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La primera cena de estado de los Trump: sin demócratas, pero con lechugas del huerto de los Obama

La cena ofrecida al presidente francés Emmanuel Macron destilará política no solo porque los mantarios discutirán asuntos como la relación con Rusia y Siria, sino porque además, desafiando todo protocolo, ningún miembro demócrata del Congreso ni el líder del partido opositor han sido invitados.
24 Abr 2018 – 04:18 AM EDT
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Imagen compartida por Melania Trump ultimando los detalles de los preparativos para la primera cena de estado que ofrecerán los Trump en la Casa Blanca. Crédito: @Flotus

Después de su aparición en el funeral de Bárbara Bush, sin contar a su lado con su esposo y rompiendo su acostumbrado mutismo compartiendo un lugar en la foto con los Obama, los Clinton y los Bush, Melania Trump se enfrenta de nuevo a un evento protocolar que pondrá todos los ojos sobre ella: la primera cena de estado celebrada en la Casa Blanca. Los invitados el presidente francés, Emmanuel Macron y su esposa Brigitte Macron.

Mientras el mandatario francés y Donald Trump tendrán la oportunidad de abordar una compleja agenda internacional que va desde un tratado nucelar con Irán, Corea del Norte, la tensa situación con Rusia y Siria tras los ataques al arsenal químico de este país y el cambio climático, será trabajo de Melania Trump afianzar a través de los detalles, las cenas, los regalos y la agenda misma los lazos con un gobierno con el que Trump parece estar interesado en crear empatía.

Al fin y al cabo para ese sirven las cenas de estados, para hacer política de forma más elegante.

En su faceta más seria, la cena destilará política al no tener incluido a ningún miembro demócrata del Congreso en la lista de invitados, al haber roto la tradición de invitar a líder del partido opositor, y al haber dejado a gente de la prensa y famosos por fuera al reducir los participantes de 300 -que es lo que acostumbraba la administración anterior- a 120.

En la faceta más banal, por su parte, los vetos partidistas parecen dejarse de lado a juzgar por la disposición de la misma Melania Trump de que en la entrada de la cena se incluyan variedades de lechugas y vegetales obtenidos directamente de la huerta que cuidadosamente creó Michelle Obama y que fuera de todo pronóstico ella ha cuidado y mantenido en la Casa Blanca, a pesar de los sabidos malos habitos alimenticios de su esposo. Además, 43 piezas de la vajilla de los Bush y de los Clinton fueron elegidas para disponer la mesa.


Pero en general, los detalles de los platos que serán servidos han sido cuidados sobre todo para complacer a los visitantes franceses, a juzgar por los sabores elegidos que buscarán crer una mezcla sutil de la comida de Estados Unidos con toques franceses que incluirá un pastel de queso de cabra con mermelada de tomate, biscuits, además de cordero y el tradicional arroz jambalaya de Louisina.


El presidente y la primera dama francesa serán homenajeados además con otro regalo, una silla tallada con un aguila dorada rodeada de laureles que ha pertenecido a la Sala Azul de la Casa Blanca desde la época del presidente James Monroe. Se trata de una de las 53 piezas diseñadas por Pierre-Antoine Bellangé, que tras diseñar palacios reales en Francia hizo estas valiosas piezas por encargo. Aunque estos muebles cayeron en el olvido durante años, fue la mismísima Jacky Kennedy quien los redescubrió y restauró, sin saber que décadas después una de esas piezas iría a ser un homenaje para el gobierno francés.

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Como parte de los preparativos previos a la cena de estado, y en el calculado entramado de simbolismos, se planeó el lunes un tour en helicóptero de Macron por la ciudad de Mount Vernon, elegida justo por ser diseñada por el arquitecto estadounidense nacido en Francia Pierre Charles L’Enfant. El mandatario francés, por su parte, le regaló un roble a los Trump proviente del bosque Belleau, el lugar en donde durante la Primera Guerra Mundial más de 9,000 marines estadounidenses murieron. “Un símbolo importante del sacrificio de Estados Unidos para garantizar la paz y la estabilidad en Europa”, refirieron los Macron.

Después de tanto ajedrez político a la primera dama le corresponderá hacer la última jugada a través de su vestido, uno que de ser elegido correctamente será un homenaje a la vez a la cultura francesa de la moda y a las manos estadounidenses creadoras, aunque ya sabemos que ni a Donald Trump en la política, ni Melania Trump en los asuntos del protocolo les gusta ajustarse mucho a lo que se espera de sus roles. Habrá, por último, que esperar que Donald Trump no largue otro impertinente piropo hacia la esposa de Macron señalando su edad como lo hizo en el encuentro pasado en París.

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