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Cuando la tecnología del algoritmo es cruel: "No quiero ver anuncios de embarazo tras perder a mi bebé"

Continuar recibiendo publicidad de carritos y sujetadores para amamantar después de haber perdido a un hijo resulta tan cruel como habitual. Lo denuncia en una carta abierta a las redes sociales Gillian Brockell, editora de video en la sección de opinión del Washington Post, quien siguió recibiendo anuncios relacionados con crianza cuando había perdido al niño que esperaba.
16 Dic 2018 – 11:24 AM EST

“Queridas tecnológicas, no quiero ver anuncios de embarazos tras perder a mi bebé”, señala Gillian Brockell en una carta abierta dirigida a Twitter, Instagram, Facebook y Experian tras perder el mes pasado a su bebé. La carta, que se ha hecho viral en unos pocos días (se ha compartido cerca de 28,000 veces desde el martes pasado), pone sobre la mesa hasta qué punto la inteligencia artificial (los algoritmos que determinan qué es lo que veremos en nuestra pantalla) interfieren en nuestra vida de formas muchas veces totalmente inapropiada y dolorosa.

Y también, claro, está la espinosa cuestión de cómo gestionar el masivo rastro digital que vamos dejando en las redes. Seguramente a ti también te ha pasado. Buscas online una bicicleta para regalar a tu hija en el día de su cumpleaños y pasas varias semanas (o meses) viendo anuncios de bicicletas en tu pantalla allá por donde navegas. O pinchas por curiosidad en un anuncio de sandalias que has visto en Facebook y, después, te las sigues encontrando incluso cuando estás pisando nieve en lugar de arena de la playa.

“Por favor, empresas de tecnología, se los imploro, si son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que estoy embarazada o de que he dado a luz, entonces seguramente son también lo bastante inteligentes como para darse cuenta de que mi bebé murió y mostrarme así publicidad relevante, o tal vez, no mostrarme ninguna", escribe Brockell. “Dejenme decirles lo que sientes cuando finalmente vuelves a casa desde el hospital con los brazos más vacíos del mundo, después de que tú y tu marido han pasado días llorando”, continúa.

Brockell trató de frenar estos anuncios seleccionando la opción de “no relevante”, pero los algoritmos asumieron que había dado luz a su hijo y que el pequeño estaba sano y salvo. Rob Goldman, vicepresidente de publicidad en Facebook, respondió a su tuit: "Lamento mucho tu pérdida y tu dolorosa experiencia con nuestros productos. Tenemos una configuración que permite bloquear anuncios. Todavía necesita mejoras, pero estamos trabajando en ello y agradecemos tus comentarios".

La gota que colma el vaso

Entre el montón de emails se encontró una carta de spam de Experian, la compañía de créditos. De alguna manera (este es otro gran problema, de qué forma llega esta información sin nuestro consentimiento expreso) había recibido la información sobre su embarazo y le envió un email invitándola a registrar a su hijo. Esto fue, en sus palabras, la gota que colmó el vaso.

“Apuesto a que cuando hice la lista de regalos Amazon incluso les dijo la fecha en que daría a luz: el 24 de enero", continúa. "¿Pero acaso no vieron cómo buscaba en Google '¿esto son contracciones de Braxton Hicks?' o 'el bebé no se mueve'? ¿Acaso no detectaron mis tres días en silencio, poco común para una usuaria como yo que tuitea frecuentemente? ¿O el post con el comunicado, que incluía palabras clave como 'con el corazón roto', y 'nacido muerto', y 200 emoticones con lágrimas de mis amigos? ¿Acaso no es algo que podían rastrear?", escribe.


"Así que cuando millones de personas con el corazón roto se ven forzadas a hacer clic en 'no quiero ver este anuncio' y a contestar a vuestro '¿por qué?' con el cruel pero cierto 'no es relevante para mí', ¿saben lo que decide su algoritmo, empresas tecnológicas? Decide que ya he dado a luz, asume un resultado feliz y te ahoga con anuncios de sujetadores para amamantar, trucos para que el bebé duerma toda la noche (daría lo que fuera por escucharlo llorar) y los mejores carritos que se adaptan al crecimiento de tu bebé (el mío pesará siempre 4 libras, 1 onza)", critica.

El caso de Brockell ha recibido una gran difusión gracias a su publicación en The Washington Post. Pero está muy lejos de ser el único. Hay 24,000 casos de bebés nacidos muertos en Estados Unidos, y millones más en todo el mundo. Brockell, de hecho, recibió muchos mensajes solidarios de padres y madres que, como ella, han experimentado un desconcierto similar al revisar sus redes sociales.

Otras meteduras de pata

Anna England Kerr, una mujer británica que perdió a su hijo escribió hace unas semanas otra carta a Facebook en la que pide a la red social que no muestre publicidad relacionada con bebés. “Tus anuncios estaban recordándome lo que había perdido”, señala.

Facebook, en cualquier caso, ha metido la pata a lo grande en muchas ocasiones. Su video en el que resume lo mejor del año (ese que sus usuarios reciben estos días, cuando se acerca el final de diciembre) puede ser un recordatorio muy cruel.

"Facebook me hizo un video muy bonito de recopilación del año. Pero este no fue un año bonito para mí. Mi hijo murió de forma inesperada en julio (...)", señala un usuario de Twitter.


Ni siquiera Mark Zuckerberg, su fundador, se libra. Hace un par de años la red social le dio por muerto, al igual que otros millones de usuarios que recibieron el pésame antes de tiempo por un fallo informático de la compañía.


Y no es el único gigante tecnológico que comete errores con la inteligencia artificial, claro. Google arregló este año su algoritmo para que dejara de identificar a las personas negras como gorilas.

En el mundo analógico la cosa tampoco está bien resuelta, como dejan claro muchos usuarios que responden al mensaje de Brockell.

"El mes en el que daba a luz, recibí en el correo postal un paquete gratis de una compañía fabricante de leche de fórmula con una nota de felicitación. Todavía no sé cómo lo supieron, pero me hizo mucho daño. Había sufrido un aborto cuatro meses antes", señala esta usuaria de Twitter.

No está sola. Muchas otras usuarias relatan experiencias parecidas. Jessie Puk comenta al respecto: "Recibí en el correo un paquete de leche de fórmula un mes después de perder a mi bebé. Lo arrojé a la pared y me puse a llorar en la cocina".

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