El año 2015 batió récord de ambientalistas asesinados: tres muertes por semana

La cifra de muertos es casi un 60% superior a la de 2014 y afectó especialmente a Latinoamérica, donde se contabilizan 100 víctimas. La mayoría de esos crímenes están aún impunes.
20 Jun 2016 – 8:06 PM EDT



El 2015 fue el año con más ambientalistas e indígenas muertos desde que se tiene registro (2002): 185 activistas perdieron la vida en enfrentamientos por la defensa del medio ambiente o fueron asesinados por sicarios porque vivían en una parcela de tierra atractiva para su explotación.

El nuevo informe mundial de la organización Global Witness detalla que 42 de los fallecidos defendían territorios contra la minería, 20 contra la agricultura invasiva, 15 contra la explotación forestal y 15 más contra las represas hidroeléctricas. Esta lista no incluye a la hondureña Berta Cáceres, que fue asesinada en 2016, pero el trabajo está dedicado a su memoria.

La cifra de muertos es casi un 60% superior a la de 2014 y afectó especialmente a Latinoamérica, donde se contabilizan 100 víctimas, indica el informe 'Terrenos peligrosos'. El 40% de los fallecidos eran indígenas.

Brasil es el país donde ha habido históricamente más decesos y este 2015 se colocó como la nación más peligrosa del mundo para ser un activista ambiental: 50 personas agonizaron protegiendo las tierras amazónicas.

El segundo país más peligroso para los activistas ambientales fue Filipinas, donde la lucha contra la minería a cielo abierto acabó con la vida de 33 de sus defensores. Entre ellos, el papá y abuelo del activista Michelle Campos, quienes fueron ejecutados públicamente por defender sus territorios nativos en la comunidad de Mindanao.

De vuelta a América Latina, Colombia se colocó este 2015 en el tercer lugar de la lista negra con 26 muertos, seguido por Perú y Nicaragua, con 12 activistas muertos en cada uno.

“La mayoría de los fallecidos son personas normales que nunca pensaron ser activistas ambientales. Son personas que incluso vivían en zonas bien alejadas y que oyeron por primera vez el sonido de una motosierra o de una maquinaria pesada alrededor suyo y entonces empezaron a hacerse preguntas: ¿qué ocurre allí? ¿qué le están haciendo a mis tierras? Y ellos decidieron levantarse y no permitir la destrucción de su hogar”, explica el líder Billy Kyte, de Global Witness.


Más que nunca

Si bien actualmente hay cada vez un mayor consciencia general de respeto por el medio ambiente, la demanda de productos como minerales, madera y aceite de palma también continúa creciendo significativamente y estimula el nacimiento de mafias y bandas criminales que ahora se trasladan hasta los sitios más alejados para producir más y hacer más dinero con ello, explican los autores del reporte.

“Las comunidades que se resisten a ello están cada vez más expuestos en la línea de fuego”, añade Global Witness.

La cantidad real de personas fallecidas en la lucha por el medio ambiente podría ser mayor, pues muchos de los casos aún no son siquiera reportados a las autoridades respectivas porque las personas no hablan un idioma que puedan entenderles o, porque se tiene miedo a morir por interponer la denuncia.

“Estamos muriendo y nuestro gobierno no hace nada”, dijo el activista filipino Michelle Campos a la organización Global Witness.

Según Billy Kyte, la impunidad ante estos asesinatos puede también estar contribuyendo a que el número de fallecidos vaya en ascenso. “Por cada registro de un muerto, otros muchos no se denuncian. Los gobiernos deben intervenir con urgencia para detener esta espiral de violencia".

Y agrega: “Si bien la mayoría de estos muertos son hombres, eso no quiere decir que las mujeres están fuera del blanco de ataques. Muchas de ellas viven amenazadas y discriminadas por ser mujeres, como el caso de Berta Cáceres que falleció este 2016”, explica.

Global Witness sugiere que el incremento de decesos de ambientalistas solo puede revertirse si hay mayor presión ciudadana para que los gobiernos protejan a los activistas ambientales y denuncien las irregularidades.

Además, los consumidores e inversionistas de todo el mundo pueden también ‘hacer su tarea’ y buscar si los productos que están comprando o en los que están invirtiendo promueven la injusticia ambiental o este tipo de conflictos, sugiere Kyte

Al fallecer, muchas de las mayores luchas del mundo por proteger bosques y ríos contra expropiaciones y explotaciones industriales quedaron huérfanas, así como las familias de las víctimas.

“Hay poca información y en eso estamos trabajando. Por lo que sabemos, en la mayor parte de los casos los familiares de estos activistas quedaron abandonados a su suerte. Sin apoyo del gobierno ni de nadie más”, concluyó Kyte.

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