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Proceso de Paz

Presidente Santos: cinco meses después de la aprobación del acuerdo de paz todas las armas de las FARC estarán en la ONU

El líder guerrillero, Rodrigo Londoño, felicitó al presidente electo Donald Trump y manifestó su deseo porque actúe "en beneficio de la paz mundial y continental". El nuevo documento será enviado este jueves al Congreso para su aprobación.
24 Nov 2016 – 11:23 PM EST

BOGOTÁ, Colombia.- Este jueves 24 de noviembre, se firmó un nuevo documento que busca poner fin a la guerra de más de 50 años que vive Colombia, entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y su gobierno. El evento ocurrió en el Teatro Colón de Bogotá.

Es un nuevo intento político, luego de 53 días del triunfo del 'No' en el plesbicito, que representó un gran revés para la mesa de negociación de La Habana.

Luego de firmar, el presidente Juan Manuel Santos explicó que este nuevo documento "ha surgido de un diálogo abierto y franco. Un proceso riguroso de renegociación. Destacó la disciplina del equipo negociador del gobienro, "y agradezco al equipo de las FARC su buena disposición".

Anunció que a los 90 días de la aprobación del acuerdo de paz en el congreso colombiano (que denominó Día D) se iniciará "la dejación de las armas" y 150 días después "todas las armas de las FARC estarán en manos de las ONU".

Santos explicó que "las FARC como grupo armado dejará de existir (...) y la semana entrante empezará el desminado, para que dejen de ser los campos un peligro para nuestro niños". Pero también advirtió - y ha sido uno de los puntos más polémicos de "tragar" por parte de los colombianos - que las FARC, como un partido sin armas, podrá promover su proyecto político y serán los colombianos con su voto quienes lo aprobarán o reprobarán".

Ratificó que "ese era el objetivo": que la guerrilla dejara las armas y puedan participar en la contienda política "en la legalidad". Recordó que es principio de la democracia "tramitar pacíficamente las diferencias".

Sobre el revés que sufrió dos meses atrás, destacó: "Reconozco que este nuevo acuerdo es mejor que el anterior".

El primero en refrendar con su rúbrica fue el líder guerrillero Rodrigo Londoño (Timochenko), quien luego pronunció un discurso en el que recordó "el desencanto del pasado 2 de octubre". Explicó que "enriquecimos y modificamos el acuerdo anterior, teniendo en cuenta definiciones puntuales hechas por los más variados grupos de organizaciones sociales, movimientos de opinión y partidos políticos... introdujimos cambios sustanciales (...) hasta hacer un acuerdo definitivo".

Londoño agradeció a los países que colaboraron, al país sede de la negociación: Cuba, y a los personajes que participaron. Destacó especialmente al movimiento LGBTI. "El país está harto de la violencia, de los estigmas y señalamientos, de las costumbres políticas, que cese la corrupción, la mentira y el engaño. La primera demanda nacional es que se ponga fin al uso de las armas en la política, que se garantice (...) protestar contra la arbitrariedad y abusos de funcionarios en el poder. Que la libertad del movimiento y el pensamiento sean reales. Por eso Colombia cierra filas en torno a este acuerdo definitivo.

"No más asesinatos de dirigentes populares y activistas sociales y opositores políticos de izquierdas, no más amenazas y hostilidades...", pidió.

Saludó al nuevo presidente electo en EEUU, Donald Trump, y manifestó sus deseos "porque su gobierno pueda jugar un nuevo papel en beneficio de la paz mundial y continental".

Cómo se llegó a esto

Cuando el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, firmaron el acuerdo de paz en Cartagena de Indias, pocos pensaban en Colombia que el texto sería derrotado en las urnas. Pero en menos de una semana, esa ceremonia con una docena de jefes de Estado y 2,000 invitados vestidos de blanco dio paso a la incertidumbre cuando el 'No' se impuso en un plebiscito reñido, pero arrollador.

A las 11 de la mañana de este jueves, Santos y Londoño, conocido como Timochenko, volverán a verse las caras. Esta vez, en un teatro de Bogotá, con menos invitados, menos programación y menos ruido. Se pretende que este planteamiento sea "el definitivo". Después de medio siglo de guerra y cuatro años de negociaciones, las partes no se arriesgarán a repetir la consulta popular.

El nuevo documento será enviado el mismo jueves al Congreso y debatido -y previsiblemente- aprobado el martes. El debate puede extenderse hasta el miércoles pero, en principio, no más allá.


Los voceros del 'No', sin embargo, prometen guerra. Las modificaciones, que consideran "maquillaje", se hicieron de forma precipitada y se firman ahora de manera precipitada, aseguran.

"El acuerdo de gobierno y (las) FARC es apenas un retoque del acuerdo rechazado por los ciudadanos", dijo el lunes por la noche el expresidente Álvaro Uribe, líder de la oposición, después de la única reunión pública que mantuvo su bancada con los representantes del gobierno entre el anuncio del nuevo pacto, el 12 de noviembre, y su firma.


Desde ese día, el jefe negociador Humberto de la Calle advierte que los diálogos no podían extenderse más, con una mesa de negociaciones exhausta, una ciudadanía fatigada por las promesas de que la guerra se termina de una vez por todas y un cese al fuego “frágil”. La semana pasada, sin ir más lejos, dos guerrilleros murieron en un enfrentamiento con el Ejército.

“Tenemos que actuar. No hay tiempo que perder”, insistió el presidente Santos el martes por la noche, cuando anunció la fecha y el lugar del nuevo acto. El Secretariado de las FARC llegó a Bogotá el mismo lunes desde La Habana, sede de las negociaciones desde noviembre de 2012.

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Tras el fracaso del plebiscito, el gobierno abrió las negociaciones a la oposición, que mandó en poco tiempo más de 400 propuestas a La Habana, donde se discutieron al ritmo de más de 12 horas al día. La noticia de que Santos recibirá el Nobel de la Paz por su empeño en terminar el conflicto también aceleró esos debates.

La oposición puede debilitar el acuerdo

Aunque difícilmente frenen la refrendación de los acuerdos por la vía parlamentaria —no tienen, a priori, suficiente apoyo en el Congreso—, los defensores del 'No' sí los dejan debilitados, pueden dificultar su implementación y llamar a la protesta ciudadana.

Los opositores siguen exigiendo penas de cárcel para quienes hayan cometido delitos graves y prohibir que quienes estén cumpliendo condena puedan ocupar cargos políticos, entre muchos otros reclamos.


El nuevo texto sí incluye, sin embargo, la obligación para las FARC de publicar una lista con sus bienes y activos en los próximos seis meses para reparar a las víctimas. También se especifican las condiciones en las que se cumplirán las penas, que siguen sin contemplar cárcel.

La violencia contra líderes campesinos y defensores de derechos humanos ha aumentado en el país desde ese 26 de septiembre eufórico. Incluso Naciones Unidas, que coordinan el monitoreo del cese al fuego entre el gobierno y la guerrilla han manifestado su preocupación por la inseguridad y la falta de garantías.

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En la calle, los defensores del 'Sí', que ya festejaron el cese al fuego bilateral y definitivo, el acuerdo de paz y la primera firma, volverán a concentrarse bajo una pantalla gigante con la retransmisión en vivo del evento. Pero aunque el acontecimiento sigue siendo histórico, es difícil mantener el entusiasmo.

Con más de un 60% de abstención y una diferencia de menos de medio punto porcentual entre el 'Sí' y el 'No', el plebiscito desinfló la euforia del 26 de septiembre y mostró la división de un electorado que se debate entre el rencor por la sangre derramada y la emoción de dejar atrás un país en guerra; y la de una clase política con la mirada puesta en las elecciones de 2018.



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