Papás y Mamás

La paranoia que nos genera a los padres el exceso de información

¿Es la barra de cereal orgánica? ¿Es el shampoo libre de químicos dañinos? ¿Cuántos minutos al día deben leer los chicos? ¿Son los protectores solares los correctos?. En esta época de sobrecarga de información, cada decisión de los padres pareciera ser una odisea. Pero en algún momento hay que decir ¡Basta!
21 Jun 2016 – 2:16 PM EDT


Hace un par de meses me descubrí horrorizada por tener que lavar con detergente no ecológico unas manzanas a las que de todos modos quitaría la cáscara porque, como toda mamá sabe, las manzanas son las frutas que más absorben los pesticidas con los que se trata la tierra donde se cultivan. Definitivamente no era la primera vez que veía de manera peligrosa la comida y los productos que tenía que usar con mis hijos, pero de pronto me di cuenta de lo obsesiva que estaba siendo y del terror infundado que esto me causaba.


Soy de naturaleza, sí. También ansiosa. Sin embargo, antes de esta época de bombardeo de información alrededor de todos los peligros que corre un niño y los fatídicos errores que puede cometer un padre o madre sin siquiera darse cuenta, yo no era la mamá más preocupona del mundo. De hecho, hace poco aprendí que existe un término para definir este fenómeno: infoxicación, es decir, “intoxicación” por exceso información.


Cuando supe que estaba embarazada hice lo que en mayor o menor medida hacen todas las mujeres: traté de informarme lo más posible sin dejar que este caudal de datos me angustiara y después de que sentí que ya sabía lo más importante para mí y para mi bebé, decidí que iba a hacer las cosas como mejor me salieran.


Nunca quise leer sobre hitos ni de posibles trastornos en el desarrollo, porque algo que me queda claro es que cada niño es distinto y es fácil obsesionarse. Y con un niño que, ahora lo sé, lleva al límite todos los procesos de su crecimiento, qué bueno que no lo hice.


Sin embargo, pareciera que mi hijo mayor ha crecido al tiempo que se hacen descubrimientos de una incontable cantidad de estudios que prueban cuántas prácticas y consumibles hacen daño y son peligrosísimos para la salud de los niños (y también nuestra, pero aquí lo que importa es la responsabilidad de cuidar a otro ser humano).


Ya había pensado en escribir algo sobre el tema, cuando descubrí este artículo de Sarah Kalli y me di cuenta que no soy yo la única que está harta de todo esto.


Las redes sociales ayudan a difundir todos los riesgos potenciales de una mala praxis en maternidad o paternidad, y por todos lados hay “reglas” sobre cómo cuidar a los niños, lo que sí y lo que no, ¡lo que es mortal! ... y estoy convencida de que nunca antes en la historia de la humanidad había habido tantos miedos y restricciones en la crianza de los niños.


No solamente estamos hablando de seguridad en la casa o en el auto (por cierto, el 80% de los artículos para el babyproofing me parece un invento de la mercadotecnia para acallar las paranoias personales). Hay muchas otros requisitos que se espera que las mamás de hoy cumplan. La siguiente lista tiene sólo algunos ejemplos:


  • Deben ir sesiones de estimulación temprana, pero solo a aquellas que son adecuadas, pues hay niños hipersensibles y hay que procurar no estimularlos demasiado.
  • CERO televisión los primeros dos años de su vida.
  • Además hay que mantenerlos alejados de las pantallas el mayor tiempo posible.
  • Es inadmisible perder la paciencia con ellos, ya no digamos gritar o darles una nalgada. Eso puede implicar ser reportado ante la Seguridad Social.
  • Hay que cuidar su alimentación, pero eso no se refiere solamente a ver que coman de manera balanceada: se recomienda evitar azúcares y harinas refinadas, colorantes, grasas trans, LA LECHE DE VACA que nuestras mamás y abuelas consideraban tan saludables, entre muchas otras cosas.
  • Es imprescindible procurar que los productos de higiene personal no contengan químicos que puedan dañar su salud. (Esto incluye no sólo shampoo, jabón, crema y protector solar, que debe por cierto aplicarse diario cada vez que vayan a estar expuestos al sol), sino que …
  • Lo mismo aplica con el BPA en biberones, chupones, mordederas y juguetes que puedan llegar a chupar.
  • También se debe cuidar todo artículo de limpieza que esté en su entorno, esto es: Detergentes para ropa, limpiadores de piso, jabón para trastes e incluso la pintura con la que se da color a los paredes. Y no hablo de que no los ingieran, cosa que obviamente no deben hacer. Esas sustancias los pueden afectar por el siemple hecho de haber sido usados en un entorno en el que gateen, respiren o impregnados imperceptiblemente en una prenda que ellos usen.
  • Existen un sinfín de objetos y sustancias que están en nuestro entorno de manera cotidiana con los que se pueden atragantar, envenenar y en general hacerse un gran daño.

Y la lista podría seguir. En cada uno de los aspectos de la crianza hay varios factores que se considera hay que revisar y volver a revisar, y van desde el cuidado de la salud hasta la elección de escuela pasando por detalles que nunca antes de tener hijos hubiera imaginado. Yo lo interpreto como una obsesión por una crianza perfecta que, por definición, es imposible.
No digo que no nos preocupemos por lo que comen, ven, visten y respiran. Simplemente que hay que asumir que hay muchas cosas que no podemos evitar y seguir adelante con nuestras vidas. Elegir lo mejor que esté a nuestro alcance y no estar obsesionándonos por lo que no podemos hacer.


Todos, absolutamente todos los padres y madres amamos a nuestros hijos sin medida, y el hecho de no poder o no querer leer cada etiqueta o revisar hasta el último ingrediente de lo que comen, no quiere decir que no los amemos o nos preocupe su bienestar. Es solo que estamos llegado al punto de la obsesión. Criar a un niño o niña ya es lo suficientemente difícil como para estarse preocupando por fantasmas de todo lo que podría llegar a pasar. Yo definitivamente ya decidí dejar de hacerlo.

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