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Cuatro opciones para investigar los lazos entre Trump y Putin

Los demócratas advierten que los comités del Congreso que indagan sobre el 'Rusiagate' no son fiables y proponen otros modelos que aseguran serían más imparciales como por ejemplo una comisión independiente similar a la del 11-S. Aquí, las ventajas e inconvenientes de cada uno.
29 Mar 2017 – 11:58 AM EDT

Los pedidos para formar una investigación independiente y bipartidista sobre los posibles lazos del presidente Donald Trump con Rusia están ganando fuerza después del extraño comportamiento del congresista republicano Devin Nunes, quien preside una de los comités del Congreso que indaga sobre el caso.

Nunes dijo este martes que no se recusará de su puesto al frente de la investigación en el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja un día después de conocerse que vio informes secretos de inteligencia dentro de los terrenos de la Casa Blanca. La revelación alimentó las dudas que ya existían sobre su cercanía al presidente.

Ya antes de que Nunes levantara sospechas, había críticas sobre la idoneidad de esa investigación y de otras que se llevan a cabo en el Congreso. Pero ¿qué otras opciones quedan para conocer la relación entre el presidente y Putin?

La cuestión es importante porque los resultados aclararían preguntas relevantes que afectan a la legitimidad de la presidencia de Trump: ¿cooperó con el Kremlin para dañar a Hillary Clinton?, ¿tiene Putin alguna información comprometedora sobre Trump?, ¿tiene Trump intereses financieros en Rusia? La Casa Blanca sigue insistiendo en que el Rusiagate es una invención de los medios: "Si el presidente pone un aderezo ruso a la ensalada esta noche, de algún modo eso será una conexión rusa", dijo el martes el secretario de la Casa Blanca, Sean Spicer.


Los comités permanentes del Congreso

Actualmente hay varias investigaciones en marcha en comités permanentes del Congreso además de la liderada por Nunes en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

La que ha tenido más actividad es el Comité de Inteligencia del Senado, presidido por el senador por Virginia Richard Burr. Como en el caso de Nunes, pesan sospechas sobre la imparcialidad de éste. Burr, que asesoró a Trump sobre seguridad nacional durante la campaña, admitió que ha sido uno de varios congresistas que a petición de la Casa Blanca, hicieron llamadas a periodistas para contrarrestar el daño que Trump está sufriendo por las noticias sobre Rusia.

Los críticos han sido muy duros con Burr. Señalan que el elemento más importante para el éxito de cualquier investigación congresional es un presidente y unos miembros comprometidos con un proceso independiente.

Otro comité importante es el de Servicios Armados del Senado, presidido por el senador por Arizona John McCain.

McCain es quizás el miembro republicano del Congreso que más severo ha sido con Trump, en especial sobre Rusia. McCain ha presionado para que sea creado un comité selecto en el Senado con la tarea de investigar la conexión rusa.

Un inconveniente común a estos comités permanentes del Congreo es que están sobrecargados de trabajos. Son paneles que se ocupan de multitud de asuntos, además de la investigación rusa. Además del monitoreo de agencias del gobierno, tienen funciones legislativas y presupuestarias.

Un comité selecto o especial

Para evitar las restricciones de tiempo y recursos que pesan sobre los comités permanentes, los líderes del Congreso podrían crear un comité selecto (si su sede está en la Cámara de Representantes) o especial (en el Senado).

Una de sus ventajas más claras es que podría empezar a operar rápidamente (a diferencia de una comisión independiente, la opción demandada por muchos demócratas) ya que los congresistas ya gozan de habilitaciones de seguridad y de oficinas de trabajo.

La estructura de estos comités es flexible y permiten la contratación de personal experto lo que puede ser decisivo en una investigación tan compleja como la de los lazos rusos.

Una clara ventaja es que pueden ser creados por cada cámara del Congreso y a diferencia de la comisión independiente no pueden ser vetados por el presidente. Estos paneles especiales han sido dotados a menudo de poderes investigativos mayores que los de los comités permanentes, como obtener información de impuestos o la capacidad para solicitar esfuerzos de recolección de información en el extranjero.

Los partidarios de esta opción señalan ejemplos de éxito de comités de este tipo: el que investigó la respuesta al huracán Katrina de 2005 durante el gobierno de George W. Bush, el de la investigación sobre Irén-contra en 1987 durante el gobierno de Ronald Reagan y el del caso Watergate a principios de los 70 durante el gobierno de Richard Nixon.

Una comisión independiente

Este es el modelo preferido por muchos demócratas como los congresistas Adam Schiff y Nancy Pelosi así como otros comentaristas que ponen por ejemplo la Comisión que investigó el atentado del 11-S, considerada un éxito por muchos.

Una gran ventaja de esta opción es que los miembros de la Comisión no serían necesariamente miembros del Congreso, lo que garantizaría un mayor aislamiento político. Además, sus miembros serían elegidos equitativamente por los dos grandes partidos, y por tanto la Comisión no sería un reflejo de la composición del Congreso donde los republicanos son mayoría.

El gran inconveniente es que debe ser creada por ley y éstas pueden ser vetadas por el presidente. Como es muy presumible que el presidente vetaría una ley así, la única posibilidad de que sea creada una comisión de este tipo pasa por una mayoría cualificada en el Congreso que pueda invalidar ese veto (dos tercios en ambas cámaras).

Los críticos de la opción por una comisión independiente señalan que el ejemplo estrella del 11-S ha sido sobrevalorado. Dicen que fue lenta y que consiguió un acuerdo bipartito solo porque abandonó cualquier pretensión de exigir responsabilidades individuales. A pesar de que muchos oficiales del gobierno disponían de evidencias que les hubieran permitido evitar el atentado, ninguno fue despedido, disciplinado o enjuiciado.

El FBI y un fiscal especial

El FBI investiga desde julio la intervención del Kremlin en la elección presidencial y la conexión rusa del círculo de Trump. Su investigación es de contrainteligencia, y no de carácter criminal, por lo que su prioridad no es recomendar posibles imputaciones, pero en caso de que esa sea una de sus conclusiones la decisión sobre si presentar cargos contra individuos recaerá sobre la cúpula del Departamento de Justicia, del que depende el FBI.

El responsable máximo del Departamento de Justicia, el fiscal general Jeff Sessions, decidió apartarse de la supervisión del caso ruso después de admitir de modo embarazoso que se reunió con el embajador ruso el año pasado. Eso supone que en principio la eventual decisión sobre una investigación criminal contra el gobierno Trump correspondería a su segundo en el mando, el vicefiscal general. El nominado para el puesto, el fiscal de Maine Rod Rosenstein, aún no ha sido confirmado por el Senado.

Como es improbable que un empleado tome una decisión contra su jefe, los demócratas han conminado a Sessions a nombrar un fiscal especial, del mismo que los que fueron designados para grandes escándalos como el Watergate, durante la era Nixon, o el caso Whitewater, que salpicó a los Clinton.

Pero no hay nada que obligue a Sessions a nombrar un fiscal especial. De hecho, la exfiscal general Loretta Lynch, no se apartó de la investigación sobre las prácticas de email de la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton, quien de haber ganado hubiera podido decidir retenerla en el cargo.


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