Améxica

Así cambió la frontera tras el 11 de septiembre

Entrar a Estados Unidos ya no fue lo mismo desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y las comunidades fronterizas lo notaron en su día a día.
10 Sep 2016 – 6:55 PM EDT


Hace justo quince años, mientras Nueva York, Washington DC y Pennsylvania vivían los peores ataques terroristas de la historia del país, algo también transformaría para siempre la frontera entre Estados Unidos y México.

A 2,600 millas del World Trade Center, Daniel Correa, actualmente un empleado público de 35 años, dice que los ataques del 11 de septiembre de 2001 cambiaron muchas cosas de su rutina transfronteriza entre Arizona, donde hace su vida, y Sonora, donde la hace su familia. Cruza como mínimo tres veces a la semana y se queja de cómo los controles afectan su día a día.



El 9/11 sale con facilidad en las conversaciones en Améxica, la región fronteriza entre Estados Unidos y México, que concentra más de 14 millones de habitantes y discurre por 1,989 millas (3,000km) de costa a costa. Hablamos con cuatro expertos para saber si los fronterizos tienen razón:

Más esperas para cruzar


Las puertas de entrada a Estados Unidos en la frontera sur estuvieron cerradas durante horas tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, y los cruces diarios se hicieron eternos en las semanas posteriores.

Miles de autos esperaban durante horas en los accesos desde Ciudad Juárez a El Paso. La media de cruce pasó allí de 45 minutos a tres horas en las semanas posteriores a los ataques. En San Ysidro, California, llegó a seis horas de espera.


Las imágenes de la frontera tras los ataques del 11 de septiembre de 2001

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Los agentes de aduanas y de inmigración se encontraban en alerta 1, lo que implicó inspecciones y cuestionarios más exhaustivos que nunca en toda la frontera. Los negocios en Tijuana, por ejemplo, dijeron que perdieron el 80% de sus ventas por la ausencia de turistas estadounidenses.

Con el tiempo se acabaron los récords, pero el mayor control de quién pasa y por qué pasa provocó que las esperas para cruzar formen parte del panorama diario en la frontera.

El profesor Joseph Nevins, autor de varias investigaciones en esta zona, habla de filas más largas desde el 9/11 y del efecto para los habitantes. “Estas medidas rompieron las comunidades que tienen una larga historia de estar conectadas de ambos lados de la frontera”, dijo a Univision Noticias.

Las medidas eran necesarias, dice Doris Meissner, que investiga en el Migration Policy Institute y dirigió el Servicio de Inmigración de Estados Unidos (USCIS) entre 1993 y 2000, justo antes de los ataques. Sin embargo, Meissner cree que se necesitan más infraestructuras y más accesos para facilitar la vida de los vecinos.

Solo a pie, en 2015, se registraron más de 40 millones de entradas por la frontera Sur. Y la percepción allí es que los tiempos de espera empeoraron o no mejoraron en los últimos cinco años, según una macroencuesta realizada la primavera de 2016 para Univision, el Dallas Morning News y Cronkite News, de la Universidad Estatal de Arizona.

La desconfianza en la inmigración


Los terroristas del 11 de septiembre entraron al país legalmente, con visas de turista, de negocios y uno incluso de estudiante, según una comprobación hecha por Politifact.

Varios estudios destacan que ese hecho desencadenó un vínculo directo entre inmigración y terrorismo. La profesora Guadalupe Correa-Cabrera, que da clases en Brownsville, a un cuarto de milla de la frontera, subraya:

“¿Por dónde dijeron los políticos que podían entrar los terroristas? Por la frontera, aunque no ha habido evidencia de que por allí entren personajes con relación con el terrorismo. Pero en el discurso público se modificó la percepción”.


El cambio de discurso fue marcado. Cinco días antes de los ataques terroristas, los presidentes de Estados Unidos y México, George W. Bush y Vicente Fox, hacían los primeros pasos para una reforma migratoria.

“Bush y Fox están de acuerdo en pactar un programa de trabajadores temporales y una solución al problema de los mexicanos indocumentados que trabajan y viven en EEUU”, escribía el 6 de septiembre de 2011 la agencia de noticias EFE desde la Casa Blanca.

Pero los atentados congelaron esta reforma (hasta hoy) y la inmigración pasó a ser un asunto de seguridad nacional. Así lo interpreta el investigador Joseph Nevins:

“Antes del 9/11, los asuntos migratorios dependían principalmente del Departamento de Justicia, y antes del Departamento de Trabajo. Inicialmente los inmigrantes fueron vistos como un asunto laboral, luego legal y actualmente son vistos en términos de seguridad”.


Un muro en el sur


Pero gran parte de los cambios llegaron en 2005, durante el segundo mandato de George W. Bush. “Entonces empieza el esfuerzo legislativo”, recuerda Adam Isacson, experto en seguridad regional en el think tank The Washington Office on Latin America (WOLA). “El dinero era para luchar contra el terrorismo, pero el esfuerzo fue sobre la inmigración”.

Se invertirían miles de millones de dólares en la frontera sur: en equipo y personal, sensores, radares, helicópteros, agentes… y lo que en la zona le llaman “el muro”. En realidad, son tramos de verja, valla metálica, alambres… entre los dos países.


Los primeros tramos de muro ya suman varias décadas, pero en 2006 el Congreso aprobó el Security Fence Act, una ley que mandaba construir casi 700 millas de separación entre Estados Unidos y México en los puntos de mayor concentración demográfica y de mayor número de cruces ilegales. Finalmente se construyeron 649 millas.

Todavía hoy se discute si realmente es efectivo un muro para combatir la inmigración ilegal y el narcotráfico, especialmente tras la propuesta electoral de Donald Trump de construirlo de costa a costa, en las 1,989 millas de frontera.

Más dureza contra los indocumentados


En realidad, el 11 de septiembre intensificó, con más recursos en el sur, esa dureza. Desde mediados de la década de 1990, bajo la administración del demócrata Bill Clinton, las operaciones en la frontera contra la inmigración clandestina fueron comunes y discurrieron en paralelo al aumento de migrantes mexicanos que trataban de entrar clandestinamente en Estados Unidos.

“El 9/11 fue un parteaguas (punto de inflexión)”, dice la investigadora Guadalupe Correa-Cabrera desde Brownsville, Texas. “Empieza con más fuerza la retórica para cerrar todo el acceso a Estados Unidos para los migrantes por cielo, por tierra, por mar”.

Entre 2002 y 2010, crecieron un 134% las deportaciones de personas en estado irregular en Estados Unidos y un 79% las detenciones de estos inmigrantes, según un recuento del Migration Policy Institute.


Gasto en seguridad nacional
La Casa Blanca y el Congreso incrementaron la aportación en un 183.6% entre 2002 y 2010
FUENTE: Migration Policy Institute | UNIVISION

Varios estudios apuntan que esta intensificación de recursos, llamada por algunos militarización de la frontera, fuerza a los inmigrantes indocumentados a buscar cruces más peligrosos y aumenta las muertes de estos migrantes a las puertas de Estados Unidos.

En esta lucha contra la inmigración ilegal, entraron también nuevos protagonistas: las autoridades locales y estatales, que a través de ordenanzas y leyes tomaron un rol en la verificación del estatus de los migrantes y su detención.

Eso pasa con claridad en Texas, donde la Legislatura ha destinado en los últimos años millones de dólares en enviar tropas estatales a la frontera, especialmente con la llegada reciente de miles de centroamericanos que huyen de la violencia en sus países. También en Arizona, donde se han desarrollado varias medidas estatales y locales para detectar a los indocumentados.

El nuevo departamento


En 2002, al cabo de un año largo de los atentados del 9/11, se creó un nuevo departamento en el gobierno estadounidense en una de las consideradas mayores reorganizaciones de la administración federal desde la Segunda Guerra Mundial: el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

Se centralizaron bajo un mismo techo 22 agencias federales, desde Aduanas hasta la Guardia Costera pasando por el Servicio Secreto. “Antes no había nadie a cargo de la seguridad nacional como misión”, dice el investigador Isacson. “Tuvo lógica unirlas todas bajo un solo (departamento)”.

¿Era necesario crear un nuevo departamento? Doris Meissner, que había liderado hasta 2000 el Servicio de Inmigración, no tiene ninguna duda de que sí. Ella, cuando estaba en el cargo, por ley no podía pedir información a agencias de inteligencia:

“Antes del 9/11, había preocupación de que el gobierno fuera como un gran hermano. Los agentes de inmigración querían tener acceso a información de inteligencia pero, por ley, no lo tenían permitido. Estaba prohibida la interconexión de esas bases de datos”


La interconexión de base de datos, las pruebas biométricas y la mayor seguridad en los aeropuertos fueron, según Meissner, grandes avances que dejó la tragedia del 9/11:

“Creo que la seguridad en las fronteras ha mejorado significativamente”.

Si usted vive en la frontera, puede contar su experiencia a Univision Noticias enviando un email a dbonmati@univision.net o por Twitter.



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