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Nutrición

Por qué es urgente desterrar los alimentos ultraprocesados y pasarse a la comida real

¿Acaso no es real toda la comida? Si hacemos caso al movimiento #realfood (y la ciencia que lo apoya) la respuesta es un rotundo no. Nos atiborramos de comida falsa o ultraprocesados y pagamos las consecuencias con obesidad, diabetes y otras enfermades que van minando nuestra salud poco a poco.
10 Mar 2019 – 11:27 AM EDT

Entre la maraña de noticias contradictorias que prácticamente a diario se producen en el campo de la nutrición, es muy refrescante escribir sobre un enfoque tan claro como el que lidera el nutricionista español Carlos Ríos, una estrella en redes sociales con más de 624,000 seguidores en Instagram.

El punto de partida de es este: si está envuelto en plástico, si el paquete tiene colores fuertes y brillantes, si la etiqueta tiene más de cinco ingredientes, desconfía. Probablemente se trate de un ultraprocesado: alimentos que han sufrido un procesamiento donde se les añade, retira, mezcla, texturiza, ingredientes de baja calidad, y/o donde el propio procesamiento disminuye su calidad. Las lentejas o el apio son un alimento real, las papas fritas de bolsa no. El mensaje, por tanto, es bastante simple: sacar a los ultraprocesados del lugar prominente que ocupan en nuestra despensa y resaltar su nocividad para la salud.

¿Así de fácil es cuidar de la salud? “Es un buen primer paso; es muy básico saber qué tienes que dejar en las estanterías cuando entras al súper", señala Ríos a Univision Noticias. Este joven nutricionista de Huelva, en el sur de España, acaba de lanzar Come comida real, un libro que compendia las bases del movimiento #realfood. Es también una fuerte crítica a la poderosa industria alimentaria que, en su opinión, tiene engañada a la mayoría de la población con respecto a su alimentación. "Como en la película Matrix, vivimos en un mundo en el que no comemos comida real, sino productos que han puesto ante nuestros ojos", señala Ríos.


Por qué no hay que comer de todo


Ese consejo, que todavía está tan extendido, nos llevará a caer en la comida insana. La mayoría del público desconoce que el 80% de los alimentos del supermercado son ultraprocesados. De esta forma, podemos creer que comemos saludable (o "un poco de todo", en el argot anticuado) cuando estos productos (como refrescos, zumos envasados, bollería, pan blanco, cereales refinados, galletas, precocinados o salsas, por citar algunos) generan efectos perjudiciales en nuestro organismo. No lo hacen inmediatamente, y este es uno de los grandes problemas. "Los ultraprocesados no son tóxicos agudos, sino productos insanos crónicos. Con el paso del tiempo, que puede abarcar meses, años o incluso décadas van dañando nuestro cuerpo hasta desencadenar fallos orgánicos".

De hecho, paradójicamente el sobrepeso y la obesidad pueden ser la salvación para muchos, ya que pueden espolear la motivación para empezar a cuidar la alimentación.

"En realidad, la industria alimentaria no conspira para matarnos, sino que ofrece su producto para ganar dinero. Y como más gana es con los ultraprocesados. Pero si los consumidores decidimos comprar otro tipo de alimentos, la industria tendrá que pivotar para adaptarse a esta demanda", señala.

Un estudio difundido hace unas semanas volvió a poner en la picota a ultraprocesados cuando señaló que por cada 10% de comida ultraprocesada que incluimos en la dieta se incrementan en un 14% las posibilidades de una muerte temprana. "Las comidas ultraprocesadas se fabrican industrialmente a partir de ingredientes que normalmente se utilizan para propósitos cosméticos o tecnológicos", señalaban los autores del estudio, elaborado en Francia y publicado en el diario JAMA.

Ríos recuerda que, en los tiempos que corren, alimentación y salud pueden resultar conceptos cada vez más excluyentes. “La alimentación se ha centrado en nutrientes y calorías, en lugar de alimentos, en lugar de comida real. Hablamos en términos de hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas, minerales… cuando todo eso no tiene nada que ver con la salud”, afirma Ríos. "Lo indignante es la compra de profesionales sanitarios, sociedades científicas, docentes o consensos de expertos, que son influenciados por este lobby de los procesados para recomendar estos productos a la población de forma directa o indirecta".


Alteran nuestro gusto


"Una parte de la población que consume ultraprocesados acaba generando una dependencia a ellos, porque estos productos aprietan los `´sensores de nuestro cerebro que generan bienestar a corto plazo y nos hacen seguir queriendo comerlos", explica. Cuanto mayor y más frecuente sea su consumo, mayor será la sensibilización ante los productos, de forma similar a lo que ocurre con otras drogas.

Es importante saber que los ultraprocesados pueden alterar nuestro gusto por la exposición crónica a sabores potentes y texturas sabrosas procedentes de la grasa, el azúcar y la sal, además de los potenciadores de sabor. Esto es algo muy fácil de comprobar: las zanahorias saben a rayos (o, mejor dicho, no saben a nada) tras unas pocas papas fritas de bolsa.

Si vives en un desierto alimentario, sin mercados en las cercanías u opciones de alimentos frescos, puedes apoyarte en los buenos procesados: alimentos reales que han tenido un procesamiento sin azúcar añadido, exceso de sal y harinas refinadas. Hablamos de verduras congeladas, botes de conserva al natural, aceite de oliva...

Después de todo, con un poco más de información (saber cocinar tampoco está de más), quizá no sea imposible vencer a Matrix.

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