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Améxica

El ‘commute’ más lento del país

Los puentes entre México y Estados Unidos determinan el día a día de los habitantes de la frontera. Los tiempos de espera para pasar la aduana y el trato de los agentes generan las principales quejas.
16 Jul 2016 – 12:51 PM EDT

EL PASO, Texas. Alfonso Rodríguez ha sentido muchas veces que hacía el commute más largo y lento que uno podía imaginar. Para llegar a la florería donde trabaja, ha marcado récords de una hora y media para cruzar a pie los 500 metros (0.4 millas) del puente que separa Ciudad Juárez y El Paso. En auto, recuerda tiempos de hasta tres horas.

Este cajero de 24 años vive en México y trabaja en Estados Unidos. “Aquí es muy común llegar tarde al trabajo por culpa del cruce”, dice Rodríguez, que ha visto una mejora en su ruta al trabajo en las últimas semanas.

Quejarse por el cruce es común en Améxica, la región fronteriza entre Estados Unidos y México, que concentra más de 14 millones de habitantes y discurre por 1,989 millas de oeste a este.



De cada 100 habitantes en la zona fronteriza, 44 dicen que el tiempo que invierten para cruzar la frontera ha empeorado en los últimos cinco años, según una macroencuesta realizada de ambos lados para Univision, el Dallas Morning News y Cronkite News, de la Universidad Estatal de Arizona. Quienes dicen que la espera se acrecentó superan a quienes creen que se mantuvo (33%) y quienes sienten que se ha reducido el tiempo (15%).

En los últimos cinco años, ¿mejoró o empeoró la cantidad de tiempo que se tarda en cruzar la frontera?

MÉXICO

Sigue

igual

No sabe

4%

42%

Mejoró

15%

Empeoró

39%

ESTADOS UNIDOS

Empeoró

Sigue

igual

49%

23%

Mejoró

No sabe

15%

13%

En Nogales, Arizona, la mayoría de sus habitantes cree que empeoró el tiempo que tardan en cruzar la frontera.

EEUU

MÉXICO

Nogales

12

Mejoró

65

Empeoró

Sigue igual

17

0

10%

30%

50%

70%

MÉXICO

ESTADOS UNIDOS

Sigue

igual

No sabe

Empeoró

Sigue

igual

49%

4%

42%

23%

Mejoró

15%

Empeoró

Mejoró

No sabe

39%

15%

13%

En Nogales, Arizona, la mayoría de sus habitantes cree que empeoró el tiempo que tardan en cruzar la frontera.

12

Mejoró

EEUU

65

Empeoró

MÉXICO

Sigue igual

17

Nogales

0

10%

30%

50%

70%


Llevar el pasaporte en el bolsillo, pagar para cruzar el puente, esperar en fila y responder a un agente fronterizo es tan común en la frontera como ir a trabajar, comprar o visitar a la familia. Porque miles de personas necesitan cruzar las aduanas para llevar a cabo esa cotidianidad.

Cada día más de 680,000 personas entran a Estados Unidos desde México y Canadá por tierra, ya sea a pie, en automóvil o en autobús, según datos de la Patrulla Fronteriza. Solo andado, en 2015, se registraron más de 40 millones de entradas por la frontera Sur.

“Las ciudades fronterizas dependen de su conectividad con el otro lado para su economía, su sociedad y para conectara las familias”, dice Christopher Wilson, director adjunto del Mexico Center, que forma parte del think tank sobre relaciones internacionales Wilson Center.

Y sus habitantes son conscientes de eso. El 74% de los habitantes de la frontera dice que su localidad depende de la ciudad hermana en el otro país. Por países, 7 de cada 10 mexicanos lo afirman, mientras que en Estados Unidos lo creen 8 de cada 10.

Es una región en la que, a pesar de las verjas y los controles, se encuentran dos países y forman grandes áreas urbanas binacionales e interdependientes, como San Diego y Tijuana, Yuma y San Luis Colorado, Laredo y Nuevo Laredo, Brownsville y Matamoros. Y la zona más poblada de todas: Ciudad Juárez, en Chihuahua, y El Paso, en Texas.
El puente de Santa Fe, que conecta los centros de Juárez y El Paso, dibuja a primera hora un trajín constante de viandantes y vehículos.

Los encuestados que más se quejan por la espera viven en la frontera entre los estados de Arizona y Sonora, donde la mayoría dice que empeoró con el tiempo. El descontento se extiende también a los habitantes de San Ysidro, California; Nuevo Laredo, Tamaulipas, y también en Del Río y El Paso, ambas Texas.

Arturo Agalís corre a buscar el autobús que lo lleva a trabajar a una empresa de radiadores: “Tardo media hora para pasar la aduana”. Lo mismo que Lili Reyes, que va camino a la tienda de deportes en la que atiende cinco días a la semana. “Hasta una hora, o incluso más”, dice Rosa López, una estudiante de Relaciones Internacionales.

En el cruce entre Ciudad Juárez y El Paso, buena parte de los usuarios tiene pasaporte estadounidense o permiso de residencia, lo que les da acceso a filas más rápidas en la aduana y a menos preguntas de los agentes. Sin embargo, en tierra de frontera, existe un curioso permiso para entrar a Estados Unidos: las llaman visas láser, permiso de cruce, visas locales…

Se refieren a lo mismo. Permiten a los mexicanos que viven cerca de la frontera cruzar solamente a comprar o pasear, únicamente hasta unas decenas millas al norte de la frontera. En los puentes de acceso, es común encontrarse con mexicanos con ese permiso que, en realidad, trabajan ilegalmente como limpiadoras o jardineros. Y es común ver cómo los agentes fronterizos los someten a un aluvión de preguntas para que demuestren que solo van a comprar.

De México a Estados Unidos: mi cruce diario

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"¿Por qué está usted cruzando?"

Reportes del sindicato ACLU denuncian un “trato abusivo” por parte de algunos agentes debido a “uso de fuerza excesiva, abuso verbal, búsquedas desmesuradas e intimidación” que invadirían los derechos legales de quienes cruzan la frontera. Quejas de este tipo han llegado a ser oídas en el Congreso de Estados Unidos y la Patrulla Fronteriza ha alegado que son casos concretos e investigados.

En El Paso, dice Sara Ortega, de 27 años, que “unos son muy groseros y otros muy amables”, y que ella ha vivido casos en que agentes han preguntado que “por qué eres tan huevona, por qué no tienes dinero, por qué no trabajas”.

Todo alarga los tiempos de cruce. El problema, eso sí, se vive para pasar de México a Estados Unidos, y no viceversa, donde en la mayoría de casos los agentes ni identifican ni registran a quien entra a tierra mexicana. Y se sufre especialmente en los accesos en vehículo privado.

Una hora para atravesar un puente, dos y tres horas en casos extremos, en las que uno se entretiene mirando el Facebook, hablando por teléfono, cantando, hablando, comprándole bebida a alguno de los vendedores ambulantes que pasan entre los carros.

Solo en la última semana, algunos puentes para automóviles registraron medias de entre 30 y 50 minutos de retrasos, lo que implica que hubo momentos críticos en que las esperas superaron la hora. Algunos cruces en Calexico (California), El Paso y Eaglepass (Texas) acumularon los mayores promedios, según un monitoreo de Univision Noticias de la página web de la Patrulla Fronteriza.

Concretamente en El Paso, la apertura de nuevos accesos, el (aparente) aumento de agentes y vías de entrada rápida para permisos de residencia electrónicos han disminuido los tiempos de espera en las últimas semanas, según los peatones y conductores consultados.

“Las esperas largas e impredecibles incrementan el costo para los negocios, disuaden a la gente de cruzar a comprar a El Paso y crean inconvenientes para visitar a familiares y amigos”, dice por correo electrónico el congresista demócrata Beto O’Rourke, que representa los intereses de esta ciudad texana en Washington, DC.



Varios estudios hablan de un millonario impacto económico por cada minuto de retraso en la frontera. O’Rourke puso en marcha hace unas semanas una iniciativa en redes sociales para que los habitantes del área le dijeran cuánto tardan y cómo son tratados.

Bajo el hashtag #EPbridges, los internautas hablan de 20 minutos de espera, de 45, de 1 hora, de dos horas. Para algunos, el commute más largo que pueden imaginar.

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