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Tulsa

La masacre racial de Tulsa, un evento olvidado que por razones diferentes George Floyd y Donald Trump ayudaron a revivir

A 99 años de la masacre racial de Tulsa, Oklahoma, la coincidencia de las protestas por la muerte de Floyd y un evento de campaña del presidente, le han dado relevancia a uno de los capítulos menos conocidos de la historia de violencia contra los negros en EEUU.
20 Jun 2020 – 11:12 AM EDT
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´"Recordando el Wall Street Negro", un mural marca el sitio donde en 1921 turbas de blancos masacraron próspero un barrio negro. Crédito: Sue Ogrocki/AP

Cuando este sábado el presidente Donald Trump realice en Tulsa, Oklahoma, el promocionado relanzamiento de su campaña electoral con un mitin que se espera multitudinario, lo hará a pocos metros del sitio en el que 99 años atrás se produjo uno de los peores crímenes contra la comunidad afroestadounidense en EEUU, y una de las menos conocidas: la masacre racial de Tulsa .

Por eso la presencia de Trump en Tulsa no solo preocupa a los responsables locales de sanidad, temerosos de que una gran concentración en espacios cerrados agudice los contagios de coronavirus, sino a las autoridades de seguridad que presagian algún tipo de roces entre simpatizantes del presidente y manifestantes acicateados por la movilización tras la muerte de George Floyd a manos de un policía blanco en Minneapolis a fines de mayo.

Trump aceptó cambiar la fecha original del evento, que era el viernes 19, día del ‘Juneteenth’, cuando en 1865 los esclavos de Texas supieron de la emancipación declarada por el presidente Abraham Lincoln dos años antes, pero no lo movió pese a la cercanía del distrito de Greenwood, donde en 1921 una poblada de hombres blancos arrasó lo que era entonces una próspera comunidad negra conocida como el ‘Wall Street Negro’. Centenares de edificios quemados y hasta 300 muertos quedaron al final de dos días de violencia racial incontrolada.

El gobernador de Oklahoma, el republicano Kevin Stitt, invitó a Trump a hacer un recorrido por Greenwood, en una iniciativa que ha molestado a muchos residentes que rechazan la presencia de un presidente al que se le ha asociado retóricamente con el supremacismo blanco y que a las protestas por la muerte de Floyd reaccionó ofreciendo mano dura.

1921:

30 de mayo al 1 de junio

El 30 de mayo de 1921, Dick Rowland, un lustrabotas negro de 19 años, tomó el ascensor del edificio Drexel del centro de Tulsa que operaba la ascensorista blanca Sarah Page, de 17 años.

Lo que pasó es confuso y varía según las fuentes, pero Page gritó cuando Rowland se agarró de ella para aparentemente evitar caer por un tropiezo. Alguien presente en el lugar aseguró que el joven había intentado atacar a la chica y la versión creció hasta que el comentario en la calle era que se había tratado de un intento de violación.

La policía arrestó a Rowland al día siguiente y una nota incendiaria en el Tulsa Tribune dio legitimidad entre la comunidad blanca a la versión de que se trató de un ataque sexual. En los años posteriores a la liberación de los esclavos, ser agredida por un negro era un temor que abrigaban algunas mujeres blancas.

Mientras Rowland estaba en el calabozo, centenares de hombres blancos (y algunas mujeres) fueron concentrándose de manera amenazante frente al edificio de policía. Ante la posibilidad de que el acusado fuera linchado por la turba, grupos de negros se presentaron en la zona para proteger al joven.

En la noche la situación se había hecho incontrolable para la policía, que aunque logró mantener a Rowland fuera del alcance de quienes querían ejecutarlo, no pudo disuadir a las personas de ambos grupos que dejaran el lugar.

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Testimonios de la época indican que un primer disparo se produjo cuando un blanco habría intentado quitarle un revolver a un negro y entonces se activó una balacera en la zona.

Superados en número y poder de fuego, los afroestadounidenses empezaron a replegarse hacia su barrio de Greenwood perseguidos por la turba blanca. A las afueras del cuartel de policía quedaron una docena de muertos, al menos dos de ellos negros.

La madrugada del 1 de junio la ira blanca se ensañó con Greenwood y sus residentes iniciando una ola de violencia con saqueos, quema de edificios y asesinatos que, de acuerdo con las investigaciones de la época y posteriores, contó con la anuencia (si no con la participación) de las autoridades locales.

Casi 24 horas después, cuando la Guardia Nacional enviada por el gobernador llegó a la ciudad para reestablecer el orden público, unas 35 cuadras habían sido arrasadas por el fuego y 35 personas habían muerto.

Investigaciones posteriores ponen en duda la cifra oficial que se presentó en la época y hablan de la posibilidad de hasta 300 afroestadounidenses muertos, de acuerdo con la Sociedad Histórica de Tulsa.

Esfuerzo de justicia y memoria

En 2001, la Comisión para los Disturbios Raciales de Tulsa creada por el estado de Oklahoma redactó un informe detallando los eventos que sucedieron en 1921, pero grupos activistas y familiares de sobrevivientes de la masacre no han logrado tener éxito en sus intentos legales para obtener compensaciones por los daños y las muertes que padeció la comunidad.

En 2016 se creó la Comisión Centenaria de la Masacre Racial de Tulsa, un grupo integrado por funcionarios de diferentes niveles de gobiernos estatales y locales, con el fin de educar sobre los eventos, homenajear a las víctimas y promover el desarrollo de esa zona del norte de Tulsa.

Casi un siglo después, nadie ha sido responsabilizado por el violento estallido que arrasó con una pujante comunidad, los gobiernos no han pagado compensaciones y los muertos siguen siendo buscados.

En julio está previsto que se realice una excavación arqueológica por parte de expertos de la Universidad de Oklahoma que han estado dos décadas investigando la posibilidad de existencia de fosas comunes, algo que explicaría la disparidad entre la cifra oficial de muertos y los cálculos que han hecho investigaciones posteriores.

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Comunidad afroestadounidense celebra ‘Juneteenth’, fecha que marca el fin de la esclavitud en EEUU

Tras la tragedia, en unos pocos años la comunidad logró recuperarse por el esfuerzo de los residentes y sin ayuda alguna del estado. Sin embargo, nunca logró los niveles de prosperidad de los que gozaba.

Contrario a lo que sería de esperar, por años, los diarios locales ignoraron la fecha y no hacían referencia a la violencia vivida.

“Las escuelas de Oklahoma no hablaban de eso. De hecho, los periódicos nunca imprimieron ninguna información de la Masacre Racial de Tulsa. Fue completamente ignorada. Era uno de esos eventos que todos quieren barrer bajo la alfombra y olvidar”, dijo a CNN el senador republicano por Oklahoma James Lankford.

Casi 100 años después, la masacre de Tulsa es una de las historias de violencia racial menos conocidas en EEUU. La proximidad del centenario y el efecto que ha tenido las movilizaciones contra el racismo por la muerte de Floyd y otros negros a manos de policías blancos le ha dado una relevancia nacional que nunca antes tuvo.

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