniería en energías renovables en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), creó el proyecto pensando en que cada casa pudiera recolectar su propia agua a través de un sistema que se adaptara a la arquitectura del inmueble. Sin embargo, el último prototipo del proyecto –desarrollado la primera semana de marzo y que será patentado por la UNAM– contempla un solo mecanismo centralizado: se captarán las aguas pluviales desde un cerro en Nativitas a través de tubos de PVC, para luego canalizarlas en las chinampas de Xochimilco. Allí, el agua será filtrada y potabilizada para ser distribuida a las familias. Ahorra costos y hace más eficiente el proceso de captación, purificación y distribución del agua.

El proyecto beneficiaría directamente a los capitalinos que aún no tienen un suministro de agua ininterrumpido, y dejarían de depender de la red y la matriz de agua de la ciudad o de los camiones que venden agua tres veces por semana a precios estratosféricos. “Hay gente que termina pagando hasta 500% más del valor que tiene el agua en la ciudad”, dice Peniche.

Alrededor del mundo ya existen ciudades que están capturando su lluvia para hacer frente al problema de las sequías. El concepto de ‘ciudad esponja’ ya se puede ver en Singapur, Shanghái (China) y Hanói (Vietnam), localidades que usan mecanismos de recolección a diferentes niveles. Sin embargo, ninguna ciudad latinoamericana ha llevado a cabo un programa como este.

El desafío de Peniche es, al igual que su colega María Toledo, lograr un completo apoyo de las autoridades para que el proyecto pueda ser replicado en varias partes de la ciudad. Ahora bien, la Asamblea de la capital mexicana acaba de aprobar en noviembre una nueva ley de aguas bajo el nombre de Ley de Sustentabilidad Hídrica, la que según varios expertos privatiza el recurso, aumenta los precios para su consumo y no democratiza su acceso.

“Todavía no quieren privatizar la lluvia. Todavía no”, dice Peniche. “Este proyecto es una forma resiliente de decir ‘¿sabes qué? No tengo que depender de ti para abastecerme de energía’. Lo podemos hacer solos sin que nadie se aproveche de nuestros derechos”.