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Inmigración

¿Qué sigue tras las reunificaciones familiares? Lidiar con traumas, luchar por el asilo y adaptarse a EEUU

Una de las tantas familias que fueron separadas en la frontera habla sobre sus retos durante los primeros días en libertad en Estados Unidos. Asimilar una nueva cultura, obtener identificaciones y hasta aprender a cruzar las calles son algunos de los retos a los que se enfrentan.
24 Jul 2018 – 1:06 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.– La sala de una humilde casa en el norte de Los Ángeles es ahora la habitación de María Guinac y sus tres hijos, quienes hace pocos días llegaron a esta ciudad luego de haber sido separados en la frontera y permanecer durante casi dos meses sin verse.

Los primeros días que esta mujer ha pasado ya en libertad en Estados Unidos han sido distintos a los de otros inmigrantes que tratan de adaptarse a un nuevo país. En su caso, ella sigue esperando a su hijo mayor, José Ignacio, de 20 años, quien desde principios de mayo se encuentra en un centro de detención del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en San Diego, en el sur de California.

Además, las autoridades monitorean su ubicación a través de un grillete electrónico en su tobillo derecho. Ella pudo continuar su proceso de solicitud de asilo junto con sus hijos en libertad gracias a una orden judicial que estableció que los padres no podían ser separados de sus hijos en la frontera ni detenidos en familia. Así fueron reunificados el pasado 11 de julio.

Por el tamaño de esta metrópoli y el diferente sistema de transporte público, María depende de un familiar para acudir a las citas en una corte migratoria y para los trámites en su consulado y en una organización que le ofreció asesoría legal gratuita.

Sanando las heridas

"Ni ganas me dan de salir porque no conozco cómo están las calles. Me voy a perder", dice María, en la vivienda del barrio de Reseda, en el Valle de San Fernando, que su cuñada y su esposo le han ofrecido.

Ahí esta familia ha encontrado no solo un hogar, sino un espacio para sanar los traumas del encierro.

Sus tres hijos –Gustavo, de 3 años; Jean Carlos, de 6; y Wilson, de 13– permanecieron en un centro de detención de menores en Nueva York y para el momento en que se reunificaron con su madre ya eran niños temerosos, introvertidos y muy sensibles. Compartir con sus primos les ayuda a recuperar su confianza. A ella le ayuda la convivencia con su cuñada y el esposo de esta.

"El primer día mi hijo más pequeño lloró. Se me quedó viendo y me hacía así con sus dos manitas (la empujaba). Cuando vio que sus hermanos me abrazaron y empezaron a llorar, entonces él me abrazó", relató sobre el momento en que volvió a ver a sus hijos en Manhattan.

Ya han transcurrido dos semanas desde aquel reencuentro, pero sus hijos menores aún se alteran si la pierden de vista. Temen volverse a quedar solos, bajo el cuidado de otros. "Si el grandecito (de 6 años) no me ve dice: ‘¡Mamita! ¡Mamita!’. Yo le contesto, y me dice: ‘No te vayas a ir, no me vayas a dejar otra vez. ¿Por qué te fuiste? ¿Dónde estabas? Yo no quiero que te vayas. Te quiero mucho’", cuenta.

Pensar que sus padres los abandonaron, retrocesos en su desarrollo, experimentar un largo período de tristeza o hasta reaccionar agresivamente hacia los familiares son algunas de las profundas heridas que ha ocasionado el trauma que atravesaron los pequeños que fueron arrebatados de los brazos de su madre en la frontera, según expertos consultados por Univision Noticias.

"Ahora ya se están acostumbrando, porque venían tímidos, asustados", dice María. " Si hubiéramos pasado más tiempo separados quizás ya no me habrían reconocido", agrega.

La familia sigue incompleta

María y sus tres hijos lograron reunificarse por la orden de un juez federal que le exigió al gobierno Trump que los menores de 5 años volvieran a estar con sus padres en un plazo de 14 días y los niños mayores de esa edad en un máximo de 30 días. En total, 2,551 niños de todas las edades fueron separados en la frontera.

Pero hay padres, como María, que también tiene hijos mayores y estos llevan casos separados.

Por recomendación de abogados que revisaron sus casos cuando estaban en un campamento en Tijuana, el punto final de la caravana migrante que recorrió el territorio mexicano en abril y mayo, su hijo mayor, José Ignacio, ingresó a pedir asilo por su cuenta a la garita de San Ysidro, California.

Apenas la semana pasada él se enteró que nadie estaba defendiendo su proceso. Lo dio por hecho por la asesoría legal que recibió en México. Su madre cuenta que el joven se enteró que no tenía abogado al acudir a una audiencia en una corte migratoria. "Anda preocupado", dijo María sobre la situación de José Ignacio. "Él me dice: ‘mama, yo estoy bien aquí, estoy esperando, tengo fe que esta es la última (audiencia), que voy a salir, que no me voy a tardar aquí", comenta la centroamericana.

Esta familia huyó de Guatemala precisamente porque José Ignacio y su padre fueron amenazados de muerte por pandilleros. El papá, Ignacio, se quedó en Tijuana porque lo deportaron en 2011 por robo de identidad. Si su hijo es enviado a Guatemala enfrentaría solo a los criminales, teme María.

"Él y su papá fueron amenazados y no quiere regresar porque dice: ‘¿qué voy a hacer si regreso? Ya nadie está en Guatemala, solo yo estaré allá’", expresa María, quien tiene miedo de que a su hijo lo lleven a otro centro de ICE. "Me preocupa que tarde más, que lo manden a otro centro", dice.

Comenzar de cero en EEUU

En su segundo día en Los Ángeles, María acudió al consulado guatemalteco a tramitar un pasaporte y una identificación. También acudió a la organización Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN), la cual se comprometió a defender su caso.

"No me esperaba toda esa ayuda", dijo agradecida.

El idioma es uno de los retos más grandes al que se ha enfrentado: "Hay mucha diferencia entre Estados Unidos y Guatemala. En primer lugar, el no saber inglés, es difícil para uno".

Encontrar un trabajo que le permita mantener a sus hijos y que estos se adapten al sistema escolar se anticipan como otros desafíos importantes. María confía en que sus niños asimilen más pronto que ella la cultura estadounidense.

A esta mujer también se le han dificultado cosas que parecen tan simples como transportarse en la ciudad, que tiene una extensión de más de 500 millas cuadradas. Su cuñado la ha llevado en su auto durante sus primeros trámites, pero ella sabe que él no podrá acompañarla siempre.

Hace unos días a ella y a su cuñada las llevaron en carro a un lugar cerca de su casa en Reseda y tuvieron que regresar a pie. En ese recorrido aprendió que hasta al caminar hay que obedecer un semáforo peatonal. "Cuando uno no está acostumbrado no sabe ni cómo cruzar", advierte.


Abrazos, llanto y emoción: las imágenes de los reencuentros entre padres e hijos que han sido separados en la frontera sur

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