¿Hay palabras 'prohibidas' en los SMS cubanos?

Según la conocida bloguera Yoani Sánchez, los mensajes de texto que contienen palabras claves como “derechos humanos”, “represión” o “dictadura” no llegan a su destino, aunque la empresa los cobra como enviados.
13 Sep 2016 – 8:22 PM EDT

La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. ( Etecsa) –única de su tipo en la isla y propiedad del gobierno– vuelve a ser objeto de críticas e inconformidades en su servicio de telefonía celular. Según una denuncia hecha por la conocida bloguera cubana Yoani Sánchez, los mensajes de texto –SMS por sus siglas en inglés– que contienen palabras como “democracia”, “derechos humanos”, “represión”, “dictadura” o “huelga de hambre” no llegan a su destino, aunque la empresa los cobra como mensajes enviados.

La opositora del gobierno de Raúl Castro aseguró la semana pasada en el diario independiente que creó, 14yMedio, haber hecho diversas pruebas a lo largo de varios días y desde diferentes puntos de la isla: "Desde opositores y activistas hasta personas sin ninguna vinculación con movimientos independientes. En todos los casos, los mensajes que contenían ciertas expresiones 'se perdieron en el camino'”, apuntó.

Sánchez, una de las figuras más críticas con el gobierno de Castro, atribuyó lo que ella considera un 'bloqueo" de las comunicaciones al "miedo por parte del oficialismo a que cierta información se difunda y ciertos hechos o personas se den a conocer": “Es como en el libro de ciencia ficción Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, cuando los bomberos quemaban los libros para que la gente no conociera la historia, no se estremeciera con una metáfora o se identificara con un personaje”, afirmó en declaraciones a Univision Noticias.

Por su parte, directivos de la empresa de telecomunicaciones afirman que les es ajeno el uso de estos presuntos “filtros inteligentes” y que, en todo caso, corresponde al Ministerio de Telecomunicaciones aclarar las dudas. Pero la realidad es que tanto Etecsa como ese ministerio son dos fuentes de información herméticas, que raramente se abren a discusiones públicas o responden a las quejas de los usuarios.

Además, tanto en las comunicaciones telefónicas y virtuales como en la vida diaria, la desconfianza y la incertidumbre de los cubanos sobre la privacidad persisten. Al firmar un contrato con Etecsa, el usuario se compromete, en unas líneas de ambigua significación, a no hacer del servicio un uso “que atente contra la moral, el orden público, la seguridad del Estado, o sirva de soporte a la realización de actividades delictivas”.

En fotos: Los smartphones de La Habana

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En su artículo, Sánchez se refiere al debate histórico sobre la privacidad y la calidad de los servicios de comunicación en la Isla, sumados a los constantes colapsos y el mal funcionamiento de una de las telefonías celulares más costosas del mundo, con respecto a los ingresos de sus usuarios (el salario promedio de los nacionales es de 20 CUC, unos 18 dólares, mientras el costo de una llamada por celular es de 0.35 dólares por minuto).

Apertura al cuentapropismo, control de medios

Si es difícil demostrar si se trata efectivamente de una censura como denuncia Sánchez o de parte de los problemas que padece el servicio telefónico cubano, lo que la nueva situación de Cuba parece demostrar es que mientras el mandato de Raúl Castro se abre a la negociación bilateral con su histórico enemigo, los Estados Unidos, y flexibiliza sectores como la inversión extranjera y el emprendimiento privado –estrategias que no eran demasiado opcionales para una economía que en 2016 espera crecer solo un 1%–, el poder se mantiene firme en su control sobre las comunicaciones.

Así, mientras el gobierno cubano está dejando espacio a que los llamados cuentapropistas abran restaurantes, los periodistas independientes, por ejemplo, siguen sin poder fundar nuevos medios de prensa con reconocimiento legal, y por lo tanto los cubanos no pueden acceder libremente a otras matrices de información diferentes a las de los medios de prensa oficiales.

Periódicos digitales independientes y de corte opositor como el propio 14yMedio, o sitios como Revolico (la tienda de productos y servicios online más grande de Cuba, radicada en España) están bloqueados en la isla. Los cubanos más intrépidos se las arreglan, sin embargo, para acceder a ellos desde proxys anónimos o VPN (redes virtuales privadas).

El consumo cultural alternativo en la isla también tiene su clímax en el llamado Paquete Semanal, “el internet de los desconectados”, que representa cientos de gigabytes circulando irregularmente en dispositivos USB, y que permite a los cubanos consumir tanto entretenimiento como noticias, de manera offline.

Ahora el supuesto uso de los llamados “filtros inteligentes” se une a una larga data de inconformidades con los servicios de Etecsa, que no solo incluyen mensajes “extraviados”, sino frecuentes colapsos de la red, una situación que se agrava durante fechas señaladas como los días de las madres y fin de año. Sin embargo, cada vez más cubanos activan líneas celulares con la empresa (hay más de tres millones de teléfonos móviles activos en Cuba), a falta de otra compañía. No son pocos los que piensan que si Etecsa tuviera competencia en la Isla, ya habría quebrado.

Bajo el mandato de Raúl Castro, la empresa comenzó a instalar en 2014 lo que hoy son menos de 200 puntos de conexión wifi en un país con casi un 30 % de penetración de Internet, una de las tasas más bajas e irregulares de Latinoamérica. Sin embargo, la inconformidad de los usuarios persiste, ya por la mala calidad de las prestaciones contra los altos precios por hora de conexión (2 CUC –unos 2 dólares por una hora–), ya por la manera informal y la escasa privacidad para hacer uso de un servicio solo disponible en parques públicos y aceras.


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