null: nullpx
Relaciones de Pareja

El rostro de una persona revela la química de su cuerpo (aunque suene a ciencia ficción)

El rostro es una fuente riquísima de información emocional y de la química corporal.
13 Abr 2016 – 07:33 PM EDT
¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte

Con toda nuestra tecnología y pretendida sofisticación, los seres humanos somos mamíferos parte del reino animal. Aunque no pocas veces le he dicho a alguien animal con todas las ganas de que se ofenda (con frecuencia me llega esa inspiración cuando manejo), en este caso uso la expresión sin carga peyorativa. Es decir, para bien o para mal conservamos rasgos de animalidad, de intuición. Eso acaba de quedar demostrado una vez más en un estudio dado a conocer en enero de este año por la Royal Society, pero antes de entrar en el tema se vuelve necesario dar un poco de contexto.

No soy muy fan de ver series de televisión (perdón, estoy en proceso de enmendarme), pero una que me gustó mucho fue la espléndida Lie To Me. Toda la historia se basa en el trabajo del reconocido psicólogo Paul Ekman, quien se dedicó a estudiar la relación entre las emociones y las expresiones del rostro. En la serie, un grupo de especialistas detectan las mentiras de probables criminales a partir de interpretar las mínimas expresiones de su rostro, analizándolas en cámara lenta. Estas microexpresiones, que duran una fracción de segundo, aparecen cuando la persona quiere esconder una emoción, explica el sitio web de Ekman. El trabajo que sustenta la serie es fascinante, porque de alguna forma nos conecta con nuestra parte no-racional, la que no podemos controlar por más que queramos.


La estrategia intuitiva

En esa misma línea, según afirma el sociólogo y periodista Malcolm Gladwell en su libro Blink, el cerebro usa dos estrategias distintas para interpretar una situación complicada y luego decidir qué hacer: 1) La estrategia consciente, que es la que nos resulta más familiar. Todos conocemos el procedimiento: pensamos en lo que hemos aprendido, en lo que sabemos, evaluamos pros y contras y al final llegamos a una conclusión basada en la información. Es una estrategia lógica y definitiva; 2) La estrategia intuitiva, que opera justo por debajo del nivel de la conciencia, en fracciones de segundo. Es un sistema a partir del cual el cerebro llega a conclusiones a partir de muy poca información y sin que nos demos cuenta de ello; más bien, el cerebro envía su valoración por medio de canales indirectos, como sudoración en las palmas de las manos.

A eso justamente es a lo que me refiero cuando digo que somos animales. Igual que una fiera se eriza cuando percibe peligro y no se detiene a pensar sino obra por instinto, nosotros conservamos esa rapidez para percibir sutilezas de las que nuestra mente consciente no tiene idea. Por lo general sólo le hacemos caso a las decisiones que tomamos de manera informada y subvaluamos las otras, pensando cosas como: “es una tontería, no puedo dejar de hacer negocio con esta persona sólo porque me cayó un poco mal”, o “aunque me parece que este posible empleado no merece mi confianza, no sé por qué lo pienso... Estoy prejuzgándolo, debo darle una oportunidad”. Sin embargo, Gladwell sustenta en Blink la idea de que las decisiones que tomamos de forma inconsciente pueden ser tanto (o más) correctas y seguras que las que tomamos de manera deliberada. “Un parpadeo puede ser tan valioso como un análisis que lleve meses”, afirma. Entre otras cosas, Ekman señala que el rostro es una fuente increíblemente rica de información emocional, tanto consciente (sonreírle a una persona o fruncirle el entrecejo) como inconsciente (esos mínimos movimientos musculares incontrolables, que los demás perciben a nivel inconsciente). Es decir, el rostro tiene una especie de mente propia.


La revelación de la química

Bueno, pues además de los movimientos musculares y las expresiones milimétricas, resulta que el rostro también revela otros rasgos de la persona, entre ellos, la química de su cuerpo. Es decir, posee un nivel de comunicación incluso más profundo del que hasta ahora conocemos. Un estudio dado a conocer muy recientemente por The Royal Society Publishing encontró que, sin poder explicar la razón, los hombres encuentran más atractiva a una mujer cuando se encuentra en periodo de ovulación. Durante el estudio, a los varones participantes se les mostraron fotos de mujeres en dos periodos distintos del mes: en una de las fotos, la mujer estaba en sus días de ovulación, mientras en la otra ella misma se encontraba en cualquier otro punto su ciclo. Así, sin revelar nada a los hombres encuestados, se les preguntó en cuál de las fotos les parecía más atractiva la mujer y casi sin excepción mencionaron aquella donde estaba ovulando. Una posible explicación a esto radica en que, al ovular, el cuerpo femenino es fértil, lo que de alguna forma es percibido por los hombres, quienes intuitivamente la encuentran atractiva.

Y el estudio fue incluso un poco más allá: los investigadores mostraron las mismas fotos a un grupo de mujeres y les pidieron señalar qué chicas fotografiadas les parecían más amenazadoras, en otras palabras, más capaces de robarles a su pareja. El resultado fue que la mayoría de las participantes apuntó hacia las mujeres con niveles más altos de estrógenos, es decir (de nuevo), las que son más fértiles. En un comentario que cita The New York Times dicho por la investigadora Janek S. Lobmaier, quien condujo el trabajo, los especialistas involucrados aún no tienen totalmente claro cómo ellos y ellas llegaron a esas conclusiones y siguen analizando los resultados.

Habrá que esperar, pero se me ocurre que, en la misma línea de los trabajos de Ekman y de Gladwell, este estudio pueda reforzar la idea de que nuestra parte animal tiene todavía muchas sorpresas que dar.

¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte
Publicidad