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Tras un atropellado arranque en la Casa Blanca, Trump presenta sus planes ante el Congreso

Para su primer mensaje ante una sesión conjunta de ambas cámaras, se espera que el presidente toque los temas que ha venido desarrollando en su corto tiempo en la Casa Blanca: inmigración, defensa, recorte de impuestos, final de Obamacare. La duda está en el tono que adoptará en su discurso.
27 Feb 2017 – 1:43 PM EST

Ni en sus mejores tiempos presentando ' The Apprentice', ni en su muy documentada vida pública, nunca en su vida Donald Trump ha tenido una audiencia tan grande y cautiva como la que tendrá la noche del martes cuando presente su primer mensaje como presidente ante ambas cámaras del Congreso de EEUU.

Se espera que el presidente hable de su proyecto para los próximos cuatro años (quizá ocho, si las cosas le salen bien) profundizando más en sus propuestas de campaña y en las líneas que ha seguido desde que asumió el poder hace poco más de un mes.

Los temas con seguridad se centrarán en el control de la inmigración, derogación y reemplazo de Obamacare, reducción de impuestos, desmantelamiento de regulaciones, promoción de la producción energética, renegociación de acuerdos comerciales internacionales e incremento del gasto en defensa.

Ya el plan de presupuesto, del que se han ido conociendo algunos detalles, deja claro el énfasis en seguridad nacional y ciudadana que trae el gobierno republicano.

Este martes en un encuentro de periodistas con el presidente, a horas de dar su discurso ante el Congreso, un funcionario de la Casa Blanca habría adelantado que Trump estaría evaluando una reforma migratoria integral que permitiera regularizar la permanencia de algunos indocumentados en el país, pero sin pemitirles el acceso a la ciudadanía. "Es momento de una ley de inmigración si existe el compromiso de ambas partes", dijo el vocero a la prensa.

Los demócratas han dicho en reiteradas ocasiones que una reforma migratoria debe incluir un camino a la ciudadanía, tal cual como lo hizo el Senado el 27 de junio de 2013 cuando aprobó un plan bipartidista (el S.744) que los republicanos frenaron en la Cámara de Representantes.


Lo que es una incógnita es cuál será el tono o el personaje que se presente: el Trump presidente o el Trump candidato permanente del que tuvimos un atisbo apenas la semana pasada en su presentación ante la Conferencia del Comité de Acción Política (CPAC).

Si aprovecha el escenario para profundizar su guerra contra los medios (declarados por él y los suyos como “el enemigo del pueblo” y “el partido de oposición”) entonces veremos el Trump pendenciero de la campaña electoral que ha seguido activo desde la Casa Blanca.

Pero podríamos ver a un Trump transformado, presidencial, aunque muchos piensen que no saldrá nunca porque, dicen, el único que existe es este hombre díscolo y agresivo que solemos ver todos los días.

El tono del discurso

Trump asiste al Congreso a rendir cuentas, no en la forma de Discurso del Estado de la Unión (que estrictamente no le corresponde hasta que haya cumplido su primer año) pero sí de sus planes ante los otros factores de poder que pueden ayudarle o impedirle concretarlos.

Estará de invitado en la sede del poder legislativo y con los magistrados de la Corte Suprema presentes en primera fila, representando el sistema judicial con el que se ha enfrentado desde que una corte federal bloqueó la aplicación de la prohibición de viajes de ciudadanos de un grupo de países musulmanes.

Incluso estarán los militares representados por el Alto Mando, esos mismos generales de los que dijo en campaña que sabían menos que él sobre cómo manejar la amenaza terrorista que representa ISIS (Estado Islámico).

Está por verse si el protocolo, el recinto y la audiencia le harán moderar el verbo y evitar lanzar desde el presidio del Congreso una nueva diatriba contra la “prensa deshonesta” o si volverá a repetir el cuento de su triunfo electoral que cada tanto califica erróneamente como la mayor victoria de las últimas décadas.

Con Trump no se puede saber nunca qué esperar. Sucedió el 20 de enero en el discurso de toma de posesión cuando dio un mensaje pesimista sobre la “carnicería” y el “desastre” en el que está, según él, el país. Sus palabras no solo fueron sombrías, sino que contrariando la usanza y hasta el sentido común, se lanzó un mensaje populista dirigido a los suyos sin ofrecer a sus adversarios esos tradicionales llamados a la unidad nacional.

Ambiente hostil

Sin luna de miel con los medios y la clase política, Trump llega a su primera sesión conjunta como el presidente más impopular de todos los tiempos en su primer mes de gobierno desde que se llevan esas mediciones. Un 54% de la población desaprueba su trabajo, según la última encuesta de la empresa Gallup.

Quizá esa impopularidad se refleje en el ambiente del recinto y más de un congresista de oposición esté tentado de no solo no aplaudir al mandatario sino de abuchearlo o tratar algún gesto más notable de reprobación.

No sería la primera vez que eso pase.

En septiembre de 2009, en la segunda sesión conjunta ante el Congreso de Barack Obama, un representante republicano de Carolina del Sur, Joe Wilson, gritó “usted miente” al presidente cuando este explicaba su propuesta para la reforma del sistema sanitario que luego se conocería como Obamacare.

Molesto, el mandatario hizo una pausa, mientras desde el presidio la entonces presidenta de la cámara, Nancy Pelosi, y el vicepresidente Joe Biden dirigieron sus miradas reprobatorias hacia el congresista del grito.

En 1995, un Congreso de recién recuperada mayoría republicana se sintió y escuchó con bastante hostilidad al presidente Bill Clinton, aunque no hubo incidentes singulares que alteraran las ‘buenas maneras’ parlamentarias como hizo Wilson, quien tras su grito recibió una reprimenda del liderazgo republicano que lo forzó a presentar una disculpa al presidente.

En este caso, Trump tiene el beneficio de contar con las mayorías en ambas cámaras, aunque eso no significa que todos los republicanos estén con él. Muchos que se le opusieron en la campaña le están dando el beneficio de la duda o simplemente no se quieren arriesgar a plantarle cara, por ahora.

La otra expectativa radica en saber cuánta gente verá el discurso. El objetivo son los 67 millones de televidentes que tuvo Clinton en su primer mensaje al Congreso, más de tres veces la audiencia que logró en su capítulo final la primera temporada de ' The Apprentice'. Y eso, sabemos, para Trump el showman siempre es importante.


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