Masacre en Orlando

Brooklyn celebra la vida de Enrique Ríos, "un hombre que vivió para dar"

Cerca de 200 personas acudieron al servicio religioso en memoria del puertorriqueño, víctima de la masacre en Orlando.
22 Jun 2016 – 11:19 PM EDT

BROOKLYN, Nueva York.- La ceremonia religiosa para despedir a Enrique Ríos, una de las 49 víctimas de la masacre del 12 de junio en Orlando, fue una celebración por la generosidad, amor y servicio que ofreció a la comunidad de Brooklyn.

"Él nos hubiera hecho bailar salsa ahora mismo. Enrique jamás permitiría un adiós con lágrimas y lamentos", dijo Julieta García, amiga de la familia y quien conoció a Ríos desde los siete años. "Él era de esas personas que bailarían en su propio funeral. Contagiar alegría era su don".

El martes, los amigos y familiares de Enrique Ríos, de 25 años, vestían de morado, que según dijeron era su color favorito. Algunos portaban camisetas con su fotografía. Otros, como Marlene Pratts, su vecina en el complejo de vivienda pública Borinquen Plaza, lucían un botón con su imagen y coloridos listones cerca del corazón.

"Enrique vivió para dar. Se entregó a los niños y ancianos, y lo recordaremos por eso", dijo Pratts. "Nos enseñó amor, y aunque murió por el odio, su pasión por servir a otros nos seguirá llenando".

EN PRIVADO LA DESPEDIDA

Por petición de la familia inmediata, los ugieres no permitieron la entrada de los periodistas al templo. Afuera, sin embargo, otros familiares y amigos quisieron testificar sobre el hermoso ser humano que se marchó antes de tiempo.

Una de ellas fue su abuela, María Pérez, quien mientras empujaba su silla de ruedas, expresó: "Mi niño se fue, el Señor lo llamó a su lado... Lo extrañaré hasta mi último día en el mundo".

También lo echará de menos Julieta García, quien destacó que su amigo "hacía un mangú delicioso. Todos nos chupamos los dedos en las fiestas familiares", dijo con el rostro bañado en lágrimas.

"Me debe un flan. Me prometió un flan y algún día en el cielo me lo dará", recordó antes de entrar a la iglesia bautista Greater Free Baptist Church, en la que su amigo fue maestro de escuela bíblica y donde se realizó la ceremonia de despedida comunitaria, a la que acudieron unas 200 personas.



A la entrada del templo, en la calle Stockton, destacaba una bandera LGBTQ hecha con flores y un "collage" con las fotos de Enrique conviviendo con su familia, los niños de la iglesia y la feligresía.

"Él siempre sonreía, siempre. Nunca lo vimos triste o serio", dijo Curvette Bruno, miembro de la congregación. "Trataba tan bien a los niños. Era tan paciente y amoroso. Los padres lo querían tanto".

Durante el servicio religioso en su memoria, que comenzó a las 4:00 de la tarde, el ataúd estuvo abierto. Para las siete de la noche, comenzó a sonar con fuerza la música y afuera se escuchaban aplausos.

"Esto es una ceremonia para celebrar la vida de Enrique y para sanar nuestros corazones", dijo Vincent Martínez, amigo de la familia. "Hay dolor, pero Dios nos da el consuelo".



El miércoles, a las 10:00 de la mañana, se le dará cristiana sepultura.

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