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Proceso de Paz

Entre el miedo y el perdón: exsecuestrados políticos de las FARC dicen 'sí' a la paz

Una candidata presidencial y su jefa de campaña, senadores, diputados, ministros pasaron hasta más de seis años en la selva. Desde el miedo y el perdón, la mayoría de los 11 sobrevivientes apoya el documento. Solo una de esas víctimas dice NO.
30 Sep 2016 – 7:12 PM EDT

Con una cadena colgada al cuello y los pies mojados y rotos de haber caminado días enteros, los secuestrados políticos se cambiaban de una tienda de campaña a otra y cumplían las órdenes de sus captores, convencidos a punta de fusil. Por si fuera poco el aislamiento, algunos fueron condenados a que nadie les hablara. Les dieron clases a los árboles, hicieron cruces de palos y las tejieron, pelearon, se ensimismaron, sufrieron callados pero también a gritos.

Aunque parece la historia de cualquiera sometido a prisión en la selva colombiana, este grupo era diferente. Eran “los políticos”. Se convirtieron en trofeos de guerra que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) decidieron coleccionar para canjear por guerrilleros presos en las cárceles, entre otras condiciones. Pasaron uno, tres, cinco, seis años y más esperando un tiro de gracia o la libertad. A veces solo un pedazo de pollo o que el caldo de esa tarde tuviera pescado.

Según un informe de ACNUR, entre 1996 y 2003 las FARC secuestraron 4.153 personas. Esa cifra incluye al grupo de 25 políticos que atraparon entre el 2000 y 2002. El día anterior a su captura, cada uno de ellos era gobernador, ministro, diputado, senador, miembro de campaña y hasta candidata a la presidencia de la República.



Se enfermaron. Algunos reincidieron en viejas dolencias que se complicaron por la falta de tratamiento y la dieta, pero otros fueron víctimas de la plaga de la selva que les abrió la piel y dejó lesiones que no se borran.

En enero de 1999 había entrado en vigencia la Zona de Distensión, una porción territorial de 42,000 kilómetros cuadrados sin presencia de la Fuerza Pública, que otorgó el gobierno de Andrés Pastrana como un gesto que daría pie a una negociación. Pero fracasó.

El puntillazo final de ese acuerdo fue el secuestro del senador Jorge Eduardo Gechen Turbay, el 23 de febrero de 2002. Antes de él, las FARC habían raptado al congresista Óscar Tulio Lizcano y al excanciller Fernando Araújo, en el 2000. Luego, en una agresiva arremetida entre junio y septiembre de 2001 se llevaron al gobernador del Meta Alan Jara, el senador Luis Eladio Pérez Bonilla, a la familia del senador Jaime Lozada (dejaron a su esposa Gloria Polanco), al congresista Orlando Beltrán Cuéllar, a la congresista Consuelo González de Perdomo y a la ministra de Cultura Consuelo Araújo.

No todos sobrevivieron. De los 25 secuestrados políticos, 14 fueron asesinados en cautiverio, incluidos Consuelo Araújo, 11 diputados del departamento del Valle del Cauca, Guillermo Gaviria, gobernador del departamento de Antioquia, y el exministro de Desarrollo y de Defensa, Gilberto Echeverri Mejía.

Luego de 50 años de guerra encarnizada y de cinco presidentes que intentaron una solución, los colombianos tienen en sus manos aprobar o no un acuerdo de paz.

Una mayoría contundente de los exsecuestrados políticos va por el sí. De los 11 sobrevivientes pudimos conocer la posición de 10 y es nueve a uno. Al cierre de esta edición no pudimos conocer la opinión de Gloria Polanco.


Algunos de los consultados han hecho cuestionamientos y van a “taparse las narices” para votar, como dijo Luis Eladio Pérez. A otros les resulta una experiencia “agridulce”, como a Ingrid Betancourt. “Todos hubiéramos querido que los guerrilleros pagaran más tiempo en la cárcel, pero ellos no aceptaron que luego de combatir durante 50 años, se fueran a purgar otros 50 años en prisión. Así se hizo el acuerdo y no vamos a votar este domingo por estos criminales sino porque no haya más víctimas, más muertes, más secuestros…”, resumió a los medios el exdiputado Sigfredo López. El exsenador Jorge Eduardo Gechem coincide. Solo uno de ellos, Fernando Araújo, dice no.

Entre los puntos más difíciles de tragar del documento está el cinco, justo el que aborda la justicia para las víctimas y las sanciones que deberán pagar quienes hayan cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad. También el que contempla que los guerrilleros tendrán por derecho 10 curules en el Congreso y podrían sumar otras por circunscripción.

¿Sienten los secuestrados políticos que la ejecución de estos acuerdos traerá justicia y reparación después de haber perdido tanto tiempo de su vida como rehenes de las FARC? ¿Qué fue de sus vidas? ¿Perdonaron? ¿Qué opinan del acuerdo de paz? ¿Votan sí o no? Esto cuentan ocho de ellos.


INGRID BETANCOURT


“Cualquier cosa hay que hacer con tal de que esto se acabe”

Ingrid Betancourt Pulecio (Bogotá, 1961)
Tiempo en cautiverio: 6 años y 5 meses (Febrero 23, 2001 / Julio 2, 2008)
Votará:

"Se me abalanzó y me dio un golpe seco en el cráneo con la cadena. Caí de rodillas (...) Sentía un dolor intenso, duplicado por una tristeza enorme que me invadía por pequeñas oleadas a medida que iba tomando conciencia de lo que acababa de ocurrir (...) Sabía que mi cuerpo estaba siendo objeto de la violencia de estos hombres. Escuchaba sus voces a mi alrededor cargadas con el eco de los túneles".

El relato de lo que vivió durante su secuestro Ingrid Betancourt quedó plasmado en la página 34 de las 710 que publicó bajo el título 'No hay silencio que no termine' (Aguilar, 2010). Quiso que estuviera en el primer capítulo de todo lo que contó: tres intentos de escape, encierros interminables en "cambuches" (campamentos improvisados), torturas de silencio "sometida a todas las humillaciones, llevada de cabestro como un animal", pruebas de vida, engaños y miedos.

Para el momento de su captura, Betancourt era candidata presidencial por el partido Oxígeno Verde. Había participado en la mesa de negociación entre el Estado Colombiano y la guerrilla en la zona de distensión y los medios registraron cuando le encaró al secretariado que cómo era posible que las FARC se dedicaran a comerciar con cocaína.

Ese 23 de febrero cumplió su empeño de viajar a la zona del Caguán con una comitiva presidencial. El presidente Pastrana se lo prohibió pero ella convenció a Clara Rojas, su entonces jefa de campaña, que la acompañara a llegar hasta la región como fuera. Así entró a la "jaula", esa cárcel inhóspita y natural que se la tragaría por los siguientes seis años y medio.

Se encarnizaron con ella guerrilleros y algunos compañeros de cautiverio. Se convirtió también en la más castigada y la que más tiempo permaneció encadenada a árboles y en largas caminatas. Rompió su amistad con Clara. La candidata fue la joya de la corona para las FARC y para el gobierno y también el nombre que traspasaba las fronteras de Colombia y llegaba a Europa, por su doble nacionalidad francesa.

Betancourt fue rescatada en un procedimiento espectacular que se llamó Operación Jaque y desde entonces ha preferido hacer su vida lejos de su país natal. Se reencontró en París con una vida familiar con sus dos hijos, Melanie y Lorenzo, luego de divorciarse de su segundo esposo.

"Cualquier cosa hay que hacer con tal de que esto se acabe", contó al periodista de Univision Jorge Ramos. Desde la Torre Eiffel en la capital francesa, la excandidata explicó que "para nosotros las víctimas (este acuerdo) es agridulce, pero al mismo tiempo estamos dispuestos a hacer el sacrificio que haya que hacer con tal que ningún otro niño viva lo que mis niños vivieron".Actualmente está haciendo la tesis de un postgrado de Teología que cursó en Inglaterra. "El estudio de Teología me ha permitido armar el rompecabezas a mi manera". Aún la atormenta el sufrimiento por el que han pasado sus hijos y aunque confiesa que sigue trabajando el perdón para sus captores, prefiere votar que sí al acuerdo de paz.
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CLARA ROJAS


“Hubiera deseado que estuvieran presos 60 años, pero eso no soluciona el problema de violencia”

Clara Rojas (Bogotá, 1964)
Tiempo en cautiverio: Cinco años y 11 meses (Febrero 23, 2002 / Enero 8, 2008)
Qué votará:

Una de las experiencias más traumáticas en la vida de Clara Rojas fue haber dado a luz mientras estaba secuestrada. Su hijo Emmanuel, que fue concebido con uno de sus captores mientras era prisionera, le fue arrebatado de su lado. La guerrilla se lo entregó a la institución de Bienestar Familiar y fue rescatado de un hogar sustituto al momento de su liberación, tras un escándalo político que implicó hasta pruebas de ADN al pequeño.

“Toda mujer que ha tenido un hijo en condiciones normales sabe que es duro. Pero tenerlo sin ayuda médica, sin ningún apoyo social, y usted sabe que la familia siempre es un apoyo muy importante, fue realmente duro. Cuando miro en retrospectiva, yo de verdad me sorprendo de cómo fui capaz de superarlo. Y le agradezco a Dios estar viva”, cuenta.

"La operación duró muchas horas, fue difícil sacar el niño porque no daba señales de vida. Por eso salió con su bracito tronchao (fracturado). Y después a usted se le salieron las vísceras y tocó volvérselas a meter'. Luego me enteraría de que durante la cesárea perdí mucha sangre y estuve al borde de la muerte", contó Rojas en su libro 'Cautiva' (Grupo editorial Norma, 2009).

La operación en la que fue liberada en enero de 2008 llevaba justamente el nombre de su hijo y se logró gracias a un acuerdo humanitario liderado por el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, quien la recibió a ella y Consuelo González en el palacio de gobierno, en Caracas. Después de eso, Rojas decidió salir de Colombia por unos meses hasta recuperar la sensación de libertad que había perdido durante su cautiverio.

Tomó la decisión de volver a la vida política. La explicación que encontró, junto a su madre, es pragmática: “Cuando usted está montando caballo y el caballo lo bota, uno lo que tiene que hacer es montarse de nuevo, sino va a quedar con susto para toda la vida. Es un sentimiento así. El secuestro no podía causar más daño, no podía dejar que después de liberada siguiera sufriendo. Esto era parte de volver a una vida normal, a reincorporarme y a vencer el susto”.

Han pasado ocho años y la actual Representante a la Cámara por Bogotá, que en el momento de su secuestro ejercía como Jefe de Debate de la candidata a la Presidencia de Colombia, Ingrid Betancourt, tiene muchas expectativas y está positiva frente a los acuerdos.

Para ella la tarea era pactar la paz y la pactaron. El hecho de que los guerrilleros dejen las armas en los próximos seis meses le parece lo más valioso. “Hubiera deseado que ellos permanecieran en la cárcel por 60 años, pero eso no solucionaba el problema de violencia. Llegaron a este acuerdo y me parece que es válido. Lo importante ahora es que se logre implementarlo”.

En plena campaña por el "Sí" y trajeada con ropa alusiva de color blanco en el aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena, Rojas contó a Univision que el gran desafío es hacer funcionar la justicia en Colombia, y eso no es solo tarea de la Jurisdicción Especial para la Paz, sino también de la justicia ordinaria, porque hasta ahora, señala, lo que tenemos es una guerra sin justicia.

Rojas cuenta que desde que la liberaron, ha venido haciendo su ejercicio de perdón y es algo que ha hecho de manera abstracta y general. Martín Sombra, que era uno de sus carceleros, se disculpó con ella en la cárcel La Picota de Bogotá, un día que se citaron para trabajar un tema de reconciliación. “Él mostró mucho interés y ánimo de pedir perdón, de decir “oiga, yo sé que le causamos mucho daño”, y a mí eso me pareció muy valioso. Ojalá todas las FARC hagan este tipo de gestos con tantas personas a las que le hicieron daño”.

Confesó no tener resentimientos. Le parece beneficioso que las Farc hayan dado un paso a la civilidad, que entreguen las armas, que no estén pensando todo el tiempo en cómo hacer daño, sino a entender que a Colombia para reconstruirla todo el mundo tiene que trabajar por y no en contra de ella.

Sobre sus proyectos políticos hacía el futuro aseguró que ahora mismo se siente feliz. Seguirá siendo representante a la cámara por Bogotá hasta 2018. Desde ahí tuvo la posibilidad de viajar por varias zonas del país como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes. Y con su rol en este órgano del Estado cree que puede marcarle el paso y el monitoreo al Gobierno en políticas que a veces se quedan en el aire y que la oposición no alcanza a empujar.

Le gusta tener tiempo para estar con su hijo, sentirse libre, poder caminar por la calle e intenta pasar inadvertida. “Lo que hago me gusta y no tengo más ambiciones que esas”, respondió mientras esperaba un avión.
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FERNANDO ARAÚJO


“Este acuerdo es un mal ejemplo para otros grupos criminales”


Fernando Araújo Perdomo (Cartagena, 1955)
Tiempo en cautiverio: Seis años (Diciembre 5, 2000 / Diciembre 31, 2006)
Qué votará: No


Alias “Camilo”, uno de los carceleros de Fernando Araújo, contó que la primera vez que lo vio estaba haciendo ejercicios en su celda de prisionero. “Trotaba, saltaba, hacía flexiones de pecho y abdominales todo el día”. Araújo intentó hablarle, pero las órdenes de los altos mandos guerrilleros eran no socializar con los secuestrados. Unos días después, mientras Camilo conversaba con otros compañeros, Araújo le dijo: “tú no eres de aquí. Tú eres cartagenero”. A Camilo le dio tanta simpatía que comenzó una amistad con su rehén que se interrumpió temporalmente cuando trasladaron al guerrillero a otro departamento. El relato lo hizo a El Universal de Cartagena, diario que le pertenece a la familia Araújo.

Justamente el 4 de diciembre del 2000, mientras hacía su rutina de ejercicio en la Bahía de Cartagena de Indias, un grupo del Frente 37 de las FARC lo secuestró y lo mantuvo cautivo en el área sucreña de los Montes de María –al norte del país-.

En diciembre de 2006, el Ejército Nacional emprendió una operación contra el frente liderado por el fallecido comandante Gustavo Rueda Díaz, alias “Martín Caballero”, justo el que tenía cautivo a Araújo. El político cartagenero aprovechó el descuido de sus captores y huyó entre la selva de los Montes de María. Se mantuvo sin agua ni alimentos durante cinco días. Su nombre aún es mítico en tierras del Caribe colombiano.

Araújo, que pertenece a una familia de tradición empresarial, es propietario también de un complejo hotelero y de empresas constructoras e inmobiliarias, había sido Ministro de Desarrollo Económico durante el gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y 1999, y se había desempeñado en otros cargos públicos.

Una vez libre, el entonces Presidente Álvaro Uribe Vélez lo designó Ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó entre febrero de 2007 y julio de 2008. Posteriormente se desempeñó como presidente del Partido Conservador, y actualmente está retirado de la vida política, dedicado a proyectos de construcción de edificaciones privadas en Cartagena y en Ciudad de Panamá.

Para Araújo, el proceso de paz es un error histórico porque los conceptos de conversaciones de paz y de acuerdo de paz le parecen anacronismos que no encajan en la realidad colombiana. “Para mí, lo correcto hubiera sido pactar las condiciones para la desmovilización y la entrega de las armas por parte de las FARC, y no un Acuerdo de Paz, que sitúa en igualdad de condiciones a ambas partes. Es decir al Estado colombiano, representante constitucional del pueblo y a las FARC, un grupo terrorista, financiado con el narcotráfico, el secuestro, la extorsión y otros actos criminales”, argumentó.

El excanciller apoya al No, porque le parece que este acuerdo es un mal ejemplo para otros grupos criminales como las Bacrim (bandas criminales) y la guerrilla de ELN (Ejército de Liberación Nacional). Para él, esto logrará que se sientan autorizados a seguir cometiendo actos criminales por el tiempo necesario, para llenarse de dineros provenientes del narcotráfico y de otras actividades criminales, sabiendo que no recibirán ningún castigo efectivo.

“Votaré No, porque considero que los términos del Acuerdo de Paz son una amenaza para la democracia colombiana y no contribuyen a construir una sociedad mejor para todos los colombianos, que es lo importante. Estas respuestas se basan en el conocimiento que tengo de las FARC por haber convivido con sus integrantes durante los seis años de mi cautiverio”. Se convierte así en el único del grupo de víctimas políticas que se suma a la corriente uribista de negación del documento.
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ALAN JARA


“Parar el conflicto es un imperativo ético y moral”

Alan Jara (Villavicencio, 1957)
Tiempo en cautiverio: Siete años y siete meses (Julio 15, 2001 / Febrero 3, 2009)
Qué votará: Si


Once días después de su secuestro, el sanguinario Víctor Julio Suárez, alias El Mono Jojoy, Comandante del Bloque Oriental de las FARC, le dijo a Alan Jara: “¿es que usted no sabe que íbamos a secuestrar congresistas?”. Ante la negativa de Jara, Jojoy respondió, “usted no es congresista, pero iba a serlo y ya no”, le contó el exsecuestrado a Univision durante un evento en Mampuján, un pueblo fantasma abandonado después de una masacre de los paramilitares, a hora y media de Cartagena.

La llamada zona de distención de Andrés Pastrana se inauguró cuando Jara era Gobernador del departamento del Meta (en los llanos orientales del país). El territorio, que estuvo despejado de fuerza pública hasta el comienzo de la administración de Álvaro Uribe en 2002, estaba conformado por el municipio San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá, y cuatro municipios del departamento del Meta, no muy lejos del punto donde fue secuestrado en el año 2001 mientras se transportaba en un vehículo de la ONU.

Jara tiene una sonrisa enorme, con unos grandes y amables dientes blancos. Cuando habla de su compañero de cautiverio, el general Luis Mendieta, lo hace con nostalgia y recuerda: todas las mañanas el general Mendieta le preguntaba: ¿cómo amaneció?, y él siempre le respondía: “bien, esta noche puedo estar comiendo en mi casa”. Así transcurrieron 2,760 días. Cuando logró la libertad, le hicieron una entrevista en la radio y le pidieron un mensaje para su compañero. Él contestó: “General, hoy estoy comiendo en mi casa”.

En una carta enviada a su familia durante su secuestro en enero de 2008, Mendieta escribió: “Alan se destacó por su colaboración, integración desde el primer momento con nosotros y con sus charlas, debido a la experiencia académica obtenida en Rusia, por sus viajes con muchas dificultades y limitaciones a decenas de países. Por su trabajo político en el Meta tenía innumerables historias que contar y compartir; por eso siempre lo escuchábamos cuando narraba tantas experiencias, dificultades, problemas, incidentes que le ocurrieron mientras estudió y durante los viajes, las formas de trabajo que le tocó hacer para poder viajar y conocer el mundo sin dinero, pero con deseos de salir adelante”.

Después de su liberación en 2009, durante una operación humanitaria liderada por El Comité Internacional de la Cruz Roja y el gobierno de Brasil, Jara habló con su esposa e hijo y juntos decidieron que no querían cambiar su proyecto de vida y que quería continuar su carrera política.

Entonces convocó un grupo ciudadano para hacer un ejercicio cívico de recolección de firmas y ensayó un planteamiento para hacer inversión social en el departamento. La gente le respondió positivamente, lo cual considera un acto reparador.

En 2011 se convirtió nuevamente en gobernador del Meta y tuvo varios reconocimientos, como ser el mejor mandatario regional en temas de reconciliación y víctimas, y uno de los tres mejores gobernadores del país. Al terminar la gobernación, el presidente Juan Manuel Santos decidió ofrecerle la posición de director nacional de la Unidad de Víctimas.

Para Jara, lo pactado en el acuerdo es lo posible. “Conociendo a la guerrilla de las FARC, que llevan más de 50 años alzados en armas, el que ellos entreguen las armas o hagan dejación de ellas, que se comprometan a dar la verdad, a la reparación y sobre todo a la no repetición, es un logro enorme del Estado. Parar el conflicto es un imperativo ético y moral”. Para él, ocho millones de víctimas son ocho millones de razones para no continuar.

Jara dice que podemos hacer la comparación entre un mundo ideal, en el que deberían pasar ciertas cosas, y un mundo real, donde evidentemente pasan otras. “Yo creo en el mundo real”, aseguró.
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LUIS ELADIO PÉREZ


“No queremos que ningún colombiano sufra lo que nos tocó sufrir a nosotros”


Luis Eladio Pérez Bonilla (Nariño, 1953)
Tiempo en cautiverio: 6 años y 8 meses (Junio 10, 2001 / Febrero 28, 2008).
Votará:


En la selva hasta la picada de un mosquito puede ser el fin de la poca salud que queda. El entonces congresista Luis Eladio Pérez padeció su secuestro. Literalmente. A su condición de diabético sin cuidados básicos (tuvo tres comas) se sumó una parálisis de riñón, un infarto, leishmaniasis y afecciones de piel propias de su lugar de cautiverio. Probó remedios caseros que sacaron gusanos de sus heridas, pero contra lo que más luchó fue con su estado de ánimo, que empeoró cuando murió su madre.

Su historia la contó en el libro de 264 páginas "7 años secuestrado por las FARC" (Aguilar, 2008). Allí también ofrece detalles de lo que vivieron otros compañeros de infortunio.

"Cuando pensé en quitarme la vida, lo cual cruzó por mi mente muchas veces, escuchaba los mensajes de cariño, de amor, de fe y de esperanza de Ángela (esposa) y mis hijos, de mi familia y mis amigos y, por supuesto, también me enteraba de la lucha que los familiares venían haciendo por nuestra liberación y me decía: 'Bueno, yo no puedo ser tan cobarde frente a esta lucha, frente a ese drama que está viviendo mi familia'(…) y eso me obligaba a reflexionar sobre la determinación de quitarme la vida", contó.

Antes de convertirse en un prisionero de las FARC considera que tenía buena relación con ellos, por lo que nunca vio venir la captura. "Llevaba una carrera de 12 años como congresista. Entré al Congreso en el año 1990 como representante a la Cámara. Me tocó la revocatoria del Congreso después de la expedición de la Constitución de 1991, y volví a presentarme a la Cámara. Llegué al Senado en 1994 y 1998. Mi período culminaba en el 2002, pero no pude terminar mi trabajo pues me secuestraron en el 2001", escribió.

Después de un intento de fuga, los guerrilleros lo mantuvieron encadenado "de la garganta a un palo las 24 horas del día, desde el 25 de julio del 2005 hasta su liberación, el 27 de febrero de 2008 cuando fue liberado junto a cuatro de sus compañeros. En ese momento, frente a las cámaras, se le escuchó decir que la única salida que encontraba al conflicto era política y hoy frente al acuerdo de paz lo sostiene.

"Tomé una determinación, no leer el acuerdo para poder votar el sí. No me gustan muchas cosas del acuerdo de La Habana y las he criticado pública y privadamente pero voy a votar el sí", comentó en una entrevista a Caracol Radio, desde Armenia la semana pasada."No queremos que ningún colombiano sufra lo que nos tocó sufrir a nosotros", se le escucha en esta entrevista.

Después de salir de su cautiverio, Pérez fue embajador en Lima, Perú (2012), y luego en Caracas, Venezuela, de donde salió al año tras un impasse con el gobierno chavista de Nicolás Maduro en 2014.

En estos momentos, él necesita que las FARC le pidan perdón, para poder cerrar su proceso emocional. "Les he dado la dirección de mi casa casa y con gusto atiendo a los señores comandantes para que vengan a mi casa a pedirme perdón", dijo.

Entre los puntos que no le calzan de la negociación destaca que no se haya obtenido un mayor compromiso de la guerrilla para la reparación de las víctimas, a pesar de todo el dinero que él calcula que tienen, producto de extorsiones y comercios irregulares. Pero creo que la paz es un camino que se irá perfeccionando después de la apobación de éste, su comienzo.
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CONSUELO GONZÁLEZ


“Veo muy radicales a los que nunca fueron afectados por la guerrilla, vivieron la guerra por TV”

Consuelo González (Pitalito, 1950)
Tiempo en cautiverio: Siete años y cinco meses (Septiembre 10, 2001 / Enero 10, 2008)
Qué votará: Si


Durante su cautiverio, Consuelo González entró en estado de ansiedad y depresión. No comía, solo se mordía las uñas. Dormía poco o nada. Con el pasar de los días, sus compañeros de secuestro fueron brindándole palabras de aliento que la ayudaron a mantener la cordura y la vida. Entre ellos su ahora gran amigo, el general Luis Mendieta y la ex candidata presidencial, Ingrid Betancourt, con quien pasó 10 meses de su prisión. Compartían, entre otras cosas, una hora de yoga al día.

A González le gustaría que una vez oficializados los acuerdos y comenzara el proceso de las víctimas con los victimarios, la guerrilla le dijera la verdad sobre los tres parlamentarios secuestrados del partido liberal en el departamento del Huila. ¿Por qué los tres de un mismo partido? ¿Qué hubo detrás de eso?

Ella, que fue secuestrada por la Columna Movil Teófilo Gutiérrez de las FARC hace 15 años, había sido diputada, concejala y ejercía como representante a la cámara por el departamento del Huila al momento de su captura. Mientras estuvo retenida en la selva murió su esposo y se convirtió en abuela.

Su liberación fue posible gracias a una larga negociación liderada por el entonces presidente venezolano Hugo Chávez y la ex congresista colombiana Piedad Córdoba. Una vez fuera de la selva estuvo un año hablando sobre intercambio humanitario, en una lucha terca por la liberación de sus compañeros aún cautivos.

Al año de su liberación regresó a la política y ganó una curul en el Congreso. En 2011 recibió una indemnización del Estado por 470 millones de pesos (alrededor de 150.000 dólares).

Para ella, una de las cosas curiosas que hay en este proceso es que son las víctimas las que están poniendo la cuota de generosidad y sobreponiéndose a los hechos que cada uno vivió y sus sentimientos de dolor. "Veo muy radicales a personas que nunca fueron afectados por la guerrilla, que vivieron la guerra por televisión", comentó desde su casa en Cartagena de Indias.

Uno de los argumentos que le parece menos razonable es el que dice que este acuerdo convertirá a Colombia en Venezuela. “Nunca he contemplado esa posibilidad. Tan es así que cuando la guerrilla pretendió que se pusiera sobre la mesa el modelo económico, el Presidente Santos nunca aceptó. Colombia tiene un modelo económico neoliberal…Yo quisiera llamar la atención sobre eso, los grandes empresarios del país, los que están cerca de las grandes inversiones están apoyando el proceso de paz. Si ellos estuvieran pensando que hay algún riesgo en el tema económico, estarían jugándosela por el No”.
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ÓSCAR LIZCANO


“Los colombianos tienen una oportunidad histórica de parar la guerra con el enemigo más cruel que ha tenido durante los últimos 50 años”

Óscar Tulio Lizcano (Caldas, 1947)
Tiempo en cautiverio: Ocho años y dos meses (Agosto 5, 2000 / Octubre 10, 2008)
Qué votará:


Combatía los desvaríos de la soledad y el silencio armando salones de clases con ramas de arboles. A cada rama le ponía un nombre, como si fueran estudiantes, y les dictaba clases. Así mantuvo la práctica y la cordura durante su secuestro.

Escapó de sus captores ocho años después de haber sido internado en la selva, con la ayuda del jefe guerrillero que lo cuidaba, alias “Isaza”. Corrieron juntos durante tres días por el monte hasta que encontraron una Brigada del Ejército. Durante los siguientes cinco meses escribió libro 'Años en Silencio' (Planeta, 2009), en el que relata su sufrimiento en cautiverio: las huidas, la falta de alimentos, la soledad y la deshumanización con la que viven, tanto secuestrados como combatientes, en los campamentos guerrilleros.

Después de su liberación se dedicó a su negocio de distribución de motocicletas y a la vida universitaria. Lizcano es ahora un académico caldense. Escogió la tranquilidad y el retiro de la política. Hasta el cinco de agosto del 2000 era un reconocido Representante a la Cámara del Partido Conservador. Ese día fue raptado en Riosucio, Caldas, por el Frente Aurelio Rodríguez de las FARC, y estuvo privado de libertad en la frontera selvática entre los departamentos del Chocó y Risaralda. Fue el primer secuestrado político de este grupo guerrillero.

Después de su liberación se dedicó a su negocio de distribución de motocicletas y a la vida universitaria.

Acaba de terminar su maestría en Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, en la que presentó la tesis 'El perdón duerme con las palabras', y está adelantando un doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela de España. El trabajo que adelanta también está relacionado con el perdón y la culpa.

Pese a su retiro, actualmente trabaja en la convocatoria y apoyo al "Sí" en el plebiscito.

Para él, los colombianos tienen una oportunidad histórica "de parar la guerra con el enemigo más cruel que ha tenido durante los últimos 50 años el Estado Colombiano: Las FARC. Por eso cuando le preguntan qué votará en el domingo, el responde: “Sí, por supuesto que Sí”.
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ORLANDO BELTRÁN


“La paz solo pertenece al pueblo Colombiano y nadie se debe adjudicar este proceso que es un derecho de todos los colombianos”


Orlando Beltrán (Neiva, 1957)
Tiempo en cautiverio: Seis años y seis meses (Agosto 28, 2001 / Febrero 27, 2008)
Qué votará: Si

Era congresista y se encontraba en camino a una de sus fincas cafeteras, en el municipio de Gigante del mismo departamento, cuando se topó con un retén guerrillero del Frente 61. La Columna Móvil Teófilo Forero de las FARC no dudó en sumarlo al grupo de secuestrados políticos.

Actualmente es uno de los líderes de la Dignidad Cafetera en el departamento del Huila. Su carrera política había comenzado en 1992 cuando fue diputado por ese mismo estado con el Partido Liberal y continuó hasta su secuestro. Una vez liberado se dedicó exclusivamente al mundo gremial cafetero. “Mi trabajo actual es buscar que la caficultura en Colombia sea reconocida en el aspecto social, económica y que no sea tan vulnerable”, contó.

Beltrán fue liberado en la polémica movida política de las FARC, quienes el 31 de enero de 2008 solicitaron al entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y a la ex congresista colombiana Piedad Córdoba (ambos opositores del gobierno del Presidente Álvaro Uribe), agilizar los trámites para que ellos lo recibieran a él y a otros dos congresistas secuestrados durante 2001: Luis Eladio Pérez y Gloria Polanco. La liberación se haría en territorio colombiano.

La posición de Beltrán frente al Acuerdo es positiva. La ve como una oportunidad que tiene el pueblo colombiano y en especial el sector campesino para que salga de la contienda "uno de los grupos criminales más tenebrosos del mundo y se dé el primer paso al inicio de un proceso de construcción de la paz".

"Votaré por el Sí. Pero aclaro que la paz solo pertenece al pueblo colombiano y ningún sector político, ni persona alguna se debe adjudicar este proceso que es un derecho de todos los colombianos", escribió a Univision por correo electrónico.
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