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Sexualidad

¿Existe la perfección en el sexo?

Que las cosas marchen estupendamente en el sexo siempre es cosa de dos; es algo que la pareja aprende unida.
28 Jul 2016 – 3:35 PM EDT

Me cuesta trabajo imaginar algo más infernal en la cama que un hombre o una mujer de los que califican tu desempeño sexual y, muchas veces, terminan quejándose porque no le pusiste suficientes ganas, porque eres muy predecible o poco caliente o porque no te pones las pilas para hacerle gozar como se merece. A la cama nos llevamos todas nuestras manías y defectos. Si alguien quiere que todo sea impecable y libre de errores en la vida, no tendría porque ser de otro modo en el sexo.

Las expectativas de cómo debe ser un encuentro sexual son una de las principales razones detrás de una vida íntima miserable. Ser hipercrítico con el propio desempeño y con el desempeño de la pareja es, en parte, la causa de anaorgasmia, de disfunción eréctil y de eyaculación precoz. Tener a un juez sexual que además está angustiado con su propio desempeño puede ser la definición del antierotismo.

Una pareja que siempre espera encuentros de campeonato, de esos en los que los dos terminan exhaustos, bañados en sudor y eufóricos, puede generar un efecto paradójico: s entir tantas expectativas depositadas en ti, puede ser la causa de que no sientas deseo. Pensar que estás ahí, en la cama o en la silla o en el piso, para satisfacer a alguien más, para darle el sexo de su vida, es una idea equivocada sobre algo que se construye entre dos.

Terapia de pareja
La gente llega a una consulta de pareja, con frecuencia, debido a que tiene sexo de mala calidad. La dinámica clásica es culpar al otro: “tiene demasiado deseo, no tiene deseo, termina muy rápido, se tarde mucho en terminar, no me seduce, va directo al grano, hay que trabajarlo/a horas”, y un sinfín de quejas que se reducen todas a mirar lo que el otro está haciendo “mal” .

Yo no creo que haya buenos ni malos amantes. Se puede tener una muy buena química con alguien que saca lo mejor de uno o convertirte en un robot con alguien más que dice y hace todo lo que no te excita.

Sentirse incapaz en la cama es una de las emociones más tóxicas para la vida sexual y se necesitan falta muchos reclamos y muchos silencios para conseguir que alguien se sienta así.

La cosa es de dos
Algunos hombres vienen a quejarse de que su mujer es una reprimida y que, por su formación religiosa, es incapaz de aventurarse más sexualmente. Esa afirmación es un juicio de valor, una descalificación y un clarísimo acto de proyección: el problema es ella.

Asimismo, están las mujeres que llegan con una cara larga a la consulta porque él es un eyaculador precoz y eso no tiene nada que ver con ellas.

Cualquier problema sexual en la pareja tiene dos dimensiones: primero, la intrapersonal, que se refiere a la relación que todos tenemos con nuestro propio cuerpo, con los sentimientos al vernos desnudos frente a un espejo, con nuestra identidad de género y con la libertad con la que somos capaces de auto explorarnos y auto estimularnos para darnos placer. Y luego, la interpersonal, referida al tipo de relación que establece la pareja. Si el vínculo es de dominio-sumisión, será de la misma manera en la cama. Si no es natural dar y recibir de manera equilibrada, tampoco lo será en la cama. Si existen dificultades constantes para ponerse de acuerdo sobre dinero, sobre los hijos, sobre las vacaciones, igulmente costará trabajo hablar un idioma sexual que pueda conectarlos y encenderlos a los dos. Los buenos amantes se sintonizan, observándose y observando al otro, en un marco de libertad donde los errores son bienvenidos y lo único que no se vale es quedarse callado si algo no anda bien. El silencio abre brechas y abismos, lo mismo que fingir orgasmos y culpar al otro de la mala vida sexual.

Qué se puede hacer
Ya lo dijo Winnicott: “La pareja, desde el inicio de las relaciones, va aprendiendo a hacer sexo juntos”.

Sugiero: Mírense con detenimiento, acaríciense sin prisa, dejen la vergüenza a un lado, construyan un espacio de confianza y aceptación, enséñele cómo le gusta ser estimulada, que la toque y respete una negativa, sin presión ni resentimientos. Si de modo sistemático, cada que su pareja se le acerca le dan ganas de salir corriendo, lo mejor será buscar ayuda profesional".

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