null: nullpx
Salud y Mujer

En los lugares más aislados de América Latina, los microcréditos salvan la vida de mujeres indígenas

Doña Manuela Tzoc, una mujer maya de Guatemala, nunca hubiera sido diagnosticada y tratada contra un cáncer cervical si no fuera porque sus prestamistas le ofrecieron atención médica en el poblado donde vive. Se trata de una iniciativa cada vez más popular que busca atraer a clientes de bajos ingresos, pero que también se convierte en una tabla de salvación para quienes el idioma, la distancia y la cultura son una gran limitación para ir al doctor.
26 Mar 2018 – 01:43 PM EDT
Comparte
Cargando Video...

SANTA CLARA LA LAGUNA, Guatemala.- Cuando doña Manuela Tzoc obtuvo hace más de una década un microcrédito para sacar adelante su pequeño negocio, no se imaginaba que ese dinero le serviría para tener acceso a un doctor que luego le diagnosticó un cáncer y le practicó una cirugía que le salvaría la vida. Pero en América Latina, las redes de microcréditos están jugando un papel importante e inesperado a la hora de facilitar el acceso a la salud a los habitantes de las regiones más aisladas y olvidadas.

La señora Tzoc (59) vive en Santa Clara La Laguna, un poblado maya sobre las aguas del lago Atitlán, en Guatemala. La mujer ayuda a su familia, compuesta por 14 personas, bordando los tradicionales huipiles mayas o blusas y vendiendo maíz. Los pequeños créditos de la organización Puente de Amistad le permiten comprar la materia prima.

En América Latina, las organizaciones de microfinanzas (instituciones que ofrecen préstamos y otros servicios financieros a clientes de bajos ingresos fuera del sistema bancario formal) han llegado a lugares que las instituciones financieras tradicionales no habían podido. El microcrédito ha crecido dramáticamente desde la década de los 60 y los prestamistas ya están hasta en las zonas rurales más remotas.

“Todos necesitan un préstamo en algún momento de la vida, así que el microcrédito tiene mucho más alcance. La oportunidad es mucho más grande y llega a mucha, mucha gente”, explica la presidenta de Puente de Amistad, Karen Larson.

En Guatemala, un estimado de 200,000 personas usan servicios de microcrédito. En América Latina y el Caribe, la cifra asciende a 20 millones según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Para el personal médico que intenta llegar a quienes no tienen acceso al sistema convencional de salud, las redes de microcrédito facilitan esta tarea.

“Es una forma de usar la infraestructura de una organización que ya existe para aprovechar las relaciones entre mujeres, de modo que podamos ofrecerles servicios que serían difíciles de llevar hasta allí de otro modo”, explica la doctora Marcela Colom, quien dirige una alianza entre Puente de Amistad y la organización sin fines de lucro, Alianza de Salud Maya.


Las organizaciones de finanzas varían mucho. Algunas son instituciones sin fines de lucro guiadas por su misión de reducir la pobreza y empoderar a las mujeres. Otras simplemente son entidades financieras que prestan servicio a clientes de bajos ingresos. En un mercado saturado de pequeños préstamos, ofrecer servicios de salud también puede beneficiar a los prestamistas.

“Hace años quedó muy claro que el microcrédito por si solo no tiene el impacto transformador en el cliente que Puente de Amistad quería”, aclara Larson.

Su organización comenzó a ofrecer servicios de salud al encontrar evidencia de que la atención médica contribuía a crear fidelidad y que los clientes más leales (aquellos que permanecían dentro del programa durante más tiempo) se convertían en los emprendedores más exitosos y con más posibilidades de salir de la pobreza.

Lo que es más: una crisis de salud puede estropear el negocio de los prestamistas. Si pequeños emprendedores como estas mujeres, que son cabeza de familia se enferman, no pueden trabajar para pagar su deuda y así pueden caer en la ruina económica.

“Muchas de nuestras mujeres no dan prioridad a su salud hasta que llega a un punto en que realmente se ven afectadas”, explica Verónica Valdivieso, directora ejecutiva de Salud Global en Pro Mujer, una organización de microfinanzas que trabaja en Bolivia, México, Perú, Nicaragua y Argentina.


Pasar el día en una cita médica dentro de una clínica implica perder ingresos para muchas mujeres que trabajan por su cuenta, un 'lujo' que no todas pueden darse.

Al igual que Puente de Amistad, Pro Mujer ofrece salud preventiva a mujeres que de otro modo no la obtendrían. Sus clínicas móviles, establecidas junto a oficinas de Pro Mujer y equipadas con doctores y enfermeras, permiten a las mujeres agendar la búsqueda de su dinero y hacerse un chequeo médico en el mismo día, lo que podría ayudar a detectar una enfermedad temprano, antes de que se convierta en algo más serio.

Pro Mujer también ofrece clínicas móviles en Perú y productos financieros relacionados con la salud como seguro contra el cáncer, que ayuda a pagar los gastos y costos de traslados hasta grandes ciudades, donde están disponibles los tratamientos.

Puente de Amistad tiene un programa adaptado específicamente a Guatemala donde un gran número de clientes de microcrédito son mujeres indígenas en áreas rurales que hablan un español muy limitado. Así que los trabajadores sociales se trasladan hasta sus poblados, al igual que los prestamistas.

En el mismo idioma

La enfermera Rebeca González (26) viaja por bote, tuk tuk o a pie cualquier día para visitar a sus pacientes en los asentamientos alrededor del lago Atitlán. Como mujer maya, conforta a los clientes a los que visita el agente que ofrece los préstamos, y les explica los despistajes de salud y servicios de planificación familiar que la organización les ofrece.

“Gran parte de estas mujeres nunca han recibido servicios de salud en su comunidad. Muchas son marginalizadas simplemente por lucir su ropa tradicional o hablar otro idioma”, dice.

Rebeca habla con fluidez en el dialecto maya Tz’utujil acerca de temas como control de natalidad, cáncer cervical y cáncer de seno. Algunas mujeres indígenas se alejan de hospitales públicos donde los médicos tienden a ser hombres y hablan español.

Todas las enfermeras de la Alianza Puente de Amistad son mujeres que hablan dialectos mayas.


Cuando las clientas que reciben un préstamo solicitan un despistaje o chequeo de salud, Rebeca regresa al cabo de unos días para establecer una clínica móvil en casa de alguno de ellos. Pesa a las mujeres, revisa sus niveles de azúcar, presión arterial y signos vitales. También les hace un papanicolaou y otros exámenes diagnósticos.

Fue en una de estas clínicas móviles donde Doña Manuela Tzoc decidió hacerse el papanicolau gracias al cual le diagnosticaron cáncer cervical. También la orientaron sobre cómo usar el sistema de salud guatemalteco para recibir tratamiento.

Cuando un cliente de Puente de Amistad tiene un serio problema de salud, la Alianza de Salud Maya los guía por todo el proceso y cubre gastos adicionales.

Aunque Guatemala tiene un sistema universal de salud, con frecuencia los pacientes deben pagar por sus medicamentos y los insumos básicos, además de asumir los gastos de traslado y alojamiento.

“Si esa enfermera no hubiera venido a mi casa, quién sabe lo que yo hubiera hecho, porque no hubiera sabido dónde buscar o cómo obtener el dinero”, cuenta la señora Tzoc.

El cáncer de doña Manuela fue detectado lo suficientemente temprano como para ser removido en una histerectomía. No necesitó quimioterapia o radiación.

Dos años después, Manuela trabaja con esmero en un bordado de flores y hojas. A su alrededor, las frutas maduran en los árboles de su jardín. Sus cochinos y pollos deambulan alrededor, peleando por el maíz. Doña Manuela todavía conserva ahorros en el banco, sus hijas tienen sus propios préstamos. Y ella está libre de cáncer.

Loading
Cargando galería
Comparte