Salud Mental

Lo que el decreto de Trump no puede borrar: el trauma de los niños que fueron separados de sus padres en la frontera

Una experiencia de este tipo afecta el desarrollo del cerebro y sus secuelas son difíciles de reparar. La reunificación es apenas el primer paso de un largo proceso de recuperación en el que tanto padres, como hijos deben recibir terapia psicológica de inmediato.
22 Jun 2018 – 4:42 PM EDT

Ni una orden ejecutiva firmada desde la Casa Blanca, ni incluso la necesaria y anhelada reunificación pueden borrar fácilmente las secuelas del trauma que sufren los niños que estuvieron y siguen estando separados de sus padres como consecuencia de la política de 'tolerancia cero' implementada por el gobierno de Trump.

Psicólogos infantiles, pediatras y otros especialistas reiteran que el impacto de una experiencia semejante podría marcar a estos pequeños de por vida.

“No estoy seguro de que el daño pueda ser completamente reparado. Es cierto que los niños son muy resilientes y sí pueden sobreponerse a situaciones muy duras con la ayuda adecuada, pero muchos de estos niños estarán dañados de por vida por esta experiencia. Tomará un esfuerzo tremendo ayudarlos a superar este trauma”, dice a Univision Noticias Donald K. Freedheim, profesor retirado de Psicología de la Universidad de Case Western Reserve, en Ohio.


Nora Baladerian, psicóloga clínica especializada en trauma y abuso, coincide: “No hay vida normal después de un trauma. Se pueden encontrar maneras de lidiar con él, pero la pérdida de un padre en estas circunstancias no puede ser completamente reparada”.

Existe una explicación biológica para esto. “Al nacer el cerebro es el órgano menos desarrollado del organismo. Es a mediados de los veinte que termina de madurar. Cualquier adversidad seria o prolongada como la separación repentina de un cuidador, modifica la estructura y el desarrollo del cerebro. Deteriora la habilidad del niño de procesar las emociones y deja heridas emocionales que son profundas y permanentes”, advierte Jacek Debiec, profesor asistente del Departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencia Molecular y de Comportamiento de la Universidad de Michigan, en un artículo.

Ha trabajado directamente con niños que han atravesado este tipo de experiencias y asegura que aunque haya o no un diagnóstico psiquiátrico formal, el sentimiento de seguridad y confianza en los demás se ve afectado por siempre.


La forma en que se manifieste ese impacto puede variar, así como también su intensidad. Algunos lograrán sobreponerse mejor que otros: la edad, intensidad del trauma y duración inciden. “Aun cuando muchos de ellos logren tener una vida productiva y de bienestar en la adultez, el impacto psicológico todavía estará allí para el resto de su vida y nunca se sabe hasta qué nivel cada persona se ve afectada, por eso lo mejor es prevenir estas situaciones”, aclara la psicóloga infantil Sandra Pisano.

La separación no es la primera experiencia traumática que experimentan estos niños. “ Empieza en sus países de origen con la violencia. Se le suma el trauma del viaje que puede ser muy duro y luego el de llegar a la frontera y ser separados, que es el último y el peor. Es una acumulación de traumas”, recalca la especialista.

Entre las posibles secuelas psicológicas que puede dejar esta experiencia están el Síndrome de Estrés Postraumático, que incluye depresión y ansiedad, y Trastorno Reactivo de Vinculación (Reactive Attachment Disorder), explica Baladerian.

Esta última es una condición severa en la que un joven infante no establece vínculos afectivos saludables con sus padres o cuidadores y ocurre cuando sus necesidades básicas de afecto y estabilidad no están cubiertas. Entre sus síntomas se incluyen tristeza constante, aislamiento, imposibilidad de sonreír, falta de interés en el juego y en las interacciones sociales.

Sin reencuentro no hay sanación

La reunificación con los padres es un componente esencial para ayudar a estos niños. Hasta que eso no ocurra, los beneficios de la terapia serán limitados. “Necesitan el amor y apoyo de sus padres para que el estrés se reduzca y el organismo deje de liberar las hormonas que lo producen”, insiste Pisano.

“Por más amigable que sea el ambiente donde estén recluidos estos pequeños y por más que los atiendan cuidadores especializados, el trauma es significativo porque el lazo con una madre o un padre es irremplazable y se trata de una ruptura devastadora”, recalca Freedheim.

Ambiente hostil

Las fotos y grabaciones que se han obtenido acerca de los refugios donde se encuentran estos niños están muy lejos de mostrar un ambiente idílico que amortigüe de algún modo la experiencia para ellos. "Este sitio es llamado albergue, pero en la práctica son niños encarcelados", dijo Jacob Soboroff, un corresponsal de MSNBC que entró al centro de detención de menores.

El hecho de que haya muchos niños pequeños desconsolados y afectados en el mismo lugar es contraproducente. “No se conocen, no han sido criados juntos y no están en capacidad de apoyarse mutuamente. los niveles de ansiedad entre unos y otros sólo acentúa el trauma. Se contagian unos a otros”, dice Freedheim.

Tampoco se sabe a ciencia cierta qué tipo de atención, médica o psicológica reciben allí.

“¿Quiénes son los doctores que están trabajando en estos refugios?”, pregunta Stacey Galmom en un tuit luego de que la rechazaran como voluntaria por estar ‘demasiado capacitada’”.


“Tengo un título en medicina de emergencia y trauma. Así que no soy pediatra, pero estoy capacitada para ocuparme de casos pediátricos. Hubiera aceptado que me dijeran que estaba poco calificada ya que no soy pediatra, pero ¿cómo puedo estar demasiado calificada? No pedí dinero, ni transporte. Ofrecí mis servicios con mi equipo. Hablo español y me rechazaron”, agrega.

Según Pisano, la asistencia de terapistas especializados en trauma infantil puede ayudar a manejar los síntomas de estrés o ansiedad que presenten los niños en los refugios y ayudar a controlar las situaciones en las que alguno esté fuera de control.

Un mes, una eternidad

Mientras más duradera sea la separación, más afectado se verá el niño pero eso no implica que el que sea algo pasajero mitigue de algún modo el trauma para el pequeño.

Ellos no tienen la capacidad de analizar que es algo temporal. No tienen números en su cabeza. Su percepción es distinta a la de los adultos. No puedes decirles: no te preocupes, en unos meses todo estará bien. Eso no funciona”, explica Freedheim.

En menores de cinco años, tampoco ayudan las llamadas. “Ellos conocen a sus cuidadores por apariencia y una conversación telefónica no sirve de mucho”, agrega

Terapia: de inmediato y para todos

“Tan pronto como los niños sean reunificados con sus padres todos los miembros de la familia deben recibir terapia psicológica y esos costos deberían estar cubiertos por el gobierno que causó el trauma”, señala Baladerian.

Un padre que esté traumatizado o bajo altos niveles de estrés no tendrá las herramientas necesarias para apoyar a su hijo luego de lo que ha atravesado. “Los padres también han sido sometidos a una gran cantidad de traumas que probablemente comenzaron con las circunstancias terribles que estas familias atravesaban en sus países de origen”, dice Pisano.

Mucho menos se les ayuda a sanar si se les mantiene en centros de detención. “Una vez que estén reunificados no podemos poner a estos niños en una situación en la que sean re-traumatizados”, dijo en un comunicado Colleen Kraft, presidente de la Academia Estadounidense de Pediatría.

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