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Curiosidades

El conjuro: Warner Bros. casi prueba que existen fantasmas a causa de una demanda

Publicado 15 Dic 2017 – 01:40 PM EST | Actualizado 23 Mar 2018 – 10:09 AM EDT
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Promocionar El conjuro, la saga de horror dirigida por James Wan, como una historia «basada en hechos reales», fue sin dudas una efectiva estrategia de marketing para Warner Bros., pero es también un poco engañosa.

Técnicamente es cierta, pero se presta para el malentendido.

Los hechos reales y comprobables son que sus protagonistas, la pareja de Ed y Lorraine Warren (interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga), existieron y llevaron a cabo numerosas investigaciones paranormales, convencidos (o no) de que los casos que enfrentaban no eran otra cosa que posesiones fantasmales o demoníacas.

Sin embargo, la veracidad o la existencia misma de esos demonios y fantasmas que los Warren decían combatir es más discutible o, dependiendo a quien se le pregunte, es llanamente falso (si me preguntan a mí, por ejemplo).

Pero esta ambigüedad carga a la película de un aire tal vez más espeluznante e impactante, al ser percibida por muchos como una historia surgida de la realidad y no de la imaginación de un guionista (que sí lo es, además de un producto de la imaginación de los Warren en aquella supuesta realidad original.

Si son hechos reales, pruébalo

Ahora esa etiqueta de «basada en hechos reales» que Warner Bros. le había imprimido a El conjuro se ha vuelto en su contra, en medio de una demanda por los derechos de la historia.

El denunciante es Gerald Brittle, autor de un libro de 1980 llamado The Demonologist que se centra también en la vida y las experiencias de los Warren como investigadores paranormales.

Brittle asegura que Warner Bros., la productora New Line y el director James Wan infringieron un acuerdo que él había firmado con los Warren en el que se le concedía la exclusividad de cualquier obra basada en su trabajo. Para hacer la película, Warner Bros. debería haberle pagado a Brittle por los derechos, así que ahora, después de dos películas y dos spin-off, el denunciante les exigió un pago de 900 millones de dólares al estudio.

Warner Bros. se defendió, apelando al argumento que ya había sido su gancho promocional: dijeron que su saga El conjuro no tiene nada que ver con el libro The Demonologist, sino que está basada en hechos reales. Nadie tiene los derechos de adaptación al cine de la realidad.

Pero el contraargumento de los demandantes fue contundente: no puede estar basada en hechos reales porque los fantasmas, las brujas, las posesiones y el culto satánico que muestra la película nunca existieron. Gerald Brittle asegura que los Warren eran en definitiva unos mentirosos y estafadores.

«Warner Bros. ha reconocido públicamente que El conjuro está basada en el caso de la Granja Perron» dicen los denunciantes, refiriéndose a la historia de la primera película, «pero ese caso no es un hecho real, es parte del patrón de engaño que los Warren perpetraron por años... No hay sustento histórico de que haya existido una bruja que se ahorcó en esa casa, ni de ningún culto satánico ni sacrificios infantiles».

Brittle asegura que en Warner Bros. tenían muy presente su libro a la hora de hacer la película pero prefirieron ignorarlo pensando que nadie se daría cuenta. Según el autor, James Wan elogió su libro en Twitter en 2011, antes de que se escribiera el guion de la primera película, diciendo que era «el libro más aterrador que había leído».

Si Warner Bros. hubiese querido evitar pagar estos 900 millones que reclamaba Brittle, tenía que probar que los fantasmas, brujas y demonios eran reales.

Desafortunadamente, el litigio se resolvió de un modo mucho más aburrido.

Según se reveló en estos días, ambas partes llegaron a un acuerdo, que no es otra cosa que un eufemismo para decir que Warner Bros. le dio una buena suma a Brittle —y tal vez alguna tajada en futuros lanzamientos de la franquicia— para que se olvide del asunto y no deje mal parado al estudio como el que quiso establecer una artimaña para salirse con le hecho de haber ignorado los derechos de una historia que les resultó muy beneficiosa.

Los abogados del denunciante dijeron que «el Sr. Brittle se dio cuenta que entablar esta demanda fue un error, y que New Line no cometió ningún infringimiento».

Un giro de 180 grados en la posición del autor de The Demonologist, que tal vez en el proceso fue poseído por un demonio, lo cual explicaría todo.

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