Indocumentados

"Sentía que estaba perdiéndolos, que no me los iban a regresar", dice madre guatemalteca tras reencuentro con sus 3 hijos

María Guinac llegó en mayo con sus tres hijos a la frontera como parte de la caravana migrante y fue separada de ellos al pedir asilo: a sus niños los enviaron a Nueva York y a ella a Texas. Después de casi dos meses y gracias al juez federal que ordenó la reunificación de familias, lograron encontrarse con sus parientes en Los Ángeles la madrugada de este jueves.

LOS ÁNGELES, California.– María Guinac y sus tres hijos, de entre 3 y 13 años de edad, ya no son los mismos. El 4 de mayo, cuando estaban en Tijuana (México) y se dirigían a una garita fronteriza en California a pedir asilo, se veían esperanzados pese al tortuoso trayecto desde Guatemala que incluyó montar en el peligroso tren en que los migrantes centroamericanos viajan hacia Estados Unidos.

No los quebró 'La Bestia', sino estar separados y encerrados durante casi dos meses en centros de detención. La pesadilla para esta familia empezó el 18 de mayo: María fue enviada a Texas, a los tres niños los llevaron a Nueva York, a su hijo mayor de 20 años lo dejaron en un centro de detención en California (donde continúa) y el padre se quedó en Tijuana.

Ellos venían en busca de un lugar seguro para sus hijos, huyendo de la violencia en su país, pero se encontraron con un panorama angustiante. "Yo pensé que tal vez no me los iban a regresar", aseguró María, quien llora desconsolada al recordar cada uno de los días que estuvo detenida a 1,700 millas de distancia de sus niños.

La peor parte de su viaje concluyó en una oficina de Inmigración en Manhattan este miércoles 11 de julio, donde fueron reunificados gracias a la orden de un juez federal de San Diego que obligó al gobierno Trump a devolver a decenas de niños a sus padres y no detener más familias con menores. María fue reunida con sus niños tras ser dejada en libertad con un grillete electrónico para monitorearla mientras espera su proceso migratorio.

Un cumpleaños nada feliz

Esta madre y sus tres hijos pequeños finalmente llegaron durante la madrugada de este jueves a su destino, Los Ángeles, pero vienen cargados de traumas y experiencias amargas. La semana pasada el menor, Gustavo, cumplió 3 años y no hubo celebración. Pocas veces habló por teléfono con los niños y hasta pensó que quizás no los volvería a ver.

Los niños también la pasaron mal: el más pequeño, de 3 años, creía que sus padres lo habían abandonado y por eso al reencontrarse con su madre este miércoles en Nueva York le dijo "¿sos mi otra mamá?". Ahora no quiere separarse de ella.

El hijo de 6 años se ha vuelto introvertido y temeroso, ocultándose debajo de la capucha de su sudadera. Y el de 13 años no puede hablar sin soltar lágrimas, aunque dice que "la pasamos divertido todo el día" en el centro donde los tenían.

Tras la orden del juez Dana Sabraw exigiéndole al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) entregar a decenas de niños menores de 5 años separados de sus padres en la frontera, el plazo se vencía este 10 de julio, un día antes que María volviera a ver a sus niños.

Para confirmar su parentesco a esta familia le realizaron pruebas de ADN, a pesar de que –según la madre– los menores tenían varios documentos de identificación. El juez también ordenó que "solo pueden realizarse cuando existe un motivo real para dudar de que el parentesco no se puede establecer por otros medios" como actas de nacimiento o pasaportes.

Ahora María porta un dispositivo de rastreo en el tobillo. Asegura que los oficiales de inmigración le indicaron que la liberaban con ese grillete para que, sabiendo su ubicación, continuara su proceso legal.

"El sueño americano ya no existe"

María lloraba a su llegada al aeropuerto de Los Ángeles la madrugada de este jueves. Asegura que no volvería a hacer lo que hizo (venir con sus niños a pedir asilo a EEUU) "porque mis hijos sufrieron en el camino y ya no quiero separarme de mis niños. Son lo más grande que Dios me ha dado".

Por eso a las madres que tienen planeado lo mismo les tiene este mensaje: "Mejor luchen en su país, aquí los niños sufren psicológicamente y uno en la detención (…) No traigan a los niños porque el sueño americano ya no existe, sino un sufrimiento", agregó.

Esta familia venía en la caravana de más de 200 migrantes centroamericanos y fue parte del último grupo que se entregó en la garita fronteriza de San Ysidro para solicitar asilo al gobierno de Estados Unidos.

Se dividieron por recomendación de abogados que analizaron sus procesos en Tijuana: primero el hijo mayor, José Ignacio, se presentó ante las autoridades migratorias en San Diego y luego lo hicieron su madre y los tres niños: Gustavo, de 3 años; Jean Carlos, de 6; y Wilson, de 13. No anticiparon que los menores terminarían lejos de ella poco después del Día de las Madres.

La madre asegura que le quitaron los niños con engaños, porque le afirmaron que se trataba de un proceso de rutina que duraría unas horas y luego le dijeron que no más de una semana. Para ganar su confianza, según su relato, le aseguraron que entre más pronto viera a un juez más rápido estaría nuevamente con ellos. Pero así comenzaron largas jornadas suplicando abrazar a sus pequeños.

"Para mí fue muy difícil, muy doloroso estar separada de mis hijos. Así como yo he sufrido han sufrido muchas madres y todavía se quedaron sufriendo", señaló. "No tienen la esperanza de que les entreguen a sus niños; tienen niños de 10, 12, 13 años y no se los han dado".

María estuvo en tres centros de detención en Texas, Nueva Jersey y Nueva York, incluyendo una cárcel local en la cual pasó momentos desagradables. "Me dio mucha pena estar ahí porque hay muchas personas que son drogadictos y uno no se siente bien, es difícil convivir con personas así", contó.

Pero lo más difícil fue saber del trago amargo que estaban pasando sus hijos y no poder siquiera consolarlos por teléfono. Tratando de mitigar su dolor prefería estar dormida. A veces pasaba todo el día en su cama, para no pensar en su problema.

"No veía las horas de mirar a mis hijos. Cuando quería hablar con ellos no podía. Cuando tenía saldo (dinero depositado en su cuenta) podía hablarles y a veces no me aceptaban las llamadas. Para mí era desesperante", expresó.

Ella se comunicaba con el hijo de 13 años, el más pequeño apenas si le decía "mamita" y el de 6 años pocas veces tomó el teléfono. "Una vez pudo hablar conmigo y después ya no aguantaba, se ponía a llorar y no quería hablar conmigo. A mí me desesperaba porque sentía que estaba perdiéndolos", dijo.

"No tenían por qué estar sufriendo"

La actitud de los niños cambió un poco cuando una abogada y trabajadoras sociales les dijeron que estaba en proceso la reunificación con su madre. Así dejaron de pensar que sus padres los habían abandonado.

"Le pedí mucho a Dios que me los regresaran, porque son niños y no tenían por qué estar sufriendo", dijo María. "Yo ahora estoy feliz porque ya estoy con mis hijos".

Finalmente, la madrugada de este miércoles, después de un intento fallido, esta guatemalteca pudo volver a estar con sus tres hijos en una oficina de Inmigración en Manhattan. Al verse los cuatro se fundieron en un largo abrazo. "Era lo que más quería, tenerlos en mis brazos", contó.

"Cuando ellos me vieron se pusieron a llorar y yo les dije que me perdonaran porque yo nunca me imaginé que ellos iban a estar lejos de mí", señaló.

Desde el momento de la reunificación supo que sus hijos estaban traumados por la separación. El más pequeño tardó una hora y media en reconocer plenamente a su madre, relató ella. "Mi nene cuando me vio me abrazó y me dijo: ¿sos mi otra mamá? Y si mi niño hubiera estado otro tiempo más ya no me hubiera reconocido", advirtió.

"A mí me dio mucha lástima ver que mis hijos estaban serios, muy pensativos. No sé qué estaban pensando, pero sentí la diferencia", dice.

En el avión que los trajo a Los Ángeles los niños mostraron cierta tranquilidad, pero aún están frescos los recuerdos. Wilson, de 13 años, se queda pensativo mientras se sostiene de los carritos para transportar maletas en la terminal 4 del aeropuerto de Los Ángeles. Apenas si habla.

"Alegre", dice que se siente aunque tiene los ojos llenos de lágrimas. "Estudiar, nos sacaban a jugar. La pasábamos divertido todo el día", cuenta sobre sus días en el centro de detención en Nueva York.

Dice que se alegró cuando vio a su madre, porque también pensaba que jamás la volvería a ver. Este niño comenta que quiere estudiar en EEUU, pero no puede decir qué profesión le gustaría ejercer. El llanto no lo deja seguir hablando.

En fotos: Una familia guatemalteca pide asilo en EEUU y termina separada en tres estados

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Empezar de nuevo en EEUU

Las amenazas y extorsiones que pandilleros en Guatemala le hicieron al padre, deportado en 2011, obligaron a que esta familia dejara su comunidad y se uniera a la caravana migrante en Chiapas.

Por eso María asegura que regresar a su país no es una opción. "Yo me vine pidiendo asilo porque necesito que mis hijos estén libres, porque en mi país no podíamos estarlo , estábamos amenazados y si no nos hubiera pasado eso yo no habría venido arriesgando a mis niños", dice ella.

Su plan es "empezar de nuevo" en Los Ángeles, donde la familia de su esposo le abrió las puertas de su humilde casa. Dice que continuará luchando por su caso considerando que ya ha pasado lo más duro del proceso.

Al preguntarle si le guarda rencor al gobierno de Trump, esta mujer responde que no: "Lo dejo a las manos de Dios, que se encargue de esas personas que no tienen corazón".

"Quiero sacar adelante a mis hijos, que ellos estudien y tengan un mejor futuro", concluye.

Las emotivas imágenes de los reencuentros entre padres e hijos que han sido separados en la frontera sur

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