Cómo Trump manipuló la causa de los dreamers en el discurso del Estado de la Unión

Con la frase aparentemente inocua e irrebatible de que “los estadounidenses son soñadores”, Trump minimiza a los soñadores al colocarlos como parte del gran problema social generado por la inmigración ilegal.

En su primer discurso sobre el Estado de la Union, el presidente Donald Trump se refirió al problema de los dreamers, pero en vez de plantear soluciones prácticas para ellos les quitó la exclusividad de la etiqueta con la que se han identificado estos jóvenes traídos a EEUU en su infancia y, de alguna manera, minimizó la urgencia de su lucha por regularizar su estatus legal y evitar la deportación.

“Mi responsabilidad, y el sagrado deber de cada funcionario elegido en esta Cámara, es defender a los estadounidenses, proteger su seguridad, sus familias, sus comunidades y su derecho al sueño americano. Porque los estadounidenses también son soñadores”, dijo el presidente en un mensaje plagado de referencias populistas y nacionalistas.

Un poco más adelante en el discurso, al volver a referirse a estos jóvenes, el presidente no les llamó dreamers sino “inmigrantes ilegales que fueron traídos por sus padres” en una estrategia retórica que parece querer disminuir los reclamos del grupo, al que, al mismo tiempo, dice querer ayudar.


Tiene lógica que Trump busque torpedear la campaña por la regularización en la que están embarcados desde hace años los llamados soñadores, y que se hizo más urgente a raíz de que Trump suspendiera el Programa de Acción Diferida (DACA) que el gobierno de Barack Obama diseñó para protegerlos luego que el Congreso no pudiera alcanzar una reforma migratoria integral.

Las encuestas indican que cerca del 80% de la población considera que hay que permitirle a los dreamers permanecer en el país, incluyendo a quienes aceptan que hay que darles una vía a la ciudadanía porque entienden que, siendo menores de edad, no tuvieron capacidad de influir en la decisión de sus padres de inmigrar a EEUU sin la documentación necesaria.

Derechos civiles 2.0

Esa buena imagen de la que en general goza la causa de los dreamers ha crecido en los últimos años, al punto que algunos activistas y varios demócratas la están equiparando con la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroestadounidense de los años 60.


La tarde del martes, poco antes del mensaje de Trump, durante una rueda de prensa en el Capitolio, muchos de los 27 dreamers que fueron invitados por congresistas demócratas para presenciar el Estado de la Unión dijeron sentir que estaban en una gesta similar a la que protagonizó la comunidad negra para el pleno ejercicio de sus derechos políticos.

Por eso, la frase aparentemente inocua (e irrebatible) de que todos “los estadounidenses son soñadores” relativiza los problemas de los dreamers al colocarlos como parte de un gran problema social generado por la inmigración ilegal y, por tanto, aparentemente no digno de una solución específica, como la ley “limpia” que los promotores aspiran para solucionar el caso.

La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, usó con un orden ligeramente diferente las palabras del mandatario.

“Los #DREAMers también son estadounidenses”, escribió Pelosi al final del discurso de Trump.

Con su retórica, el presidente indica que los dreamers no son despúes de todo tan especiales. No más que el ciudadano estadounidense respetuoso de la ley que, de acuerdo con el cuadro que pinta Trump, es víctima de una inmigración indiscriminada que le quita trabajos y hasta pone en peligro su vida.

Crisis creada

La dramática coyuntura en la que se encuentran los dreamers es producto de la decisión del presidente de rescindir DACA, argumentando la extralimitación de Obama al legislar por encima del Congreso, con lo que dejó de nuevo en el limbo a casi 700,000 jóvenes inmigrantes que hasta el año pasado confiaban en un grado de protección que les permitió adquirir permisos de trabajo.

En los 15 minutos que dedicó a hablar de inmigración, el presidente no mostró demasiada solidaridad con esos jóvenes.

Pese a que en el pasado ha dicho reconocer lo delicado de su situación y haber prometido que alcanzaría soluciones con “corazón”, en su mensaje anual dejó claro que sus problemas quedaban supeditados a un gran arreglo en el que lo migratorio se funde con la seguridad nacional.

Muchos demócratas y activistas migratorios consideran que la Casa Blanca ha tomado como “rehenes” a los dreamers en su estrategia de negociación para lograr una reforma legal.

Durante su discurso, el presidente no elaboró más allá de los “cuatro pilares” que la semana pasada presentó la Casa Blanca al debate: ciudadanía para casi 2 millones de dreamers, seguridad fronteriza, fin de la lotería de visas y limitar inmigración en cadena al proponer que los hijos no puedan pedir la residencia para sus padres.

A juzgar por las reacciones que siguieron a la alocución, es previsible que el mensaje no genere cambios en la dinámica estancada en la que está sumido el debate.

A juzgar por la conversación en redes sociales, lo que sí esperan algunos es que eso de “los estadounidenses también son soñadores” prenda y se convierta en un lema de la campaña electoral permanente en la que parece estar embarcado el presidente.

Y eso es muy posible que suceda, porque a la hora de crear etiquetas, el presidente tiene una admirable habilidad.