Jenny Grisales recuerda que, a diferencia de otras veces que se presentaban a cobrar el dinero, en esta ocasión los hombres la encañonaron con una pistola apuntándole a la cabeza frente al mostrador de su tienda de abarrotes en Santander de Quilichao, una población al suroccidente de Colombia.
Aumentan las quejas contra un dentista colombiano que ofrece diseño de sonrisa a bajo costo
Denunciantes de Estados Unidos y América Latina cuentan cómo un sencillo tratamiento estético se convirtió en una pesadilla. Según ellos, el dentista Andrés Libreros aseguraba que había detectado supuestas enfermedades gravísimas de la boca para someterlos a costosas terapias con falsas promesa de devolver el dinero.
Le advirtieron que, si no cumplía con el pago, la matarían a ella y a su familia, explicó.
Los hombres eran cobradores de “gota a gota”, una modalidad extorsiva de préstamos en efectivo con tasas de interés exageradamente altas. Miles de colombianos lo utilizan en situaciones de urgencia económica.
La urgencia de Grisales era su hijo.
Ella y su marido, un conductor de transporte público, habían tenido que recurrir a los “gotereros” tras enterarse del costo de un tratamiento para salvar la vida de su hijo. El tratamiento lo había ordenado el odontólogo Andrés Libreros, de Cali, Colombia, una ciudad capital a unos 50 kilómetros de la población.

“El doctor Libreros nos dijo que Dylan tenía una gran infección en la boca que podría irse al cerebro y morirse”, comentó Grisales.
Dylan es su hijo de 21 años que visitó al dentista en mayo de 2026 tras perder un diente en un accidente de moto.
Ante la angustiosa noticia de la amenaza mortal de la infección, los parientes de Grisales en Colombia y Estados Unidos se movilizaron rápidamente. Rasparon sus ahorros, llenaron el cupo de tarjetas de crédito y pidieron préstamos a amigos cercanos.
Al final la cuenta salió en 56,000 dólares, de la cual Grisales todavía debe 10,000 a los prestamistas, explicó ella. Por el resto de la suma, sus parientes también continúan endeudados con amigos y bancos, explicó Luz Karime Gallego, una cuñada de Grisales que vive en Long Island, Estados Unidos.
Entre tanto los “gotereros” se siguen presentando armados en la tienda de abastos de Grisales a cobrar intereses de 400 dólares semanales, explicó ella
Grisales, quien ahora vende helados en la plaza del pueblo, compartió con el equipo periodístico un mensaje de voz suplicándole al dentista la devolución del dinero prometido.
“Estoy en una situación demasiado grave, están los gota a gota que me prestaron plata, los tengo encima”, explicó Grisales. “Tengo mil problemas encima, ya me quitaron el carro, me están amenazando, están amenazando a mi esposo, están amenazando a mi hijo”, agregó.
Libreros respondió con un mensaje de audio que conoció el equipo periodístico. Allí se le oye decir que debido a que una “universidad” que iba a hacer el pago estaba demorada, él mismo había sacado un préstamo personal para agilizar la devolución. Sin embargo, se tomaría unos días porque el banco le había bloqueado su cuenta (no explica el motivo) y había tenido que abrir una nueva.
El pago nunca llegó, señaló Grisales. Toda esta historia “era una mentira” agregó.
La suma facturada por Libreros incluyó un tratamiento con ozono gaseoso administrado al joven por la boca, los oídos y el recto según recibos enviados a N+Univision por la tía de Dylan en Estados Unidos. La ozonoterapia fue aplicada por un especialista para reducir la inflamación, según le explicó el dentista.

“Nunca he escuchado ese tipo de tratamiento ni sé cómo se usaría”, dijo Miguel Reyes, un odontólogo de Miami consultado por N+Univision.
Grisales y sus familiares sostienen que ellos nunca tuvieron una prueba definitiva del diagnóstico del absceso que ponía en riesgo la vida de Dylan.
Lo que sí saben es que no están solos en sus reclamos. Libreros está en medio de una ola de acusaciones judiciales de pacientes de diferentes partes del mundo que alegan que fueron estafados por él, quejas de violaciones a la ética profesional e investigaciones de la secretaría de Salud del Departamento del Valle.
En un especial de televisión, transmitido el domingo 20 de septiembre por la cadena N+Univision, periodistas de N+Univision Investiga y la revista Cambio de Colombia revelaron quejas desgarradoras de pacientes que se sienten víctimas de un calculado proceso de tácticas engañosas del dentista colombiano, según lo explicaron.
Hablaron de daños severos en sus dentaduras, de diagnósticos aterradores sin sustentación y de promesas incumplidas de reintegro del dinero.

“Cuando yo me di cuenta de todo, fue lo primero que le dije: ‘Quiero entender primero en qué situación te puso la vida para hacerle algo tan cruel y tan infame a una amiga”, recuerda Lina Guerrero que le dijo al dentista.
Guerrero es una esteticista de Miami de 41 años que sostiene que sufrió las secuelas de un temible diagnóstico del odontólogo para presionarla a que se sometiera a una de sus costosas terapias. Las secuelas fueron sicológicas y físicas, agregó.
En estos días está lidiando emocionalmente con la expectativa de perder dos dientes como consecuencia de unas carillas mal puestas por Libreros de quien fue compañera de estudios en Colombia. Ella cambió de carrera.
Los pacientes que hoy engrosan la lista de reclamaciones viajaban a Cali desde Florida, Georgia, Nueva York, Carolina del Norte, Nevada y Puerto Rico y de varias ciudades de Colombia. Muchos de ellos dicen que todavía están pagando las deudas a odontólogos que restauraron sus dentaduras.
Libreros afronta denuncias penales ante la fiscalía general de Colombia, el Tribunal de Ética Odontológica y la Secretaría de Salud de Cali a las cuales tuvieron acceso los periodistas.
El dentista se ha negado a responder un cuestionario enviado por el equipo de reporteros con preguntas sobre las quejas en su contra y su posición frente a las denuncias penales.
El precio anzuelo
Libreros, de 41 años, se hizo muy popular a nivel internacional promoviendo en redes sociales tratamientos de diseño de sonrisa a precios comparativamente mucho más económicos que en Estados Unidos. Un procedimiento de este tipo que en Nueva York o Los Ángeles podría costar más de 30 mil dólares, Libreros lo ofrecía en unos 5 mil, incluyendo hospedaje y transporte terrestre en Cali.

Para la mayoría de los pacientes entrevistados, además de las bajas tarifas, la página en Instagram del dentista los terminaba por convencer de hacer el viaje de salud a Cali.
Con una producción impecable y música pop estadounidense, la página despliega un mosaico de videos de pacientes celebrando su reluciente dentadura una vez terminaban las sesiones en el consultorio del dentista en Cali. Se les ve abrazarlo mientras que otros explican la gran transformación mirándose al espejo al borde las lágrimas.
Pero la alegría parece muy corta incluso para quienes ensalzaron al odontólogo.
El equipo periodístico escogió al azar uno de los videos en el que una paciente agradeció a Libreros en inglés el resultado de un diseño de sonrisa con carillas de porcelana.
“Estoy tan emocionada porque finalmente tengo la sonrisa que siempre quise”, decía en el reel María Alejandra Salas, una publicista a quien localizamos en Miami para conocer su opinión del resultado final del tratamiento.
Salas está decepcionada de Andrés Libreros, dijo. A las pocas semanas de la visita a Cali en mayo de 2025, explicó, las carillas empezaron a caerse. Sufría de sangrado en las encías, le salía pus y tenía mal aliento, explicó. Una parte del tratamiento lo había pagado con el video de promoción.

Ella dice que Libreros le ofreció nuevas carillas y unas inyecciones de membrana ósea. Pagó por ambas cosas por adelantado, pero el dentista nunca cumplió y ella tuvo que regresar a Estados Unidos, relató. En Miami debió someterse a un costoso tratamiento de restauración.
“Yo creo que hay algo mal en su cabeza, una cosa es engañar, que desafortunadamente es algo muy normal en nuestro país (Colombia), pero otra cosa es ponerse a jugar con la salud de la persona”, dijo Salas.
La publicista explicó que no ha logrado que Instagram retire el video de su promoción por el cual el dentista le dio un descuento.

Deborah Patoka, una diseñadora de interiores de 25 años residente en Estados Unidos, también posó en otro video agradeciendo el tratamiento. Hoy es parte de la creciente lista de pacientes inconformes que han presentado denuncias penales contra el dentista en Colombia por delitos de estafa agravada, falsedad en documento privado, lesiones personales, fraude procesal y ofrecimientos engañosos, según documentos conocidos por el equipo periodístico.
Las denuncias han sido presentadas en Bogotá y Cali. Una investigadora a cargo de los casos de Cali explicó que las pesquisas continúan. El Tribunal de Ética Odontológica de Cali informó a los periodistas que ha recibido varias quejas contra el dentista, pero no entregó más información argumentando que se requiere el permiso de los quejosos.
El cuestionario enviado por los periodistas a Libreros incluía preguntas sobre el caso de Jenny Grisales, la madre acosada por los cobros de los prestamistas. Después de la solicitud de entrevista, Libreros le envió a Grisales un mensaje en el que se comprometía a enviarle dinero. Grisales dijo que había recibido 100 dólares. El reintegro prometido por Libreros fue de 10,000 dólares. Desde entonces no ha recibido más pagos.
Primera táctica
De acuerdo con los pacientes y denuncias criminales en la justicia de Colombia, puso en práctica con éxito un procedimiento muy efectivo para ir envolviendo a sus clientes hasta lograr el desembolso de sumas inasequibles para la mayoría de ellos. Su táctica inicial es presentarse como un profesional erudito y con una actitud cálida.
“Es un encantador de serpientes. Se le puede decir maquiavélico”, dijo Patoka quien se sometió por segunda vez a un tratamiento de sonrisa que resultó en un “desastre”, dijo. “Es una persona que se presenta tímida, profesional, culta. La convicción en lo que te dice es cien por ciento. Él tiene la última palabra y antes de que tú tengas la pregunta, él tiene la respuesta”.
Como parte de su primera exposición de cordialidad, Libreros se encargaba él mismo de hacer videollamadas a las casas de los potenciales clientes promoviendo sus tratamientos y los descuentos de último momento. Los animaba recordándoles que el costo del hospedaje estaba incluido lo mismo que el transporte del aeropuerto al hotel y de allí al consultorio.
“Nos hizo videollamadas, nos explicaba las cosas como muy claras. Nos dio seguridad y confianza, sobre todo”, explicó María Rodríguez, una ama de casa uruguaya que vive en Charlotte, Carolina del Norte.

Ella convenció a su pareja, Gabriel Terra, un técnico en iluminación de eventos sociales, de que se sometiera al diseño de sonrisa luego de que Libreros le hizo un descuento de mil dólares por Black Friday. Terra, también uruguayo, tenía sus dientes ligeramente amarillos de tanto tomar mate, pero sanos, según explicó.
Durante la entrevista con N+Univision, cada vez que Terra recordaba su experiencia, rompía en llanto y pedía una pausa para explicar que se sentía muy afectado emocionalmente.
“Me viene esa angustia me viene de repente […] Perdonen. No sé cómo explicarlo”, dijo.
Según él, Libreros le dijo que tenía una infección que podría llegarle al cerebro y que le había destruido gran parte del hueso alrededor de la boca; le abrió dos agujeros en el paladar supuestamente para drenar la infección y le dejó los dientes “como los de un ratón” para ponerle carillas.
Terminó pagándole 20,200 dólares, una deuda que lo dejó al borde de la quiebra y le impidió celebrar los 15 años de su hija que llevaba planeando durante meses porque sus tarjetas estaban al máximo cupo.
Segunda táctica: diagnóstico explosivo
Una vez conquistada la confianza de los pacientes, el segundo paso de Libreros es sorprenderlos con diagnósticos de enfermedades gravísimas no sustentadas científicamente, dijeron varios de ellos. En el caso de Guerrero, la esteticista de Miami, Libreros le dijo que había probabilidades de que tuviera un cáncer en la boca o, en el mejor de los casos, que podría perder totalmente la dentadura.
Para imprimirle credibilidad al diagnóstico le envió un mensaje de voz en el que citó a una médica de nombre Tatiana, supuestamente especialista en cáncer.
“Ve mi Linis (Lina), acabo de salir de hablar con Tatiana, que es una médica que es especialista en cáncer”, se escucha decir a Libreros. “Ella me decía que está muy bien diagnosticado lo que hicimos, que hay una probabilidad; es que no te quería asustar, pero, bueno, pues sí, irte diciendo que hay una probabilidad de que esas células en algún momento evolucionen mal, o sea hacia un cáncer”, agregó.
De acuerdo con Guerrero, Tatiana es la doctora Tatiana Sosa, quien le administró un suero de vitamina C luego de que Libreros se la presentó. La médica le dijo al equipo periodístico que ella no es oncóloga y que nunca tuvo conversación alguna con Libreros relacionada con un posible cáncer de Guerrero.
Sosa, quien escuchó el mensaje de Libreros sorprendida, explicó que conoce al dentista desde hace varios años y que compartieron el mismo edificio de consultorios, pero que últimamente ha tenido “varios inconvenientes” por una deuda que se negaba a pagarle y por su falta de profesionalismo.
“Yo, en ningún momento le digo a él, como médica, nada, no tengo ni idea de qué células ni de qué nada”, dijo Sosa refiriéndose al caso de Guerrero. “Es un atrevido, ahí él asegura que soy experta en cáncer y yo soy experta en terapia regenerativa”.
Antes de enviarle el mensaje citando a Sosa, Libreros le anunció a Guerrero las probabilidades del cáncer con la advertencia: “Escucha sin asustarte, jaja”

Guerrero dijo que el dentista le aseguró que descubrió el terrible estado de su boca luego de tomar una muestra del tejido de una muela que le había extraído. El dentista le explicó que pidió un análisis de la biopsia a la Fundación Valle de Lili, un reconocido centro hospitalario de Cali.
El documento del examen de patología que el dentista le entregó a la paciente concluye que corría “un alto riesgo de pérdida dental y ósea en el maxilar superior e inferior”.
Sin embargo, hay serias dudas sobre la autenticidad del documento. La Fundación Valle del Lili, explicó a N+Univision Investiga que el examen no salió de ese centro hospitalario.
“Dicho documento no ha sido expedido por nuestra institución ni corresponde a los formatos institucionales utilizados”, escribió Camilo Andrés García Mendoza, representante legal de Valle del Lili.
García añadió que esa fundación no tiene ningún contrato con Libreros.

Guerrero explicó que, tras consultar con profesionales en Estados Unidos, descartaron indicios de cáncer, pero hallaron problemas serios producto del tratamiento de Libreros.
Dijo que, luego de enterarse del temible cuadro presentado por Libreros, cayó en una profunda depresión.
“Para mí era tan grave todo lo que había pasado que, por momentos, ni yo misma creía que eso era verdad. Me tocó psiquiatra. Y me empezaron ataques de pánico”, explicó ella.
Guerrero entregó a los periodistas un dictamen de una sicóloga que dice:
“A nivel emocional, la paciente presentó sentimientos intensos de humillación, culpa, vergüenza, desvalorización personal y pérdida de la confianza en sí misma, así como aislamiento social significativo”.
Daniela Petit, una administradora hotelera de Venezuela, también dice que recibió del odontólogo un diagnóstico de un posible cáncer. Ocurrió durante su visita a Cali en octubre de 2025.
“Al día siguiente me mandan a hacer radiografías, él me llama y me dice que, lamentablemente, la situación es sumamente delicada, que yo puedo tener hasta cáncer”, explicó Petit, quien había acudido al consultorio para un reemplazo de prótesis dental y la colocación de carillas en la dentadura inferior.
El diagnóstico del posible cáncer surgió de una supuesta mancha negra que el dentista descubrió en una radiografía, agregó la paciente
Al principio, todo había sido muy armonioso, según ella. En una videollamada, Libreros le dijo que su caso “era sencillo de solucionar” y costaría solo 4,500 dólares.

La debacle con el dentista desencadenó una crisis sicológica que aún sufre, dijo. Durante su visita a Cali en octubre de 2025, Libreros le informó que prácticamente no tenía hueso y que, por tal razón, los implantes podrían desprenderse en cualquier momento, alega una denuncia criminal ante la fiscalía.
“Estas afirmaciones generaron en la señora Daniela María Petit un profundo estado de temor, angustia y pánico al punto de pensar que podía morir o quedarse sin dientes”, agrega la denuncia.
Ante semejante panorama, afirma el alegato, la paciente pagó 27,000 dólares por el tratamiento de emergencia que le planteó el dentista. La denuncia sostiene que después del tratamiento, Petit comenzó a presentar infecciones, sangrado persistente en las encías y sensibilidad dental constante.
Con ocasión de estas intervenciones, agrega el documento legal, Petit “descubrió que varios de los procedimientos cobrados aparentemente no fueron realizados, específicamente la colocación de la malla ósea, el reforzamiento de hueso y dos implantes secundarios que no aparecen reflejados en las radiografías que se realizó posteriormente”.
Los odontólogos que la examinaron después no encontraron ningún rastro cancerígeno, explicó Petit.
“Aparte de jugar con mi salud, él me manipuló”, comentó Petit, quien debió acudir a un dentista en Venezuela para empezar de nuevo el tratamiento.
Otra de las denuncias criminales contra Libreros ante la fiscalía de Colombia sostiene que la paciente Andrea Solange Gutiérrez también fue objeto de “diagnósticos progresivamente alarmistas y extremadamente graves” que incluían la presencia de “hueso arenoso” y “paladar partido”.
Táctica tres
Luego de convencer a los pacientes de las probabilidades de cáncer, infecciones masivas y pérdida de hueso, Libreros se presenta con un menú de terapias mucho más caras que el tratamiento estético original, según lo explicaron algunos de ellos.
En el menú nunca dejan de faltar “inyecciones de hueso”, un tratamiento desconocido en Estados Unidos, según lo explicó el odontólogo de Miami Miguel Reyes. De acuerdo con los pacientes, Libreros cobraba por lo menos 300 dólares por cada inyección de hueso.
Guerrero, la esteticista de Miami, alega en una de las demandas que pagó 3,200 dólares por inyecciones con un medicamento llamado Prolia que está indicado exclusivamente para el tratamiento de la osteoporosis en mujeres posmenopáusicas.
Según Reyes, el hueso de humano o de cerdo se usa en la profesión, pero en presentación granulada para rellenar o aumentar el volumen de los huesos maxilar o mandibular.
“No reconozco ningún tratamiento de ese estilo para ayudar a sanar más rápido la boca”, indicó Reyes.
Alfredo Carbonell es un conductor de Uber de la Florida que, entusiasmado con un diseño de sonrisa que Libreros le hizo a una conocida suya, organizó dos viajes de salud a Cali con familiares y amigos de Estados Unidos, ilusionados con los precios económicos del dentista colombiano.
Hoy Carbonell está rabiosamente arrepentido, dijo.
Según su relato, el dentista le dijo a su suegro octogenario que antes de ponerle carillas debía hacerse el tratamiento de conductos en 11 dientes porque “los tenía muy malos”.
Carbonell dijo que le preguntó extrañado al dentista si esa intervención no requería más tiempo del que tenían planeado quedarse en Cali con su suegro.
El dentista dijo que con su técnica lo podía hacer.
“Es que aquí la tecnología está más avanzada que la de Estados Unidos”, recuerda Carbonell que respondió Libreros.
El suegro aceptó el tratamiento, a 150 dólares por cada conducto, pero al llegar a Estados Unidos un odontólogo le indicó que ningún diente había sido intervenido, señaló Carbonell.
“Le había puesto anestesia, nada más”, agregó.
El suegro terminó pagando 7,000 dólares a Libreros por los canales y las carillas y otros 7,000 por los arreglos de restauración en Estados Unidos, dijo Carbonell.
Casi todos los integrantes del grupo, incluyendo la esposa de Carbonell, tuvieron que visitar a sus dentistas por la pérdida de carillas.
“Un odontólogo de Barranquilla nos arregló toda la basura que el señor nos hizo”, explicó Carbonell.
Sumando los pagos a Libreros y en Barraquilla al odontólogo que hizo los arreglos, más viajes y hospedajes de él y su esposa, Carbonell terminó gastando de su bolsillo 19,200 dólares. El conductor de Uber compartió con N+Univision algunas de las transacciones de pago enviadas a una cuenta Libreros.
Cuarto movimiento
Varios pacientes entrevistados coinciden en que cedieron a los cobros de Libreros por tratamientos urgentes porque en ese momento de angustia y desesperación el dentista les prometió que se los reintegraría casi en su totalidad.
Para convencerlos de que se trataba de métodos confiables de devolución Libreros utilizaba varias coartadas, dijeron. Una de ellas era que la Universidad del Valle en Cali asumiría los pagos gracias a que el caso del paciente había suscitado un interés académico en la escuela de odontología o porque él era profesor de esa facultad.
Ninguna de esas historias era cierta, según lo informaron voceros de la universidad a N+Univision.
“El señor no es egresado de la Universidad del Valle. No es profesor de la Escuela de odontología”, escribió Diego A. Guerrero coordinador de relaciones con los medios de ese centro estudiantil. “Al no tener ningún vínculo (ni como docente, estudiante o investigador) no hay tampoco ese beneficio”, agregó.
Guerrero se refería al beneficio del pago de tratamientos.
De acuerdo con Petit, la paciente que se unió a las denuncias contra Libreros, el dentista también la embaucó con la historia del pago de la universidad que nunca recibió.
En otros casos Libreros prometió la devolución del dinero a través de una empresa que haría la transferencia a la tarjeta de crédito del paciente o su cuenta bancaria.
Afirma la denuncia penal que el dentista explicaba que dicha empresa “funcionaba como una especie de aseguradora o sistema de garantía” pero los periodistas establecieron que la firma es una plataforma de pago no una compañía de seguros.
Creyendo en este método, Jacqueline Isa Patoka, madre de Deborah, pagó 11,500 de su tarjeta de crédito. Hasta ahora no ha recibido devolución alguna, alega la denuncia.

Ante los reclamos de los pacientes por no haber recibido los reintegros o por tratamientos pendientes, Libreros desarrolló una larga colección de pretextos. En sus mensajes verbales y escritos enviados al paciente se disculpa porque ha tenido que llevar a urgencias a su madre o a su hijo menor (del cual envía foto), cortes de agua y luz en el edificio donde está ubicado su consultorio, clases de la universidad y visitas de la secretaría de Salud.
Hiomary Alzate, paciente de Libreros en Cali, hizo un largo relato a los periodistas de cómo el dentista la mantuvo a la espera durante 18 meses de un tratamiento que ella había pagado previamente. Alzate compartió con los reporteros 54 páginas de mensajes de texto y verbales en los que el dentista asegura que está a punto de devolverle el dinero, incluso dando la dirección del banco desde donde supuestamente está ordenando el giro. Al final no lo recibió, dijo.
En uno de los mensajes, Alzate le envió la foto de su deteriorada dentadura y le escribió:
“Y mire usted cómo me dejó. Todo el tiempo con tapabocas y totalmente deprimida. Mis vecinos siempre me preguntan qué por qué mantengo con tapabocas, me dicen que si es que mantengo enferma. Y yo llegué en noviembre del 2024 con la ilusión de que iba a salir con unos dientes bonitos. Y me dejaste hecha un desastre”.
Margarita Rabín, Fernanda Valdivia e Ingrid Rojas, contribuyeron con este reportaje









