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Yihadismo

Así se unió mi hijo al ISIS: los testimonios de las madres de la yihad

La periodista Alexandra Gil reúne en un libro los testimonios de las familias de jóvenes reclutados en Francia y Bélgica. El objetivo: evitar que vuelva a ocurrir.
6 May 2017 – 7:56 AM EDT

En el vientre de la yihad es un retrato del terror desde un punto de vista casi inédito: el de las madres de los adolescentes europeos que abandonaron a sus familias para enrolarse en las filas del ISIS y combatir en Siria o Irak.

La autora del libro es la española Alexandra Gil, que ejerce desde hace años como reportera y editora afincada en París. En el vientre de la yihad nació de esta historia que Alexandra publicó en el medio digital El Español en abril de 2016. Su protagonista es Quentin, un adolescente reclutado por los yihadistas en una ciudad pequeña a las afueras de París.

Véronique, la madre de Quentin, es una de las siete madres que ofrecen su testimonio en el libro, que incluye también las palabras de un padre y de una hermana de personas reclutadas por el yihadismo en Francia y Bélgica.

El libro narra las historias de ocho adolescentes: siete varones y una mujer. Cuatro de ellos han muerto mientras combatían en las filas del ISIS, tres permanecen en Siria y otro volvió arrepentido y cumple condena en una prisión francesa. Todos tenían entre 18 y 26 años cuando un reclutador los separó de sus familias y los convenció de que debían partir hacia Siria a hacer la yihad. Cuatro son conversos y otros cuatro se criaron en familias de origen musulmán.

Las historias que retrata el libro no son una anécdota. Según el Gobierno francés, entre 1.000 y 2.000 franceses se mudaron a los territorios controlados por el ISIS en algún momento entre 2012 y septiembre de 2016. Al menos 203 habían vuelto a Francia y 219 habían caído en combate en Siria o Irak.

Hasta 400 menores franceses se encuentran en territorio del ISIS y el Gobierno calcula que dos tercios llegaron con sus padres. El otro tercio lo componen niños menores de cuatro años que nacieron allí.

En el vientre de la yihad es un libro que invita al lector a preguntarse por las raíces del terrorismo y cuestiona algunos clichés sobre la amenaza de la yihad. Los terroristas que aparecen aquí no son refugiados ni jóvenes venidos de países lejanos sino jóvenes reclutados por personas sin escrúpulos en un momento de debilidad.

El libro retrata el lavado de cerebro de los reclutadores, que cobran miles de euros por su trabajo y que adaptan su mensaje a los puntos débiles de cada uno de los jóvenes: el fantasma de un padre ausente, la curiosidad espiritual o los problemas para encontrar un empleo o para ir a la universidad.

Un diente colgado al cuello

En el vientre de la yihad está lleno de detalles extraordinarios. Marie Agnès, por ejemplo, todavía lleva colgada al cuello una cadena de oro con el primer diente de su hijo. El joven se llamaba Pierre y nada hacía presagiar que pudiera terminar volando por los aires en un atentado con un camión bomba en la ciudad iraquí de Tikrit.
Marie-Agnès todavía habla con su hijo como si estuviera vivo y sufre por no tener la certeza de una tumba o un certificado de defunción. Se enteró de su muerte mientras estaba ingresada en un hospital al ver un vídeo en el que Pierre explicaba su fidelidad al ISIS antes de subirse a un camión y hacerse estallar.

Muchas de las madres del libro (incluida Marie-Agnès) han intentado entrar en Siria para buscar a sus hijos pero ninguna lo ha logrado. Su sufrimiento de la pérdida de un ser querido es más profundo por el contexto doméstico e internacional.

Muchas sufren en silencio para no ser señaladas en su puesto de trabajo y alguna sigue pagando el crédito que pidió su hijo para poder estudiar. Si envían dinero a sus hijos, pueden ser condenadas por financiar el terrorismo. Todas son conscientes de que los servicios de inteligencia han intervenido sus comunicaciones y aun así algunas se han arriesgado a enviarles mensajes cifrados movidas por un afán de protección.

Algunas de las familias que aparecen en el libro se sienten indefensas al saber que la policía conocía de antemano los planes de sus hijos y no hizo nada por evitarlos. El caso más extremo es el de Jacqueline y Ayoub, que dieron el paso de denunciar a su hijo en Bruselas pensando que así frenarían su huida. Unos días después, huyó sin que ninguno de los controles pudiera evitarlo.

Omar es el único padre que aparece en el libro y su historia es muy llamativa. Los reclutadores convencieron a su hijo Marwan de que su padre era un mal musulmán porque tenía una lata de cerveza en la nevera y porque se había divorciado de su madre. El niño dejó de hablarle y se fue a combatir en las filas del ISIS pero el padre le envió una carta: “Si un día quieres volver, escucha atentamente: escoge el día de la confusión. Un bombardeo, un revuelo, lo que sea. Un día en que tu superior no tenga tiempo de reuniros a todos porque es el caos. Ese será tu día. Huye por la noche porque no te verá nadie”.

Así fue como escapó Marwan, que ahora cumple condena por yihadismo en una prisión francesa. Su padre ahora está tranquilo y ha recobrado la relación con su hijo pero tiene miedo de lo que pueda ocurrir cuando salga de la cárcel. Teme que vuelva a enrolarse en la yihad.

El libro ofrece algunas pinceladas reveladoras sobre la sociedad francesa. Hay un alcalde que no quiere difundir el número de teléfono para evitar el reclutamiento de yihadistas por miedo a perder votos musulmanes. También periodistas sin escrúpulos que explotan el dolor de las madres y vecinos y compañeros de trabajo que en cambio hacen lo posible por rescatarlas de la desesperación.

Un dolor especial

En el vientre de la yihad traza el retrato de un país en estado de excepción. Hasta 238 personas han muerto asesinadas en atentados terroristas en Francia desde enero de 2015. Un dolor adicional sobrecoge a las madres del libro cada vez que se perpetra un ataque: la sospecha de que su hijo puede ser uno de los autores de cada nueva atrocidad.

Algunas interpelan a sus hijos sobre los estragos de los yihadistas. Otras optan por no decirles nada por miedo a que corten dejen de responder a sus mensajes. Muchas rezan por que sus hijos no emprendan el camino de vuelta para atentar en suelo francés.

El libro refleja el enfado que sienten las madres hacia el Estado que no pudo evitar la radicalización de sus hijos pero también su cólera contra los yihadistas que aprovechan las ventajas que ofrece la sociedad occidental. Omar, que vivió el ascenso de islamismo en Argelia, ofrece esta advertencia casi al final del libro: “Cuando yo era un mocoso [en Argelia], los islamistas empezaron a rondar en asociaciones y parecía que sólo estaban ahí para ayudar. Yo lo veía. Si no tenías recursos, te ofrecían la mezquita o te daban de comer… Eran silenciosos y parecían inofensivos porque todavía estaban en posición de debilidad. Pero en los años 80, cuando yo tenía 20 años, les llegó el momento, fueron ganando terreno y ocuparon la posición de fuerza. Y es exactamente lo que está pasando en Europa ahora mismo. Esa gente ya está en Europa y utiliza los derechos, las leyes, la democracia precisamente para luchar contra esa democracia”.


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