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Construcción

Los obreros que fabrican topes de cocina se están enfermando y muriendo de una grave afección pulmonar

Una investigación de la máxima autoridad sanitaria de EEUU sobre 18 casos de silicosis en personas que laboraban en la fabricación de topes de cocina en cuatro estados deja en evidencia los riesgos a los que están expuestos los trabajadores –en su mayoría hispanos– cuando no se toman las medidas de precaución necesarias. Se presume que puede haber cientos o miles más.
6 Oct 2019 – 12:19 PM EDT

Los obreros que trabajan en la fabricación de topes de cocina y otros trabajos relacionados con la construcción están en riesgo de sufrir una enfermedad pulmonar irreversible, incurable y potencialmente letal, que puede prevenirse, a la que se le conoce como silicosis. La mayoría de los casos que describe un reporte de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades corresponden a hispanos.

De los 18 pacientes que han presentado síntomas en California, Colorado, Texas y Washington, dos fallecieron y otros presentan daño pulmonar severo. Se presume que podría haber cientos o hasta miles de casos más.

La silicosis es una enfermedad ocupacional que se desarrolla al inhalar partículas de sílice cristalina respirable, un mineral que al ser triturado, tallado o pulverizado produce gran cantidad de polvo respirable cuyas partículas son demasiado pequeñas para ser vistas, pero que pueden penetrar en las partes más profundas del pulmón, explican los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, la máxima autoridad sanitaria de Estados Unidos.

La piedra artificial que se usa para hacer los topes de cocina y de baño está constituida en un 90% por sílice o dióxido de silicio. Se ha hecho muy popular en los últimos años porque es más resistente y se mancha menos que otros materiales como el granito. Sus ventas se dispararon en 800% entre 2010 y 2018 revela una investigación de NPR.

Todo esto hace pensar que podría haber muchos más casos de silicosis entre los trabajadores que instalan, cortan o pulen este material. “Creemos que puede haber cientos, si es que no miles de casos de silicosis entre los trabajadores de la industria de la piedra artificial”, explicó Cecile Rose, profesora de medicina del Centro Judío de Salud y co-autora del estudio.


En 2018, esa industria empleó a 96,000 personas de las cuales unas 8,700 laboran en pequeñas plantas de fabricación. Si se extrapolan los datos de Australia donde encontraron que 12% de los obreros de la industria tenían silicosis, se estaría hablando de 11,500 obreros en EEUU que potencialmente podrían tenerla en EEUU, alerta el reporte.

“Muchos empleados de la industria son inmigrantes hispanos que pueden ser especialmente vulnerables a los peligros en el ambiente de trabajo porque tienen menos oportunidades de trabajo y poco acceso a cuidados médicos y enfrentan amenazas de retaliación si reportan malas condiciones laborales”, recalcan los autores y explican que, en consecuencia, esos obreros podrían no buscar atención médica hasta que los síntomas sean severos y la enfermedad ya esté demasiado avanzada.

Eso es lo que les ocurrió a muchos de los pacientes cuya historia se recopila en el reporte.

Uno de ellos era un hispano de apenas 38 años que murió por silicosis luego de trabajar puliendo y cortando los bordes de la piedra artificial en una fábrica de California que, según una inspección, tenía 22 veces el límite permitido de exposición. Luego las autoridades identificaron más casos asociados a esa fábrica. Todos eran hispanos. Algo similar ocurrió en Texas, Colorado y Washington.

“Predecibles y prevenibles”

Todo esto hubiera sido prevenible, advierte a NPR David Michaels, epidemiólogo de la Universidad de George Washingron que solía liderar la Administración de Seguridad Ocupacional y Salud (OSHA por sus siglas en inglés) del Departamento del Trabajo, una entidad que en 2015 emitió una advertencia sobre el alto riesgo de exposición para los trabajadores que fabricaban topes de cocina con piedra artificial. “Sabíamos que veríamos más casos. Estos casos eran predecibles y prevenibles”, dice.

En 2016 OSHA emitió nuevos límites permitidos de sílice en el aire, pero un año después la administración de Trump terminó el programa de esa agencia que ponía énfasis en el sílice y que hubiera permitido que se realizaran inspecciones especiales, relata Michaels a NPR.

LA OSHA aun puede investigar quejas de los trabajadores pero, dado que muchos son inmigrantes indocumentados, es poco probable que las haya, lo que hace aun más necesarias las inspecciones.

¿En qué consiste la prevención? En controlar el polvo mediante métodos como sistemas de aspiración o filtración.


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