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Inmigración Infantil

Niños inmigrantes solos en la corte: esto es lo que sucede cuando EEUU trata de deportar a menores de edad

No se permiten cámaras en la corte de inmigración. El público estadounidense rara vez ve lo que se siente cuando un niño no acompañado se enfrenta a audiencias de deportación. Si ha visto imágenes de la vida real, es probable que sean representaciones. Univision 41 Investiga contrató a dibujantes para capturar la escena en Nueva York.
1 Nov 2019 – 07:12 PM EDT

La pequeña niña de 8 años, Madelin, sonrió cuando su nombre fue llamado en la corte de inmigración en el Bajo Manhattan. Las cuatro colitas de su cabello se movían de lado a lado mientras se dirigía a la silla de madera, ante la jueza.

Todo en la sala del tribunal es más grande que Madelin: la traductora susurrándole al oído, el abogado del gobierno tratando de forzarla a regresar a Honduras, la bandera estadounidense detrás del tribunal.

Estaba sola, y así seguiría siendo. Debido a la burocracia del gobierno federal, Madelin continuaría sola en el albergue de Rising Ground en Yonkers, a pesar de que su tía estaba a unas pocas millas de distancia, a través de las líneas estatales en Connecticut.

La mañana del 16 de abril de 2019 fue como cualquier otra "audiencia de la UAC" en el 26 de Federal Plaza, donde docenas de "niños extranjeros no acompañados" son trasladados desde refugios cercanos cada mes para enfrentar una posible deportación. El proceso administrativo es usualmente tranquilo, típicamente rápido y siempre fuera del ojo del público en general.

Eso es porque no se permiten cámaras en la corte de inmigración. El público estadounidense raramente ve lo que se siente cuando un niño sin adulto - cuyos pies a menudo ni siquiera llegan al suelo - se enfrenta a una compleja audiencia de deportación. Si ha visto imágenes que parecen actuales, es probable que sean representaciones.

Por eso, Univision 41 Investiga contrató a las dibujantes Andrea y Shirley Shepard para capturar la escena en dos salas de audiencia.

Estas escenas continuarán pasando con mayor frecuencia en los tribunales de todo el país. Esta semana, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) anunció que un número récord de niños migrantes sin la compañía de adultos han sido detenidos mientras cruzaban la frontera de Estados Unidos con México. Entre octubre de 2018 y septiembre de 2019 se detuvo a 76.020 niños, según datos publicados por el CBP.

El gobierno paga a abogados sin fines de lucro que defienden a niños como Nayeli, de 12 años, quien escapó de la violencia en Guatemala. Un abogado de la organización Caridades Católicas la representó en el tribunal ese día, explicándole a la jueza que estaba detenida en el refugio de Cayuga en Nueva York, a pesar de que su tía estaba al otro lado del río Hudson en Nueva Jersey. El proceso de unificación se estaba demorando porque el gobierno aún no había procesado las huellas dactilares de la tía para asegurar que Nayeli terminará en un hogar seguro.

A veces, los niños terminan en extremos opuestos del país a sus padres, aparentemente sin razón. El niño más pequeño en la corte ese día fue Kleibert, un niño de 5 años de Guatemala cuyos pies colgaban de la silla de madera en la sala de la jueza Helen Sichel. Su madre estaba a 4.000 millas de distancia en California, y su abogado indicó que el proceso de reunificación estaba todavía en sus primeras etapas. Probablemente pasarían meses antes de que pudiera reunirse con ella.

“Es un desastre,” dijo la Dra. Luz Townshend Miranda, una psicóloga infantil de Manhattan que frecuentemente testifica en casos familiares y penales de Nueva York. “Ese trauma, especialmente para los niños, es uno que puede impactarlos por el resto de sus vidas. Mientras más joven sea el niño, más trauma va a sufrir. Y es un trauma y daño permanente que le están haciendo a estos niños”.

“Yo sé que dentro de la comunidad latina los padres tienden a no creer en terapia. Pero niños que han sido separados han sido traumatizados”, dijo ella. “Es clave que los padres busquen terapia que este enfocada en trauma para sus hijos para poder ayudarlos a procesar lo que les ha pasado, para que ellos se puedan ajustar y poder regresar a un nivel de normalidad”.

Y mientras que los traductores pagados por el gobierno están fácilmente disponibles para los niños que sólo entienden español, es más raro encontrar a los que hablan la lengua indígena maya Q'eqchi. Como fue el caso de Víctor, un adolescente de Guatemala, que compareció ante la jueza Jem Sponzo ese martes por la mañana. Se quedó en un albergue local y no había encontrado un padrino que lo patrocinara. No está claro si su cuñado en Florida se negó patrocinarlo o fue rechazado por las autoridades federales, de igual forma Víctor corre el riesgo de ser arrestado por agentes de ICE y ser enviado a una cárcel local el día que cumpla 18 años – porque adultos no califican para el programa de albergues en los Estados Unidos.

Otra razón por la que los niños inmigrantes siguen compareciendo solos ante los tribunales es que el gobierno de los Estados Unidos sigue separando a las familias migrantes cuando cruzan la frontera en busca de refugio. Aunque un juez federal ordenó a la administración del Presidente Trump que detuviera las separaciones en junio de 2018, el gobierno continúa separando a las familias si los padres parecen tener un historial criminal o un apellido diferente al del niño.

Fue una demanda de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), una organización sin fines de lucro, lo que llevó a la orden judicial de ese juez a nivel nacional. Esta batalla legal continúa porque la ACLU afirma que la administración de Trump está separando a los niños bajo circunstancias cuestionables.

Un ejemplo claro fue detallado en el caso de la corte presentados el verano pasado. Michelle Lapointe, abogada principal del Proyecto de Justicia para Inmigrantes del Southern Poverty Law Center en Georgia, contó la historia de su cliente: un hombre que fue separado de su hija de tres años en la frontera de Texas en marzo. Aunque su nombre no aparece en el certificado de nacimiento de la hija, el padre trajo dos documentos notarizados en Honduras que prueban que él era su padre y guardián legal con la aprobación de la madre. Los oficiales de inmigración ignoraron sus súplicas para que les hicieran una prueba de ADN, lo trasladaron a una cárcel en Mississippi, y mandaron a la niña a un albergue acá en Nueva York.

No se hablaron durante dos meses. En un foster home o hogar de acogida menores, otro niño obligó a la niña a tocarle los genitales y a besarlo. Debido a este trauma, la niña retrocedió en su aprendizaje para usar al baño por su cuenta, y ella comenzó a tener dificultades para masticar y beber adecuadamente, según Lapointe. Cuando el padre pudo finalmente comunicarse con su hija por teléfono en mayo, la niña le gritó repetidamente y dijo que estaba enojada con él. Después de meses en custodia, cada uno de ellos eligió deportarse y ahora viven de vuelta en Honduras.

Según la ACLU, la administración de Trump reveló la semana pasada en documentos judiciales que había separado a 1.556 familias más de las que se conocían anteriormente, lo que eleva el número total a casi 5.500 familias.

Debido a que la administración de Trump sigue separando a las familias aun después de la orden del juez, más de 300 niños han terminado en el área de la ciudad de Nueva York, según el abogado Anthony Enriquez, Director del Programa de Menores Sin Adultos de Caridades Católicas. Sus abogados en la Arquidiócesis de Nueva York representan a docenas de niños a la vez. La semana pasada, el número se situaba por encima de 20.

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