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Salud Mental

Cuando desconectar es un lujo que pocos pueden permitirse: sigue estos trucos para frenar la invasión de las pantallas

Las pantallas cada vez están más presentes en espacios públicos como escuelas u hospitales y, por supuesto, en nuestro hogar. Prescindir de ellas, en particular la del omnipresente celular, va camino de convertirse en un privilegio.
14 Abr 2019 – 11:49 AM EDT

Ernest Quintana, un residente de Fremont (California) de 79 años internado en el hospital por una enfermedad pulmonar crónica, recibió la noticia de que le quedaba poco tiempo de vida a través de un robot. Cuando la familia se enteró de que los pulmones de Quintana estaban fallando, no había un doctor presente en la sala; en lugar de eso, un robot con una pantalla al pie de la cama y a través de una videollamada les comunicó que el paciente “tal vez no regresaría a casa”.

La exposición –y, cada vez en mayor medida, deshumanización– que propicia el uso de las pantallas comienza mucho antes, en la infancia. En más y más colegios de EEUU el software reemplaza a los maestros de carne y hueso, con programas que se cursan a través de una laptop. Los niños que pasan más de dos horas al día viendo una pantalla obtienen menores calificaciones en pruebas de lógica y lenguaje, de acuerdo con los primeros resultados de un estudio histórico en torno al desarrollo cerebral de más de 11,000 niños. Este estudio encontró que los cerebros de los niños que pasan mucho tiempo frente a las pantallas son distintos: entre algunos niños hay un adelgazamiento prematuro de la corteza cerebral.

Colegios sin tabletas ni computadoras

Mientras escuelas de medio mundo introducen tabletas y computadores en las aulas, los trabajadores adinerados de Silicon Valley se rascan los abultados bolsillos para proteger a sus hijos de la la tecnología. Como apunta el diario The New York Times en este artículo, los niños adinerados están creciendo con menos tiempo frente a las pantallas pero "los niños pobres están creciendo con más. La comodidad que alguien siente al interactuar con otras personas podría convertirse en un nuevo marcador de clase”.

Un movimiento de disidentes dentro del Silicon Valley está cada vez más preocupado por lo que los móviles están haciendo a nuestra mente. Los propios creadores de la tecnología reconocen lo adictivas que son sus creaciones, más todavía para los niños, y algunos establecen un paralelismo entre la industria de la tecnología y las tabacaleras antes de que saliera a la luz el vínculo entre el tabaco y el cáncer.


Una de las declaraciones más gráficas de la gravedad de lo que está ocurriendo procede de Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook, que dijo a finales de 2017 que “solo Dios sabe lo que Facebook está haciendo al cerebro de nuestros hijos”. Parker, que fue el primer presidente de Facebook, dijo que todos en esta plataforma eran conscientes desde el principio de que estaban creando algo adictivo, que se aprovechaba de una vulnerabilidad en la psicología humana.

Conforme aparecen más pantallas en las vidas de las personas de clase media o baja, y sabemos más sobre el efecto que las redes sociales tienen en nuestra salud, van desapareciendo de las vidas de los más pudientes. "Cuanto más medios tienes, más gastas para no tener pantallas cerca de ti. El contacto humano se vuelve un bien de lujo cuando las pantallas ocupan el vacío que dejan las estructuras sociales", apunta The New York Times.

Quizá tengamos que conformarnos con un robot-médico que nos atienda en el hospital (aunque confiemos en que no sea para comunicarnos nuestra muerte cercana), pero sí podemos poner de nuestra parte para mantener a raya las plataformas basadas en publicidad y reducir el uso del celular. Aquí presentamos unas pautas básicas:


Por qué hay que tomarse en serio el juego de los niños

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