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Afganistán

¿Quedó de manos atadas Biden por el acuerdo con los talibanes que negoció Trump?

El caos que siguió a la fulgurante llegada de los talibanes a Kabul le ha generado una lluvia de críticas al presidente Biden, quien trada de esquivar responsabilidades asegurando que es consecuencia de trato "débil" y "apresurado" que su predecesor firmó con los talibanes en Doha.
22 Ago 2021 – 08:16 PM EDT
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Cuando bajo el gobierno del presidente Donald Trump se firmó un acuerdo de paz con los talibanes en febrero de 2020, este proclamó con optimismo: "Creemos que al final tendremos éxito" y el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó que se estaba "aprovechando la mejor oportunidad para la paz en una generación".

Dieciocho meses después, su sucesor, el presidente Joe Biden, señala al acuerdo firmado en Doha, Qatar, como responsable de que los talibanes controlaran Afganistán en una asombrosa operación relámpago que duró poco más de una semana y culminó con la toma de Kabul, tras la huida del presidente Ashraf Ghani.

En las explicaciones sobre por qué se produjo este avance fulgurante talibán y por qué las escenas de caos que siguieron en los días posteriores, Biden ha dicho que el acuerdo lo obligó a retirar las tropas estadounidenses, preparando el escenario caótico que envuelve al país. En una entrevista con ABC, Biden aseguró que habría sido imposible que la guerra más larga de la historia de EEUU no acabara en un caos.

Sin embargo, Biden tenía una cláusula de escape dentro de lo pactado: Washington podría haberse retirado del acuerdo y suspendido su aplicación si las conversaciones de paz entre el grupo Talibán y el gobierno afgano que siguieron a los acuerdos de Doha fracasaban. Lo hicieron, pero Biden decidió mantener el rumbo, aunque retrasó la retirada completa de mayo a septiembre y finalmente al último de agosto.

Chris Miller, secretario de Defensa en funciones en los últimos meses de la administración Trump, rechaza la idea esgrimida por Biden de que su gobierno estaba esposado por lo negociado con su predecesor.

“Si él pensaba que el trato era malo, podría haberlo renegociado. Tenía muchas oportunidades de hacer eso si así lo deseaba”, dijo Miller, un alto funcionario antiterrorista del Pentágono en el momento en que se firmó el acuerdo de Doha, en una entrevista con la agencia de noticias AP.

El exjefe de Miller, Mark Esper, último secretario de Defensa de Trump, dijo a CNN que en su momento sintió preocupación porque el entonces presidente "socavara" el acuerdo con los talibanes al presionar para que las tropas estadounidenses salieran de ese país cuanto antes, sin que se obligara a los insurgentes a cumplir una serie de condiciones primero.

Pero Esper culpó a ambos presidentes de la situación generada en Afganistán en un mensaje que publicó en su cuenta Twitter.

"Tanto el presidente Biden como Trump tenían el objetivo correcto en mente: poner fin a la presencia de Estados Unidos en Afganistán desde hace tanto tiempo. Pero ninguno logró perseguir ese objetivo de la manera correcta", sentenció Miller

¿Quedarse o retirarse?

Pero esa renegociación habría sido difícil. Como indica Esper, Biden y Trump querían que las tropas estadounidenses salieran de Afganistán, una guerra impopular y, de acuerdo con las evaluaciones de expertos militares, estancada.

Para EEUU salirse del acuerdo podría haberlo obligado a enviar miles más tropas de regreso a apoyar al gobierno afgano a enfrentarse a los rebeldes talibanes.

“La elección que tuve que tomar, como su presidente, fue cumplir con ese acuerdo o estar preparado para volver a luchar contra los talibanes en medio de la temporada de combates de primavera”, dijo Biden el lunes en un mensaje desde la Casa Blanca al que se vio forzado presionado por la opinión pública que esperaba explicaciones sobre el desorden de la retirada que estaban viendo en las imágenes que llegan desde Afganistán.

La toma de poder de los talibanes, mucho más rápida de lo que habían imaginado los funcionarios de cualquiera de las dos administraciones que presidieron la recta final de la guerra, ha provocado preguntas incluso de algunos funcionarios del gobierno de Trump sobre si los términos y condiciones del acuerdo, y las decisiones que siguieron después, hicieron lo suficiente para proteger a Afganistán una vez que el ejército estadounidense dejara el país.

El acuerdo de Doha fue una operación diplomática delicada que requería depositar cierto grado de confianza en los talibanes como posible socio de paz, pese al escepticismo de los afganos cansados de la guerra que temían perder la autoridad en cualquier acuerdo de reparto del poder.

"El acuerdo de Doha fue un acuerdo muy débil, y Estados Unidos debería haber obtenido más concesiones de los talibanes", aseguró a AP Lisa Curtis, una experta en Afganistán que se desempeñó durante la administración Trump como directora principal del Consejo de Seguridad Nacional para Asia Central y del Sur.

Para Curtis fue una "ilusión" creer que los talibanes podrían estar interesados en una paz duradera. El acuerdo resultante, asegura, estaba fuertemente inclinado hacia los talibanes, contribuyó a socavar al presidente Ghani y facilitó la liberación de 5.000 prisioneros talibanes sin una concesión acorde por parte de los talibanes hacia EEUU.

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El acuerdo exigía que Estados Unidos redujera sus fuerzas a 8,600 desde 13,000 para mediados de 2020, y que las fuerzas estadounidenses restantes se retiraran totalmente antes del 1 de mayo. En sus últimas semanas en el poder, Trump ordenó que la presencia militar en Afganistán se redujera a 2,500 soldados-

Biden, en su entrevista de ABC del jueves, dijo que se enfrentó a esa fecha límite poco después de asumir el cargo: "¿Digo que nos quedaremos? ¿Y crees que no tendríamos que enviar muchas más tropas?

Pero incluso sin el acuerdo de Trump, Biden aseguró que él "habría intentado averiguar cómo retirar esas tropas" y añadió que "no hay un buen momento para salir de Afganistán".

Acuerdo sin condiciones

El acuerdo estipulaba compromisos de los talibanes para prevenir el terrorismo, incluido cortar sus vínculos con Al Qaeda y evitar que ese u otros grupos radicales usen el territorio afgano para planear ataques contra Estados Unidos o sus aliados.

Aunque el acuerdo conminaba a los talibanes a detener los ataques contra las fuerzas estadounidenses y de la coalición, no les exigía explícitamente que expulsaran a Al Qaeda o detuvieran los ataques contra el ejército afgano del presidente Ghani.

Al final, las negociaciones en Doha y el acuerdo alcanzado proporcionó legitimidad a los talibanes, cuyos líderes se reunieron con Pompeo, el primer secretario de Estado en tener tales interacciones. También hubo discusiones sobre su llegada a Estados Unidos para reunirse con Trump en la residencia presidencial vacacional de Camp David, algo que fue abortado a último minuto, de acuerdo con el entonces presidente.

Trump fue cauteloso sobre las perspectivas de éxito del acuerdo, advirtiendo que habrían represalias militares si sucedían “cosas malas". Pompeo dijo de manera similar que Estados Unidos era "realista" y "moderado", pero que estaba decidido a evitar guerras interminables.

Los funcionarios estadounidenses dejaron en claro en ese momento que el acuerdo se basaba en condiciones y que el fracaso de las conversaciones de paz entre las partes de Afganistán para llegar a un acuerdo negociado habría anulado el requisito de retirarse.

Un día antes del acuerdo de Doha, uno de los principales asesores del negociador jefe de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, dijo que el pacto no era irreversible y que "Estados Unidos no tiene la obligación de retirar las tropas si las partes afganas no pueden llegar a un acuerdo o si los talibanes muestran mala fe "durante las negociaciones.

Se pretendía que esas negociaciones comenzaran un mes después de la firma de Doha, pero se retrasaron en medio de disputas entre los talibanes y el gobierno afgano sobre la liberación de prisioneros que se había pactado con Washington (negociación en la que el gobierno de Ghani no participó).

Las negociaciones no habían producido ningún resultado cuando Biden anunció su decisión de continuar el retiro en abril.

El exsecretario interino de Defensa Miller dijo que era el "enfoque correcto" y necesario para obligar a Ghani a negociar.

Miller afirmó que siempre se asumió que el acuerdo de Doha sería la "fase uno" del proceso, y que en la siguiente parte la Casa Blanca debía usar su influencia para que Ghani negociara un acuerdo de poder compartido con los talibanes.

“Obviamente, eso no le entusiasmó (al presidente Ghani), pero lo iba a hacer, o lo iban a remover. Íbamos a presionarlo seriamente para que hiciera un trato con los talibanes", afirmó Miller.

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En retrospectiva, Curtis, la exdirectora para Asia del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, considera que Washington no debería haber entrado en las conversaciones de Doha “a menos que estuviéramos preparados para representar los intereses del gobierno afgano”.

“Fue una negociación injusta, porque nadie estaba velando por los intereses del gobierno afgano”, concluye Curtis, respaldando la tesis de muchos de que la Casa Blanca abandonó a los afganos porque tenía la necesidad de acabar con una guerra costosa e impopular.

La vía de salida se había abierto en Doha y la posibilidad de cerrarla y regresar al trabajo de mantener fuerzas militares por varios años más no resultaba apetecible para Biden.

La opinión pública parece que eventualmente respaldará esa decisión. Mientras la mitad de los encuestados en un reciente sondeo de AP critican la manera cómo se realizó el retiro y el caos que han presenciado, dos tercios de los consultados apoyan la salida final de las tropas que se ha producido.

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