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Virus del Zika

Video: Tuve zika cuando estaba embarazada. Hoy tengo un hijo con microcefalia

Francileide de Lima Ferreira tuvo síntomas del virus del Zika a principios de su embarazo, pero no imaginó las consecuencias que la infección podía tener en el desarrollo cerebral de su pequeño Rafael.
18 May 2016 – 5:44 PM EDT

Galante, Paraíba (Brasil).- Francileide de Lima Ferreira no camina, corre. Rafaelito, su quinto hijo, quiere estar en sus brazos todo el tiempo. Su llanto penetrante la obliga a correr a hacerle su leche de fórmula, a lavarlo, a prevenir que el polvo lo moleste, en su pequeñísima casa ubicada en el noreste de Brasil.

Apenas el año pasado, Francileide, de 30 años, estaba construyendo un nuevo futuro. Se había mudado de su villa rural del estado de Paraíba a Río de Janeiro. Vivía con su marido y estaba embarazada de Rafael. Todo cambió en el momento en que comenzó a percibir una erupción en su cuerpo, tenía fiebre.

Durante la primera ecografía de control, le dijeron que había líquido en su cabeza. "Nunca pensé que se iba a tratar de esta enfermedad. Nunca antes había oído hablar de la microcefalia".

Francileide es una de las miles de mujeres brasileñas que han contraído el virus del Zika durante el embarazo. Rafaelito nació con microcefalia, una malformación congénita irreversible que hace que el cerebro no se termine de desarrollar y que el cráneo sea más pequeño: una de las discapacidades más visibles resultantes de la infección de zika en el útero.


Mientras el zika continúa propagándose en Brasil — a tres meses de los Juegos Olímpicos— y otras naciones de las Américas, las madres del hemisferio están empezando a dar a luz a niños con distintos problemas neurológicos. En Colombia ya fueron confirmados dos casos de microcefalia vinculados al zika; el Ministerio de Salud estima que podrían presentarse entre 95 y 300. En Puerto Rico, donde también hay transmisión activa, el Departamento de Salud informó hace pocos días del primer caso de microcefalia asociado al virus: la madre perdió el bebé y tras distintas pruebas se confirmó que el feto también presentaba calcificaciones severas en el cerebro. A principios de mayo también se detectó la primera microcefalia en una bebé cuya madre tuvo zika durante el embarazo en Venezuela.

Los científicos solo están empezando a comprender los efectos del virus en el cerebro en desarrollo.

En Paraíba, Francileide mantenía a su familia limpiando casas cuando podía encontrar trabajo. El virus aparentemente inocuo que la enfermó cuando tenía dos meses de embarazo no la preocupó mucho. Sus vecinos tuvieron lo mismo y luego se les pasó a los días, sin dejar rastro. Viajó a Río como tenía previsto, con la esperanza de ganar un salario mejor, al igual que muchos migrantes de los estados del noreste afectados por la sequía en Brasil.


"La prima de mi marido es profesora. Pensé en trabajar con ella, en que de pronto podíamos abrir una guardería. Yo hubiese sido la encargada de bañar a los niños por que no sé leer, soy analfabeta. Pero aún así iba a ayudarla".

La epidemia de zika en Brasil interrumpió sus sueños.

Brasil: el país donde comenzó el brote en las Américas

El primer caso del virus en Brasil fue identificado en marzo de 2015, pero los investigadores ahora creen que el virus probablemente llegó al país desde la Polinesia Francesa en 2013 y permaneció un tiempo sin ser detectado.

En 2015, obstetras —especialmente en el noreste— comenzaron a observar un alarmante aumento en el número de bebés que nacían con estructuras cerebrales subdesarrolladas. En noviembre de 2015, la obstetra Adriana Melo estudió en Campina Grande el líquido amniótico de dos madres con bebés microcefálicos. El resultado dio positivo al zika, lo que sugiere fuertemente que el virus en el útero es la causa del daño neurológico. El pasado mes de abril, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC) confirmaron el vínculo entre el zika y ciertos defectos de nacimiento.

Se estima que aproximadamente 1% de los bebés nacidos de madres que tuvieron zika durante el embarazo. Pero muchos más podrían desarrollar serias complicaciones neurológicas, que podrían ir desde trastornos convulsivos a hidrocefalia, un exceso de líquido en la cabeza. Desde que el gobierno brasileño comenzó a recopilar datos el año pasado, se han confirmado en el país 1,384 casos de microcefalia y de otros cambios en el sistema nervioso central. Un total de 3,332 casos sospechosos de infección congénita de zika continúan bajo investigación.


Después de su ultrasonido en Río, Francileide volvió a Paraíba, para estar más cerca de su familia y así poder cuidar de Rafael cuando naciera. Ya ella no trabaja: se queda al lado de su bebé todo el día y sobrevive con el programa social que recibe, conocido como Bolsa Familia.

Dos veces a la semana, un auto del gobierno municipal lleva a Francileide y a Rafael a un hospital en la cercana ciudad de Campina Grande, donde unas 30 madres reciben tratamiento para los bebés afectados por el virus del Zika. Rafael se encuentra con un fisioterapeuta y otros médicos, y luego él y Francileide asisten a un grupo de apoyo psicológico donde las madres pueden compartir sus problemas y triunfos la una con la otra.

Nacer con microcefalia no siempre conlleva las mismas consecuencias, el grado de severidad puede variar, y ello representa una fuente de esperanza, pero también de ansiedad para las madres que aún desconocen la magnitud de la discapacidad de sus niños. La intervención temprana es fundamental para ayudar a los bebés a cumplir metas como caminar y hablar. Sin embargo, muchos tendrán necesidades especiales toda su vida.

Un problema de desigualdad

Por ahora, la transmisión congénita del zika no tiene cura. La única esperanza para prevenir nuevos casos es tratar de erradicar el mosquito Aedes aegypti, el vector principal de la enfermedad. Agentes de salud pública en muchas ciudades ahora hacen visitas a domicilio para identificar criaderos de mosquitos y aplicar larvicidas. Pero es una batalla cuesta arriba contra los charcos y macetas, los baldes y las botellas de soda que se desechan, las llantas y todos aquellos lugares donde el agua se acumula y los mosquitos pueden reproducirse.

En Brasil, un país con dramáticas desigualdades sociales, las comunidades de bajos ingresos sufren de manera desproporcionada de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue y el zika. Los pobres tienen menos acceso a agua potable limpia, de manera consistente, y más de la mitad de los brasileños no tienen recolección de aguas residuales.


El gobierno federal se ha comprometido a aportar aproximadamente 175 millones de dólares para la investigación, la erradicación del mosquito, el desarrollo de vacunas, el tratamiento y la infraestructura de saneamiento. Pero frente a una profunda recesión, un enorme escándalo de corrupción, y una presidenta que acaba de enfrentar un juicio político, la capacidad del país para entregar esos recursos en los próximos años aún está por verse.

En la casa de Francileide, las crisis de la nación solo son el ruido de fondo de las noticias de televisión. Aquí, los problemas de este niño son mucho más apremiantes. Los médicos la visitan para verificar el crecimiento de Rafael. Ha crecido, pero no tanto como se esperaba. El tiempo pasa lentamente y sin embargo, con demasiada rapidez para que a Francileide le dé tiempo de recuperar el aliento.

Para ella todavía existen las pequeñas alegrías.

"Me sentí feliz cuando comenzó a reír. Me ponía triste que no se riera. Pero después de que sonrió, el aire comenzó a sentirse diferente ".

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