Las condiciones actuales en el océano Pacífico han elevado la atención de la comunidad científica ante la posibilidad de un episodio de El Niño particularmente intenso a partir de 2026. De acuerdo con proyecciones del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ( NOAA, por sus siglas en inglés), existe un escenario con alta probabilidad de desarrollo del fenómeno entre mayo y julio de 2026, con un 82%, además de una probabilidad del 96% de que se mantenga durante el invierno de 2026-2027.
Arizona podría enfrentar cambios climáticos extremos por el “Super El Niño” en 2026 y 2027: científicos emiten alerta urgente
A pesar de los antecedentes históricos, los especialistas insisten en que no todos los fenómenos climatológicos de este tipo se comportan de la misma manera; por ello, aunque la probabilidad de un evento intenso es elevada, subrayan que aún es necesario observar cómo evoluciona en los próximos meses
Este nivel de persistencia ha llevado a los modelos climáticos a considerar incluso la posibilidad de un evento catalogado como “Super El Niño”, una categoría reservada para los episodios más intensos registrados en la historia moderna. Estos fenómenos se asemejan a los ocurridos en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, que alteraron significativamente los patrones climáticos a escala global.
Señales en el Pacífico y un posible evento extremo
Los análisis más recientes apuntan a que la s anomalías en la temperatura del océano podrían alcanzar hasta tres grados Celsius por encima del promedio, un umbral asociado con impactos climáticos severos. Este tipo de calentamiento sostenido en el Pacífico ecuatorial oriental es lo que define la intensidad de El Niño, y su evolución depende en gran medida del comportamiento de los vientos alisios y la interacción entre la atmósfera y el océano.
El climatólogo de la Universidad de Arizona, Michael Crimmins, explicó que la clave está en el contraste térmico del Pacífico: cuando la región monitoreada presenta temperaturas inusualmente altas, se trata de El Niño, mientras que el enfriamiento corresponde a La Niña. Este equilibrio es el que determina gran parte de los cambios climáticos globales.
De El Niño a “Super El Niño”: la diferencia clave
La intensidad es el factor que separa a un El Niño convencional de un evento extremo. En términos generales, un El Niño estándar ocurre cuando la temperatura superficial del mar se eleva entre 0.5 y 1.5 grados Celsius por encima del promedio. Estos episodios suelen provocar alteraciones climáticas importantes, aunque relativamente dentro de patrones más predecibles.
Sin embargo, cuando el calentamiento supera los tres grados Celsius, se entra en la categoría de “Super El Niño”, un escenario que puede desencadenar fenómenos más extremos y menos previsibles, como sequías severas, tormentas inusuales y registros de temperatura récord en distintas regiones del mundo. Según estimaciones de modelos climáticos internacionales, las condiciones actuales podrían acercarse a ese umbral, lo que aumenta la preocupación científica.
Impactos esperados en Arizona y el suroeste
En el suroeste de Estados Unidos, particularmente en Arizona, El Niño suele modificar de forma significativa los patrones de lluvia y tormentas. En eventos intensos, la región puede experimentar inviernos más húmedos, mayor actividad de tormentas eléctricas y un aumento del riesgo de inundaciones repentinas. Este cambio resulta especialmente relevante en zonas desérticas, donde pequeñas variaciones en la humedad pueden transformar drásticamente las condiciones climáticas estacionales.
En este contexto, las autoridades y científicos observan con atención el comportamiento del sistema climático, ya que el estado podría pasar de condiciones secas persistentes a un periodo de mayor inestabilidad atmosférica.
El panorama regional añade un componente de vulnerabilidad. En distintas zonas del oeste de Estados Unidos se han registrado inviernos inusualmente secos, con baja acumulación de nieve en regiones como Colorado y Utah, lo que ha afectado la disponibilidad de agua del río Colorado y provocado restricciones en algunos estados.
En Arizona, los bosques del norte han sido particularmente afectados por la sequía, lo que incrementa el riesgo de incendios forestales durante la temporada. Este contexto hace que cualquier cambio en los patrones de lluvia cobre mayor relevancia, especialmente si El Niño intensifica las precipitaciones o altera su distribución.
Monzón y comportamiento impredecible de las lluvias
El comportamiento del monzón en Arizona también podría verse influido por este fenómeno, aunque los expertos advierten que su impacto no es completamente predecible. En algunos escenarios, El Niño puede asociarse con lluvias por debajo del promedio durante el verano, especialmente en el centro del estado, aunque las condiciones actuales sugieren la posibilidad de precipitaciones superiores a lo normal debido a factores adicionales como la actividad tropical en el Pacífico oriental.
El meteorólogo del servicio en Phoenix, Ryan Worley, ha señalado que la interacción entre estos sistemas puede generar resultados variables, como ocurrió en eventos pasados donde las lluvias llegaron de forma anticipada o se retrasaron significativamente.
Un fenómeno que no sigue un patrón fijo
A pesar de los antecedentes históricos, los especialistas insisten en que no todos los eventos de El Niño se comportan de la misma manera. Incluso con modelos avanzados, la evolución del fenómeno depende de múltiples factores atmosféricos y oceánicos que pueden alterar su impacto final en cada región.
Por ello, aunque la probabilidad de un evento intenso es elevada, los científicos subrayan que aún es necesario observar cómo evolucionan las condiciones en los próximos meses.
Con una probabilidad creciente de desarrollo y persistencia del fenómeno, el debate científico ya no se centra únicamente en su llegada, sino en su intensidad y sus consecuencias. En este contexto, la posibilidad de un “Super El Niño” entre 2026 y 2027 coloca a regiones como Arizona ante un escenario potencial de transformación climática temporal, donde la gestión del agua, la prevención de incendios y la preparación ante lluvias intensas podrían volverse factores decisivos en los próximos años.






