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Salud Mental

Este verano practica el arte de no hacer nada

¿Sabías que Isaac Newton dio con la ley de la gravedad mientras reposaba bajo un manzano? El tiempo de descanso y de no hacer nada que podemos propiciar en verano es crucial para el equilibrio de cuerpo y mente. No solo eso: con frecuencia fraguamos las mejores ideas en esos momentos.
Publicado 21 Jul 2018 – 5:35 PM EDT | Actualizado 27 Jul 2019 – 5:47 PM EDT

Newton no es el único que aprovechó ese momento de "no hacer nada" para conseguir mucho: Ben Franklin inventó el pararrayos mientras volaba una cometa, y la sabiduría popular dice que las mejores ideas llegan en la ducha. Este es uno de los pocos lugares –o igual ya el único– donde no llega el celular y su constante reclamo para llenar el tiempo de manera exhaustiva.

La cuestión es que cuando no hacemos nada (¿recuerdas la última vez que te ha ocurrido?) en realidad estamos haciendo mucho: pasamos del modo hacer al modo ser. ¿Qué significa, exactamente, no hacer nada? “Hagamos 'nada' como los niños”, escribe Véronique Vienne en su libro 'El arte de no hacer nada'. “Para ellos, 'no hacer nada' no significa estar inactivo. Significa hacer algo que no tiene un nombre. Puedes 'recapturar' ese momento de total serenidad si simplemente renuncias a poner una etiqueta a todo lo que haces”. La idea, por tanto, es ésta: 'hacer nada' mientras llenas el carrito de la compra o friegas los platos. Y, mientras se hace 'nada', en realidad se está haciendo 'todo'. Para eso, claro, primero hay que apagar el teléfono.

El mundo digital nos está haciendo cada vez más compulsivos e impacientes: reclamamos una respuesta inmediata para todo. Se nos exige, y por nuestra parte exigimos también a los demás, estar siempre ahí, al otro lado de la línea. ¿Es una condición irrenunciable de la vida moderna? ¿Nos hace más felices? Más bien parece lo contrario. Hasta los propios pioneros de la tecnología están asustados ante el alcance de sus creaciones, que podrían estar creando adicciones tan potentes como en su día lo hizo el tabaco.

Ladrones de tiempo

El burnout o agotamiento, entendido como la sobreadaptación al exceso de trabajo (potenciado en muchas ocasiones por las nuevas tecnologías), está en todas partes, y la pobreza de tiempo nos afecta a todos. Este el tema del recién estrenado documental Ladrones de tiempo, dirigido por Cosima Dannoritzer. La realizadora viaja a diferentes países de todo el mundo para explicar cómo se está desapropiando a los ciudadanos de la soberanía sobre un bien intangible, y presenta el tiempo como el nuevo recurso que todos los poderes ansían, un recurso finito como el agua o el petróleo.

El documental advierte del progresivo aumento del agotamiento mientras la obligación de la eficiencia inunda el tiempo libre. “Internet y las redes sociales trasladan el imaginario de un mundo en el que todas las experiencias son posibles, de que algo rápido va a aparecer en las pantallas. Nosotros mismos nos convertimos en ladrones de nuestro tiempo”, dice la autora en declaraciones al diario La Vanguardia.


El primer paso es tomar conciencia. Y es en este contexto donde el dolce far niente, la refinada holgazanería, puede convertirse en un gran remedio para un gran mal. Quizá no sea factible practicarlo todo el año, pero el verano es un buen momento para ensayar.

“Uno de los secretos mejor guardados de la productividad es el descanso”, asegura Berto Pena, autor de varios libros sobre la materia y del sitio con trucos para la productividad Think Wasabi. “Mucha gente busca técnicas para incrementar su rendimiento. Pero yo les digo: ¿No has pensado en dormir las horas suficientes, hacer ejercicio, comer de forma saludable?”.

Lo que hace el estrés

Es mucho lo que te juegas. El estrés crónico incrementa las posibilidades de padecer un ataque al corazón, sube la presión arterial, engorda (los altos niveles de cortisol, la hormona del estrés, retienen la grasa), debilita el sistema inmunológico, perjudica el sistema digestivo y el reproductivo, entre otras cosas.

No hace falta que lo diga el documental. El burnout es real, y ocurre cuando el estrés se acumula a unos niveles en los que ya no te sientes capaz de lidiar con ello. Algunos síntomas de alerta: estás cansado todo el tiempo; sientes que no se te aprecia lo suficiente; te pasas el día lidiando con tareas que son aburridas o apabullantes o crees que la mayoría de los días son malos.


El descanso, tanto en pequeños momentos durante el día o, todavía mejor, durante días o semanas fuera del trabajo, es fundamental para la salud. Los beneficios son todavía mayores si el arte de no hacer nada se combina con ejercicio físico, aprendizaje de algo nuevo o la práctica de la relajación.

Si puedes, descansa en la playa: nuestro cerebro cambia cuando pisamos la arena y vemos el mar, y algunos estudios indican que simplemente vivir cerca de la playa mejora la salud. El azul del océano cambia la frecuencia de las ondas cerebrales y provoca un estado de relajación, y el sonido de las olas induce al cerebro un estado de relajación.

Receta para una siesta gourmet *


La siesta es uno de los mecanismos restablecedores de nuestro equilibrio mental y físico más sencillos y eficaces que existen. Una pequeña siesta proporciona una recarga emocional y altera la forma en que reaccionamos a los estímulos de fuera. Numerosos estudios prueban que una siesta corta incrementa la productividad, lo que significa que el tiempo perdido se compensará con creces gracias al “reseteado” del que disfrutará el cerebro.

Puedes practicar el arte de la siesta este verano siguiendo estas instrucciones:

  1. Corre las cortinas o las persianas, si las tienes. La habitación debe estar bañada en un suave y relajado resplandor.
  2. Descálzate. Quítate únicamente las prendas que te molestan o que se estropearían al acostare. Quieres estar vestido para la ocasión: la siesta gourmet es una cosa muy seria.
  3. Apaga el teléfono, quítate el reloj y decide cuándo quieres despertarte. Confía en que tu subconsciente te avisará cuando llegue el momento.
  4. Métete bajo la colcha o el cubrecama pero no entre las sábanas.
  5. Cierra los ojos e imagínate que estás en un pequeño bote, a punto de embarcar en un corto viaje. Eleva el ancla y deja que el bote vaya a la deriva. El agua puede parecer agitada al principio, pero pronto las olas disminuyen y estarás navegando en un mar tranquilo.
  6. Te despertará una sacudida. La cubierta está tocando arena. Sal de la cama despacio, como si estuvieras empujando el bote en la playa.
  7. Mójate el rostro, estírate, abre la ventana. No te apresures. Tienes un montón de tiempo por delante.

*Traducido de 'El arte de no hacer nada'.

Cuando la mejor terapia es un paseo entre los árboles

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