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Papás y Mamás

Cinco lecciones de vida que aprendí de mi papá

Poco es decir que mi papá es un ser humano excepcional del que aprendo mucho y a quien estoy agradecida porque sé que, junto a mi mamá, son un equipo extraordinario. No tengo idea qué sería de mi vida hoy sin su amor, paciencia y apoyo.
19 Jun 2016 – 12:31 PM EDT

Mi papá es un gran hombre. No lo digo simplemente porque soy su hija. La gente que lo conoce sabe que tiene un gran corazón y que es una persona muy inteligente, trabajadora y dedicada. No es perfecto, cometió errores y les aseguro que algunos de ellos se los cobraron varias veces.

Escribir sobre él no me es fácil (de hecho llevo varios días del padre intentando escribir esto). Las emociones me ganan cuando se trata de poner en palabras todo lo que admiro y quiero a mi papá.

Mi relación con mi papá nunca fue mala, pero hubo una época, en mi adolescencia y mi juventud en la que tenía muy poca comunicación. El ocupaba cargos muy importantes, hablabla en la televisión, se reunía con gente a la que muy pocas personas podían tener acceso y yo estaba convencida de que nada de lo que yo dijera podía interesarle. Me parecía que todos su equipo de trabajo lo conocía mucho más que yo. Cuando llamaba a mi casa desde su trabajo enseguida le pasaba el teléfono a mi mamá porque no sabía qué decirle.


Los dos crecimos y con el tiempo y los cambios, y las cosas que queríamos que pasaran y las que no, nos acercaron mucho más. Poco es decir que mi papá es un ser humano excepcional del que aprendo mucho y a quien estoy agradecida porque sé que, junto a mi mamá, son un equipo extraordinario. No tengo idea qué sería de mi vida hoy sin su amor, paciencia y apoyo.


Repito, escribir sobre mi papá me cuesta mucho pero aquí les resumo en algunos puntos las lecciones de vida que aprendí de mi querido papá:

. Siempre hay tiempo para aprender (no importa la edad o cargo que tengamos): me acuerdo regresar de bailar a las 6 AM los domingos y encontrar a mi papá en la biblioteca de mi casa leyendo y estudiando. No una, pero muchas veces. Como admirador de la tecnología, sigue haciendo cursos para aprender a usarla y comparte sus enseñanzas con nosotros. Cada conversación, es para mi, una clase abierta. Y ni les cuento el orgullo que me da cuando soy yo la que le puedo enseñar algo.

. Las diferencias no nos separan: desde chica, y por el trabajo de mis padres en la política, mi casa siempre estuvo llena de gente diferente. Gente muy pobre y gente muy importante. Gente que no tenía plata para comprar zapatos o para comer. Comían con nosotros, nos saludaban en la calle, eran los ‘compañeros’. Trabajaban hasta tarde y a la mañana volvían a trabajar. En mi casa nunca me decían cuidado con este o aquel. O esta gente no es buena. Mi papá nunca buscó influenciar en mis decisiones de pareja, menos aún mencionó si la persona tenía ‘dinero, estatus ni demás’. Y pese a todos sus intentos de hacernos de RIVER, todos sus hijos somos fans de BOCA. Crecí sin prejuicios, sin ‘miedo a la gente’. Crecí libre y rodeada de diversidad. Y por estos días, donde nos crean enemigos por todas partes y nos quieren hacer sentir miedo al desconocido, es un valor que le agradezco tremendamente.

. Siempre se puede empezar de nuevo: hubo años en los que, por su vida en la función pública, mi papá era una figura muy reconocida. Hubo casos en los que me enteraba más por los diarios de su agenda, que por conversaciones personales. Como todo en la vida sus días de Congreso y entrevistas televisivas quedaron en el pasado, entonces mi papá encontró una forma de ocupar su tiempo. Empezó a escribir. Pese a que llevaba años escribiendo libros sobre economía, comenzó a escribir sobre su vida personal, sus historias de la política y su infancia. Con sus libros aprendí a conocer aún más a ese ser humano maravilloso, que cambió los números y las estadísticas por palabras y nos abrió las puertas a su pasado y nos emocionó. Sus memorias de vida nos unieron como familia y lo siguen haciendo. Esta etapa de vida más sencilla y más retirada seguramente le costó mucho a mi papá, pero a su vez nos dejó tantas hermosa experiencias y aprendizajes que no me alcanzan las hojas para exponer. Fue una etapa de recuperación: volvió a su casa donde nació, recuperó su primer hogar, recuperó su vida privada, sus amigos del club y en especial, a su familia.


. La honestidad y el trabajo son el único camino para conseguir las cosas: mi papá es, aún hoy, ya retirado, un gran trabajador. Siempre está haciendo algo por su familia y su comunidad, una comunidad que cuestionó en una época oscura cada una de sus acciones. Hubo un par de años en la vida política de mi papá en el que le tocó pagar por la mayoría. Yo no estaba en Argentina, pero mi familia la pasó mal y en especial él. Aún hoy pienso en esos días y tengo bronca. Pero sé que mi papá duerme tranquilo y que sus amigos de la vida política, de diferentes partidos y afiliaciones le tienen un respeto enorme por su fidelidad y honestidad. Cuando mi hermana Natalia tuvo un accidente que casi le cuesta la vida, algunas sus ‘rivales’ en la vida política nos abrieron las puertas de sus casas y nos ayudaron de una forma hermosa. Y eso, siempre le digo a mi papá, fue la cosecha de su siembra de tantos años.

. Detrás de un gran padre, hay una gran familia (y viceversa): Una vez mi papá me dijo, en la cocina de mi casa "he cometido muchos errores, pero tengo cinco certezas, que son ustedes".
Mucha gente fantasea con cómo es la vida de un hijo de un político importante. Cuando mi papá fue electo diputado por primera vez, y segunda y tercera, el resto de la familia se ajustó con altibajos a los cambios. Mi papá viajaba todas las semanas y mi mamá nos tenía a su cargo a los cinco hermanos Lamberto. Nosotros no cambiamos nuestras amistades, ni cambiamos de escuela, ni nos mudamos a una casa grande, ni compramos una mansión en Miami, ni nos fuimos de vacaciones a Punta del Este. No. yo seguí estudiando y trabajando, y en mi caso, y creo que lo mismo con mis hermanos, lo hicimos aún con más dedicación porque nos tocaba demostrar a los críticos de todo y por todo, que el trabajo que teníamos no era porque mi papá nos había puesto allí para que nos pagaran por el apellido, sino que estábamos ocupando un puesto porque teníamos la capacidad y la intención de hacer un buen trabajo. También porque no queríamos decepcionar a mi papá, no porque era diputado, sino porque era nuestro padre. Creanme, tenía pavor de hacerlo quedar mal.
Yo me fui lejos, a un país donde el apellido no tenía connotación alguna. Antes la gente me preguntaba, ah vos sos hija del diputado? Ahora me preguntan, eres italiana?. Cualquiera sea el caso, estoy orgullosa de ser Lamberto. De ser parte de una familia en la que mis padres son mis ejemplos. Ser parte de una familia en la que mis hijas y mi esposo tienen un lugar especial, son amados y esperados, y en las que su Abu (como le decimos a mi papá ahora) los quiere y los visita y los espera con el mismo amor que lo hace con cada uno de sus hijos y nietos.

¡Feliz día del Padre!


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