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Este hispano cuenta cómo cambiar de carrera cuando estás en la universidad no debe implicar una pérdida de tiempo

El venezolano Oscar Larraza, de 21 años, comenzó a estudiar ingeniería en Johns Hopkins University siguiendo la tradición familiar. Pero luego de cursar el primer año se dio cuenta que el cálculo no le apasionaba. Tras inscribirse en la materia 'El cerebro y la sicología del pensamiento' sintió que debía cambiar su rumbo y ahora estudia Neurociencia. Para él, los consejeros universitarios fueron clave para aclarar sus dudas y estar seguro de su decisión.
18 Dic 2017 – 09:52 AM EST

Siempre he sabido que quiero ser médico, pero en Estados Unidos uno debe tener un diploma que le permita reunir los requisitos necesarios antes de comenzar la escuela de medicina: para mí fue difícil decidir cuál sería esa carrera.

En décimo grado de high school comenzó mi gusto por la química. Ese año tomé esa clase con una maestra que me pareció sensacional y pasé todo el año enamorado de la materia. En el año doce de la escuela terminé siendo presidente del club de química y ayudaba a la profesora en las clases. Así que, como me gusta mucho la química y mi papá y hermano son ingenieros, pensé que podía estudiar Ingeniería Química.

Mi padre es ingeniero industrial y toda la vida lo escuché hablar del trabajo que tuvo cuando vivíamos en Venezuela, en la Electricidad de Caracas. Además, cuando mi hermano empezó a estudiar Ingeniería me hablaba mucho de las materias que veía y pensé que a mi también me interesaban. La ingeniería era lo que yo más conocía.

Así que en 2015 comencé el primer semestre de Ingeniería en Johns Hopkins University, en la que recibí una beca que me cubre todo. No me fue mal, pero cuando empecé a tomar clases de Matemáticas me di cuenta que no me gustaba para nada. Todo lo encontraba aburrido, estaba desinteresado en todo lo que me enseñaban. Física y Química no me molestaban, pero no me cuadraba Cálculo y Álgebra.

Al principio del segundo semestre tomé una clase que se llamaba 'El cerebro y la sicología del pensamiento' y al terminarla me di cuenta que eso era realmente lo que me interesaba, y que debía hacer algo al respecto.


Un cambio en el momento oportuno


Pensé en cambiarme a Neurociencia, pero recuerdo que al principio la idea me resultaba estresante. Creía que los estudiantes de esa carrera iban a estar más adelantados que yo y, además, pensaba que lo que ellos ya habían aprendido y yo no me iba a afectar los estudios. Pero la verdad me acostumbré rápido porque conté con la ayuda de dos amigas que me ayudaron a ponerme al día.

En busca de la carrera adecuada

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Otra cosa que me preocupaba mucho era que yo me quería graduar en cuatro años y, hasta ese momento, no sabía que lo podía hacer en ese mismo tiempo incluso si me cambiaba de carrera. Eso me lo explicaron los consejeros de la universidad, a los cuales tuve que recurrir en medio de las dudas que tuve.
Ellos me aclararon que las clases que había tomado me servían para los créditos generales que necesito para graduarme, y que otras materias me servirían para los créditos específicos de la nueva carrera.
Resulta que muchas profesiones, sobretodo las que son científicas, tienen mucho en común. Entonces, a uno le toca estudiar materias que sirven para varias carreras al mismo tiempo. En mi caso, por ejemplo, estudié Física y Química que también las cursan los de Neurociencia. Como valen para los dos currículos no pasó nada cuando me cambié. Entonces el estrés que tenía me duró solo tres semanas.


Familia y consejeros para consolidar la decisión


Siento que haber hablado con los consejeros de la universidad fue determinante para mi decisión. Ellos me brindaron la orientación que necesitaba y me ayudaron en el proceso. Por eso yo recomendaría a un estudiante que tenga dudas sobre la carrera que está estudiando conseguir uno rápido, porque ellos siempre están dispuesto a ayudar, sobretodo porque saben que muy pocos niños están realmente claros si les gusta la carrera con la que entraron en la universidad.

Para mi los consejeros son algo fenomenal que tiene el sistema universitario estadounidense y hay que aprovecharlos. Si van con ellos con la intención de cambiarse, no habrá nadie mejor para explicarles qué hacer.

Mi familia también me apoyó mucho. Cuando le comenté a mi padre que no seguiría estudiando Ingeniería no tuvo ningún problema en aceptarlo. Me dijo que siempre había sabido que yo no iba a ser ingeniero porque nunca mostré tanto amor por las matemáticas y por la física como él y mi hermano. Sin embargo, tanto él como mi madre habían respetado mi decisión sin influir en ella.


Basado en mi experiencia siento que dar un cambio a tiempo es muy importante porque así seas la persona más inteligente del mundo si una materia no te gusta, por mucho que la estudies, no te vas a sentir bien. Uno debe estar seguro que le interesa lo que estudia para poder seguir adelante.

Un nuevo escalón para llegar a la meta

Como ya estoy en tercer año y mi meta es estudiar Medicina me toca prepararme muy bien. Tal como cuando estaba en high school, tengo que reunir buenas notas y ser un miembro activo en la comunidad.

Pero además me toca presentar The Medical College Admission Test (MCAT, por sus siglas en inglés) que obviamente es muy difícil porque preguntan de todo: química, física, ética de la medicina, psicología, entre otras cosas. Por eso me pondré a estudiar desde ya para poderlo presentar en agosto de 2018 y salir bien. Me encantaría seguir estudiando en la misma universidad.

Sé que es un trabajo duro, pero voy a esforzarme mucho porque por ser inmigrantes no debemos limitarnos. Ser diferentes al americano no significa que nuestro potencial es distinto al de ellos.

Katiuska Silva realizó la entrevista y el trabajo de edición de esta historia.


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