null: nullpx
Relaciones Personales

¿En verdad lo necesitas?

El deseo de poseer algo puede hacer perdamos de vista nuestras necesidades reales.
7 Mar 2016 – 10:27 AM EST

Por Jimena Guarque | @UnivisionTrends


¿Sientes que sin esa persona se te cae el mundo? ¿Ese auto nuevo te es indispensable para llevar a tus hijos a la escuela? ¿Ese título académico va a hacer la diferencia en tu carrera profesional? Haydeé Villa, psicoterapeuta del Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt (IHPG), explica que “ cuando queremos obtener algo que está basado en una necesidad falsa, nos volvemos insistentes e incluso podemos obsesionarnos. El problema es que cuando lo conseguimos, no hay un sentido de suficiencia y nos frustramos”.


Necesitas un teléfono inteligente, lo compras; pero cuando ya lo tienes, quieres el modelo siguiente. Quieres estar con esa persona, pero cuando ya tienes una relación en ella, te gustaría que pasara más tiempo contigo. No es suficiente. “Una necesidad falsa comúnmente está acompañada de sentimientos de deterioro, exagerados, inadecuados y en contra de la autoestima”, advierte la experta.



¿Cómo detectar una falsa necesidad?

Generalmente una necesidad falsa, también conocida como satisfactor, tiene la forma de una persona, un objeto o una actividad y se trata de un deseo fundamentado en los pensamientos, no en el cuerpo (quieres comer porque sientes hambre). Imaginamos que en esa casa nueva vamos a ser muy felices y nos visualizamos en la sala teniendo una reunión con nuestros amigos; que ese BMW resolverá nuestra frustración en el tráfico y nos vemos manejándolo; que esa oficina nueva hará que lleguen nuevos clientes.

El precio que pagamos por cumplir nuestras falsas necesidades puede ser muy alto: enrolarnos en un crédito bancario que no podemos pagar, estar con una persona que no nos trata bien, incluso la anorexia por querer vernos delgados. Es una manera de vivir que implica mucho desgaste emocional y físico, mucha autoexigencia e infelicidad porque nunca se llega a la satisfacción.


Según la Teoría de las Emociones, Sentimientos y Necesidades, de Myriam Muñoz Polit, investigadora en psicología y rectora del IHPG, muchas veces estas fantasías se basan en ideas y creencias del pasado, en lo que te han enseñado que debes ser, no en tu experiencia real: que para estar feliz necesitas tener dinero, o una pareja o una casa bonita.

“Estos pensamientos suelen implantarse en la niñez y se dividen en tres tipos”, explica Haydeé Villa:


Introyectos: Creencias que has aprendido de figuras significativas en tu vida, sobre todo en la época de la infancia y que no te has atrevido a cuestionar. “De niños las recibimos sin filtro y no las cuestionamos porque están en juego necesidades básicas como el afecto o la pertenencia. Pero en realidad satisfacen necesidades de otras personas, por ejemplo los padres”, dice la psicóloga.

Ejemplo: si no me visto bien, nadie me va a querer.


Experiencias obsoletas: Son situaciones que viviste en el pasado y a las que respondiste de cierta manera para sobrevivir. Esa respuesta fue adecuada en ese momento, pero el tiempo pasa, las personas cambian y tú sigues reaccionando de la misma manera. Es obsoleta porque tus necesidades son diferentes.

Ejemplo: Un niño vive en un sistema familiar muy caótico y se vuelve obsesivo con el orden. Con el tiempo se convierte en una persona compulsiva pero su ambiente ya no requiere de esa respuesta, y al seguir respondiendo de la misma manera se vuelve rígido, sin flexibilidad.



Asuntos inconclusos: Se trata de experiencias con personas significativas que no pudiste cerrar con satisfacción y te dejan congelado. “Te quedas esperando que esa persona satisfaga tu necesidad, que quizá ya no es vigente, y al mismo tiempo esa persona ya no es la misma”, explica Villa.

Ejemplo: Te quedaste esperando que tu padre te ofreciera una disculpa por abandonar a tu familia cuando eras una niña. De adulta sigues esperando que tu padre se acerque a ti para pedírtela, aunque tú ya tienes una familia propia. Él ya se olvidó del asunto y tú sigues temiéndole al abandono.



¿Qué es lo que realmente necesitas?

Solemos confundir las necesidades verdaderas con los satisfactores, pero ¿cómo detectar que aquello hacia lo que caminamos no es más que un espejismo?

Todos podemos querer una pareja, no está mal desear amar, pero cuando lo que anhelamos es una persona, un objeto o una actividad, siempre es bueno preguntarse ¿cuál es la necesidad detrás de ese anhelo? ¿Compañía, seguridad, reafirmación ante los demás?”, invita la psicoterapeuta.

La persona que deseamos es un satisfactor, pero la buena noticia es que cuando identificas la necesidad auténtica, también descubrirás que existen varios satisfactores para ella.
No es malo que se te antoje tener una camioneta, eso se vale. El problema es cuando lo confundes con la felicidad. Cuando descubres que tu necesidad real es de más espacio para tu familia, puedes encontrar sustitutos: quizá no te es posible comprar una camioneta nueva, pero sí una usada; o bien pedir una camioneta prestada para ese viaje en carretera que quieren hacer.

Una necesidad auténtica proviene de sensaciones estables y la identificas porque la sientes en tu cuerpo (necesitas protección, compañía, dormir, cubrirte, amar). Si quieres una pareja, tienes necesidad de compañía, afecto y amor. Y éstos se pueden satisfacer a través de otros seres queridos, no solo de una persona. Una necesidad falsa se fija en un solo satisfactor, no hay alternativas.

“Otro ejemplo de falsa necesidad o satisfactor que todos anhelamos es el tiempo”, dice Haydeé Villa. ¿Necesitamos tiempo para descansar? ¡No! Necesitas descanso, y para cubrir esa necesidad hay muchas alternativas: darte media hora para leer, irte a la cama una hora más temprano, pedir a alguien que cuide a tus hijos.

Saber la diferencia entre una necesidad falsa y una auténtica te ayudará a ser más flexible y entonces llegarán las soluciones.



Más contenido de tu interés