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Salud

En medio del coronavuris, el hambre y la pobreza cobraron rostro en Honduras

Miles de hondureños se encuentran en una disyuntiva: luchar contra el contagio del coronavirus o contra el hambre. Ya suman a la fecha 110 casos de covid-19, más 3 muertes, y se emitieron medidas que confinan a la población a estar en casa. Sin embargo, centenares de personas han salido a las calles a protestar para que el gobierno les brinde comida a sus familias, porque no tienen qué comer.
29 Mar 2020 – 11:04 AM EDT
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Como en el resto de países latinoamericanos, el gobierno de Honduras decidió adoptar una serie de medidas drásticas para contrarrestar el avance del contagio de coronavirus, que van desde suspender labores en el sector público y privado y confinar a la población a permanecer en sus hogares; cerrar el tránsito de personas en las fronteras terrestres, aéreas y marítimas; suspender algunas garantías individuales consignadas en la Constitución de la República y hasta declarar toques de queda en el país.

Es esta última medida la que ha originado que centenares de hondureños se resistan a quedarse en sus casas. Solo en Tegucigalpa, en la última semana, se han registrado decenas de protestas de pobladores en barrios y colonias pobres de la ciudad. “No tenemos agua, no tenemos un trabajo, nuestros hijos tienen hambre. Tan siquiera una bolsita solidaria nos deberían venir a dejar”, decía a un medio local una mujer que formó parte de una protesta en la salida que de Tegucigalpa conduce al departamento de Olancho. “Ya tengo empeñado mi refrigerador”, “no nos vamos a morir de la enfermedad sino del hambre”, gritaban otras personas.

Mientras, en medio de la semana, los alrededores de las instalaciones del Comité Permanente de Contingencias (COPECO), la institución encargada de las acciones que realiza el gobierno hondureño en el marco de la crisis generada por el coronavirus, decenas de personas hicieron largas filas para pedir alimentos.

En el norte del país, específicamente en San Pedro Sula, un grupo de pobladores fue desalojado con bombas lacrimógenas de la toma de un tramo carretero que impedía el flujo vehicular. Pedían lo que centenares más: alimentos para mitigar el hambre.


La economía informal, la que más sufre

Durante la última década, Honduras ha mantenido en promedio un 60 por ciento de población viviendo en pobreza y un 40 por ciento en pobreza extrema. Los conocedores del tema, como el economista, Hugo Noé Pino dicen que esos porcentajes son el “resultado de una insuficiente dinámica inyectada en la economía hondureña para aumentar plazas de trabajo y llevar a una buena parte de la población a un trabajo decente, remunerado y con beneficios”.


La fuerza laboral de este país centroamericano mantiene al 70 por ciento de su población activa en el sector informal y eso hace que la crisis provocada por el covid-19 afecte más a quienes en el argot popular se les define como “los que viven y comen de lo que hacen a diario”.

Obeida Suyapa Orellana es una mujer de 49 años que durante más de 20 se ha ganado la vida vendiendo semillas de ayote seco, cacahuates y dulces en las calles de Tegucigalpa. El toque de queda ha evitado que se provea de la materia prima para su negocio, pero dice “gracias a Dios he podido conseguir mascarillas para venderlas en las calles y con eso ayudo a la gente a que se proteja”.


Su cuarto de alquiler se ubica a unos metros de un cementerio abandonado en el Barrio Sipile de Comayaguela. Paga 45 dólares al mes, que debe juntar con sus ventas diarias. “Sí, me doy cuenta del coronavirus pero no tengo quien me dé o me page el cuarto o la comida. Hay un miedo latente tanto en mi persona como en los demás vendedores pero somos de los que vivimos del día a día.

¿Cómo podemos atender la orden que está haciendo el gobierno, cómo podemos quedarnos en casa?, cuestionó.

Centenares más como Obeida, han salido a las calles obviando la ordenanza del gobierno porque buscan su sobrevivencia diaria. Muchos fueron arrestados por circular en las calles sin motivo alguno y fueron llevados a espacios abiertos en donde se les detuvo durante 24 horas, como castigo. Mientras tanto, decenas de policías vigilan los mercados populares de la capital, para evitar el ingreso de los vendedores y con ello la aglomeración de compradores.


Medidas a prueba

Para paliar la demanda de la población que vive en pobreza, desde el 25 de marzo el gobierno de Honduras, a través de brigadas compuestas por elementos de las Fuerzas Armadas, COPECO y dirigentes comunales, comenzó a repartir alimentos en barrios y colonias de Tegucigalpa.


La proyección es suministrar alimentos básicos por 30 días a 800 mil familias, con lo que esperan beneficiar a 3.2 millones de hondureños.

Operación Honduras Solidaria, la llama el gobierno. “Se entregarán los suministros de alimentos casa a casa, puerta a puerta. Por ello no es necesario que las familias salgan de su casa, los alimentos se entregaran en sus manos, en sus casas y de esa manera evitamos la aglomeración de personas”, dijo en cadena nacional el presidente Juan Orlando Hernández.


¿Sustentable?

El coronavirus expone, como pocas veces en la historia política, económica y social del país, los rostros de miles de hondureños que se han visibilizado más en números y en porcentajes. Es la primera vez que se atiende a este sector de la población con una medida que, según los consultados, pone a prueba la endeble economía del país y que deja en el aire la pregunta: ¿será sustentable la medida durante el tiempo que permanezca la crisis por el coronavirus en uno de los países más corruptos y pobres del continente americano?

Es una medida absolutamente necesaria y desgraciadamente tardía, que debió haberse adoptado mucho antes de que se anunciasen los toques de queda, dice el economista Francisco Saravia, quien al ser consultado por Univision, cuestionó que hayan sido las protestas continuadas de los ciudadanos, exponiéndose en las calles en un momento crítico de la expansión del virus, lo que detonó la medida por parte del gobierno.

Pino coincide con Saravia y agrega que el problema radica en que las políticas económicas en últimos años “han favorecido a las elites con exoneraciones fiscales, con una asignación presupuestaria no solo inadecuada sino también estimulada por la corrupción, contratos sobrevalorados, canonjías fiscales que hacen que Honduras sea uno de los países más desiguales en el hemisferio y a nivel internacional”.

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