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Sexo Extremo

Sexo extremo: literalmente morirse de placer

Sexo extremo: literalmente morirse de placer

Aquí una lista de prácticas sexuales extremas que han llevado a algunos a la muerte.

Sexo Extremo
Sexo Extremo

Por Julia Santibáñez


Mientras recibía pequeños toques eléctricos en los pezones y la boca como parte de un juego sexual, Kristen Taylor, de 29 años, murió de un electroshock en su casa en Pennsylvania. Su esposo, de 37 años, primero dijo que la secadora de cabello había causado la descarga, pero después admitió que Kristen y él llevaban al menos dos años haciendo experimentos sexuales con electricidad. Toby Taylor fue acusado de homicidio involuntario, en tanto Kristen se convirtió en una muerte más de las que cada año acumulan las prácticas eróticas, digamos, originales.

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Al leer sobre el caso me doy cuenta de que, de veras, no he vivido, porque lo más extremo a lo que llego es a llevar con orgullo la marca de unos dientes en mi costado o tener las nalgas enrojecidas por un encuentro intensito. Lo de darme toques eléctricos no sé, no se me había ocurrido. Entonces me pongo a investigar sobre sexo extremo, a ver qué puedo aprender.


Lo que hace la gente

En la búsqueda del placer, algunos llegan a límites que parecen subrayar la idea de que “si vas a morir joven, cuando menos que sea mientras disfrutas un orgasmo alucinante”. Así debe haberlo deseado el actor David Carradine, estrella de Kung Fu y quien también apareció en Kill Bill, de Quentin Tarantino . En 2009 falleció en un hotel de Bangkok como resultado de un juego masturbatorio fallido: estaba desnudo, tenía una cuerda de nailon en el cuello y otra, alrededor de los genitales. Seguramente no midió extremos mientras intentaba provocarse el orgasmo a partir de la asfixia erótica, como también le ocurrió al músico Michael Hutchence, del grupo australiano INXS, y como sucede en la película El imperio de los sentidos, de Nagisa Oshima.


Sumisión, control y pasión, ingredientes de la aventura extrema.
Sumisión, control y pasión, ingredientes de la aventura extrema.

Otro caso sonado en este sentido fue el de Soter Mule, un italiano de 42 años, su novia, de 24, y una amiga de ambos. Los tres tenían relaciones sexuales practicando Shibari, un antiguo arte erótico japonés que involucra amarrar a una persona y suspenderla para intensificar el orgasmo. Mientras Mule las penetraba alternadamente, las dos mujeres estaban colgando y los movimientos de cada una daban placer a la otra, pero una de ellas se desmayó y el peso muerto de su cuerpo estranguló de inmediato a su compañera, quien murió pocos minutos después, a pesar de que el hombre intentó cortar las sogas que la ataban. De por sí, estar colgando de cuerdas no es la primera fantasía que me viene a la mente cuando llega la primavera. Y luego eso de convertir la muerte chiquita en la muerte y punto. Debo ser un 10% más conservadora de lo que me imaginaba.

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Sexo y muerte

Según el sitio The Daily Beast, cada año ocurren hasta mil nuevos casos de defunciones relacionadas con la búsqueda extrema del orgasmo, sobre todo a partir de provocar falta de oxígeno con el fin de causar erecciones de antología y/o orgasmos titánicos. De hecho, según un estudio publicado en el Journal of Forensic Sciences, 90% de las muertes relacionadas con el sexo corresponden a distintos casos de hipoxifilia o muerte por asfixia a través del ahorcamiento o el empleo de bolsas de plástico.

En la ambición por el placer desmedido todavía hay más curiosidades. La electrofilia o erotización a partir de aplicar estímulos eléctricos en el pene, los testículos, el ano, el clítoris, la vagina o los pezones parece también socorrida para salir de la rutina. Por ejemplo, con el fin de inducir el orgasmo masculino, algunos usan un tipo especial de batería. Se trata de una caja con dos electrodos, uno de los cuales se enrolla en el pene, mientras el otro se introduce en el recto. Con un regulador, el individuo controla la cantidad de electricidad que recibe, hasta alcanzar el clímax. Este recurso es empleado médicamente con hombres impotentes para así obtener su esperma y usarlo en inseminación artificial pero, de nuevo, el exceso o un accidente pueden llevar a la muerte.

En Estados Unidos, un ingeniero de 36 años falleció al masturbarse así. Su cadáver fue encontrado con un electrodo en el ano mientras el otro, que intentaba colocar en el pene, tocó sin querer su rostro, quemándolo en ambos puntos y causándole la muerte. Pero esta otra historia de sexo desmesurado de plano me rebasa por completo: Kenneth Pinyan, un ingeniero de Seattle, visitaba regularmente una granja donde tenía sexo con caballos. Encontraba gran placer en ser penetrado por sementales, hasta que uno le perforó el colon y lo llevó a la tumba. Supongo que si los electrodos y los caballos no me excitan debo añadir otro 20% a mi ángulo furiosamente tradicional.

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The true electric lady
The true electric lady

Que los dioses me perdonen, pero el sexo más extremo que me apetece involucra seres humanos, quizá un bondage ligerito, dientes, tal vez una película, mucha fantasía. Y no es por presumir pero al menos hasta ahora me la paso muy, muy bien.

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