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The accused Mexican drug trafficker, El Chapo Guzman, is set to be extradited to the U.S.

Joaquín “El Chapo” Guzmán: perfil psicológico

Joaquín “El Chapo” Guzmán: perfil psicológico

Se ha dicho que 'El Chapo' Guzmán tiene rasgos de personalidad consistentes con la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo. Esta es la valoración de una sicóloga sobre el líder del cartel de Sinaloa.

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The accused Mexican drug trafficker, El Chapo Guzman, is set to be extradited to the U.S.

Se ha dicho que 'El Chapo' Guzmán tiene rasgos de personalidad consistentes con la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo. Estas tres características se conocen con el nombre de la Tríada Oscura de la Personalidad. En el expediente 0451/AJ/95 del Centro Federal de Readaptación Social No 1, de la Procuraduría General de la Republica, Estado de México, se incluye un estudio clínico criminológico del Joaquín Guzmán Loera, en el cual se le atribuye una estructura de personalidad antisocial con marcados rasgos egocéntricos y narcisistas. Allí, se le adjudican, además, los siguientes rasgos: astuto, perseverante, tenaz, meticuloso, selectivo, manipulador, hermético y cautivador.

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El constructo llamado “maquiavélico” no es un trastorno de personalidad, per se, como si lo son el narcisismo y la psicopatía. “Maquiavélico” deriva de la obra “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, donde se evidencia un modo de adquirir y mantener poder a través de la manipulación, con metas y medios claramente definidos y sobresalientes habilidades de planeación, organización y negociación, con el eje siempre puesto en el propio interés. De la sierra al imperio, se ha dicho del Chapo que ha sido muy hábil en implementar medios para sus fines, reclutando gente leal y de su confianza para garantizar la permanencia de su enorme estructura, convirtiéndose en un empresario inescrupuloso y hábil negociador.

Sin duda, este prófugo legendario ha protagonizado eventos espectaculares; el Capo del Cartel de Sinaloa se ha vuelto casi una leyenda. Expertos q lo estudian han afirmado que mucha gente lo ve como un héroe, un Robin Hood, un hombre actualizado que nació de la pobreza y fue capaz de construir un imperio. Poderoso y glorificado, es más una figura sobredimensionada que un enemigo público al que se le atribuyen varias obras de benevolencia. El buen capo "debe ser generoso y cruel," plantea un ex agente de inteligencia mexicano en su libro Maquiavelo para narcos, bajo el seudónimo de Tomás Borges. Guzmán, parece postularse como un protector con la capacidad de infundir un "temor reverencial " y, con una mirada que produce miedo y admiración al mismo tiempo, generando una lealtad incondicional.

Los momentos clave de ‘El Chapo’ Guzmán: apogeo, caída, extradición y juicio (FOTOS)

Una característica común de las personalidades narcisistas y psicópatas es el trato del otro como objeto o instrumento para la propia satisfacción. Tanto la personalidad psicópata como la narcisista refuerzan el ego mediante la generación de sentimientos de dependencia y lealtad, creando un entorno de complicidad y sacrificio que le beneficia. El elemento maquiavélico parecería agregar una gran capacidad de raciocinio y habilidad para manipular el entorno. Incluso la agresividad (activa o pasiva) parecería estar mediada por esa misma conveniencia, presentándose más como un medio hacia un fin que como un acto de impulsividad. Se dice que El Chapo usaba actos de venganza para lograr un rédito, usando la violencia como un método de convencimiento para ser percibido como alguien que cumple sus compromisos, ser reconocido como un líder, generando así vínculos de confianza que le garantizarían el éxito de sus empresas. En este contexto, sus actos de venganzas han sido examinados como una respuesta racionalmente calculada con vistas a dañar a su adversario, utilizando sus debilidades para producirle el mayor daño posible. Se estima que el verdadero psicópata no es el solo el que ejerce la violencia hacia el otro de modo abierto y evidente, sino aquel que, para lograr sus metas, usa el juego más sutil de la manipulación, las amenazas y promesas, jugando con las expectativas de los demás, para obtener el consentimiento de los otros a hacer lo que él quiere.

Más allá de los varios subtipos, los rasgos narcisistas y psicópatas (o antisociales) se superponen, ya que dichas personalidades comparten características clínicas y se complementan: todas presentan un marcado egocentrismo, una necesidad de superioridad y una ambición desmedida de poder. El narcisismo es una tendencia a la grandiosidad y la auto-indulgencia. Personas que padecen este trastorno tienen muchas dificultades en aceptar criticas o ver las propias y se vinculan con el otro a través de la explotación. El narcisista se regocija en la admiración, los tratos especiales y tiene un exacerbado sentido del derecho. Está exento de culpa porque para él no existe autocritica o atribución de responsabilidad; su ego no lo permite.
Existe una correlación significativa entre la conducta criminal y el trastorno de personalidad conocido como psicopatía. Dentro de las subcategorías, el psicópata puede o no tener características perversas y/o antisociales; no todo psicópata es un perverso y antisocial ni todo perverso es un psicópata. En la personalidad psicopática hay ausencia de culpabilidad, convirtiéndose así en una patología de la responsabilidad (más vale la falta de), un rasgo que puede estar presente, también, en el narcisista. El psicópata no duda y la falta de remordimiento es también un signo clave. Ambos, el narcisista y el psicópata, con su ego superlativo, sus ambiciones y metas claras - casi obsesivas- hacen que se tenga una gran tolerancia a la frustración, con una gran capacidad de análisis y de recuperación, transformando sus debilidades en fortalezas, rasgos que se le han atribuido al Chapo.

Fotos: Así era el último escondite de "El Chapo"

Tanto las personalidades narcisistas como las psicópatas pueden tener rasgos seductores. Si bien, ser seductor no es patológico en sí mismo, puede ser visto como una característica manipuladora y carente de empatía. El Chapo “tiene esta necesidad de estar enamorando a las mujeres”, sostiene Alejandro Almazán, un premiado periodista mexicano. Se agrega que
“su manera de conquistarlas es casi turbulenta”, seduciéndolas con dinero o con armas. Ese modo de vincularse en las relaciones interpersonales, es propio de personalidades narcisistas y psicópatas, que ven al otro como un objeto para sí mismos. Percibido como un romántico, parecería que algunos de sus rasgos son consistentes con la subcategoría llamada “amorosa” del narcisismo, con atributos románticos y carismáticos. Tal vez, como se ha dicho, las mujeres sean el talón de Aquiles del Chapo, pero también parece haber rasgos explotadores y compensatorios, en tanto los otros son “para él.”

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Los trastornos de personalidad, como cualquier otro desorden psicológico, tienen origen en la infancia, siendo que aquellos eventos resultan determinantes de la estructura psicológica. En su biografía más leída, Anabel Hernández, dice que el padre del Chapo era agresivo, lo golpeaba, que en el hogar había violencia doméstica y consumo excesivo de alcohol. El Chapo solía acompañar a su padre a llevar marihuana a lomo de burro para luego observar como gastaba el dinero en alcohol. Según ciertas teorías psicológicas, lo decisivo en este tipo de personalidades, es la función paterna. Hilando aún más fino, se puede afirmar, casi con certeza, que debajo de estas personalidades hay miedo. Lejano, inescrutable y casi irreconocible; miedo es el sustrato de estos trastornos. En este sentido, tanto en la personalidad psicópata como en la narcisista, existe una existencia paradójica y concomitante de poder y vulnerabilidad, una construcción impulsada, en gran medida, por el objetivo de la autoafirmación, de auto confirmación y auto estima. De este modo, estos trastornos se convierten en un mecanismo compensatorio, casi de defensa. Se ha dicho que el Chapo expreso mucho temor a perder su libertad (claramente evidenciado en sus espectaculares escapes), incluso sugiriendo un estado depresivo y hasta tendencias suicidas, lo cual pondría en evidencia ese miedo subyacente.

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Por último, traumas infantiles pueden formar algún complejo de inferioridad y gestar frustración y resentimiento. Esos sentimientos pueden producir una necesidad superlativa de superioridad y poder, precisamente para poder paliar aquella decepción. Expertos han señalado este complejo de inferioridad en el Chapo, alegando su origen en su baja estatura (de ahí su apodo chapo, de chaparro), impulsando, como mecanismo compensatorio, la necesidad de mostrar superioridad y poder. Efectos de una infancia mala, con sufrimientos o rechazos, un entorno familiar destructivo, donde se castiga injustamente a los hijos y, en lugar de valorar, se ridiculiza y se humilla, resulta en personas que no se aceptan a sí mismas o se infravaloran. Para salvar las defensas psicológicas, se producen deseos incontrolables de compensar, determinando así actitudes egocéntricas, adoptando objetivos de vida poco realistas, que a menudo se manifiestan como una voluntad de poder y dominio y que pueden conducir a a diversos tipos de comportamiento antisocial. Esto explicaría el salto, casi legendario y heroico -pero criminal y despiadado- del metro sesenta y cinco al mito, del niño maltratado y rechazado al centro de atención y la superioridad.

En fotos: la extradición de 'El Chapo' Guzmán a Estados Unidos
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