La Corte, la polarización y el 'factor Kavanaugh'
Independientemente de qué versión se crea, la del juez Kavanaugh o la de la profesora Blasey Ford, el tono del debate en torno a la nominación indica que, de ser confirmado, el nominado del presidente Trump promete convertirse en el miembro más polémico de la Corte Suprema.
Ambos partidos culpan al otro de politizar el procedimiento de confirmación y el propio juez se metió en ese debate partidista, primero al dar esa inusual entrevista por parte de un nominado al canal Fox News y luego al acusar a los que perdieron contra Trump (junto a círculos vinculados a una no bien especificada “venganza” de los Clinton) de haber orquestado su “asesinato moral”.
Varios senadores demócratas han destacado que nunca habían visto un nominado tan beligerante hablar ante el comité y dirigirse de manera tan irrespetuosa a los miembros del panel con quienes estaba en desacuerdo. La norma en estos procedimientos es el decoro, independientemente de que el aspirante se sienta injustamente atacado.
Kavanaugh en la corte será una figura divisiva, no tanto por lo que pueda hacer a la hora de tomar las decisiones que vaya a adoptar siguiendo su conocida filosofía legal conservadora que tanto temen los liberales, sino porque será percibido por muchos como una ficha partidista en el Supremo. Todos los magistrados tienen sus inclinaciones políticas, pero Kavanaugh mostró esta semana su corazón republicano como pocos aspirantes a la judicatura han hecho antes.
Cuando el 1991 el hoy magistrado Clarence Thomas pasó por un trance similar, acusado de haber acosado sexualmente a Anita Hill, no se refugió en argumentos partisanos para defenderse. Thomas adoptó una línea más general, que podía ser compartida por algunos independientemente de qué inclinación política tuviera, de presentarse como víctima de un “linchamiento de alta tecnología” contra un hombre negro a quien la sociedad no le perdonaba el éxito que había logrado.
Pero Kavanaugh optó por defenderse refugiándose en argumentos defendidos por los republicanos, usando un estilo casi grosero muy similar al que usaría Trump a la hora defenderse. No en vano, el presidente felicitó a su candidato por la manera como le habló al comité.
La ira que mostró Kavanaugh puede ser humanamente comprensible. Se trata de un hombre que siente que le han destruido su reputación y dañado su familia por un juego político. Lo que será más difícil de entender para quienes se le oponen es haber mostrado un carácter irascible, poco apropiado para alguien que espera ser juez de la máxima corte del país.
En cualquier caso, en el cercano horizonte veremos a una sociedad cada vez más polarizada en torno a la corte, una institución que debería estar más allá de esos debabtes.