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América Latina

Más balas que jonrones: la invitación envenenada de Nicaragua a Puerto Rico para jugar béisbol en medio de la masacre

El Estadio Nacional de Managua, uno de los centros desde donde se ha coordinado acciones de represión contra la oposición a Daniel Ortega, será la sede de una polémica serie deportiva.
16 Feb 2019 – 4:32 PM EST

“Lo nuestro es el deporte, no la política”. Ese es el argumento principal que Juan Igor González, manager de la selección puertorriqueña y ex jugador de grandes ligas, ha usado para justificar la serie amistosa de béisbol en Managua, programada para los días 15, 16 y 17 de marzo. Es decir, once meses exactos después de que estallara la peor crisis sociopolítica de Nicaragua en su historia reciente, cuyo saldo fatal son más de 325 muertos, miles de heridos, más de 60 mil refugiados, y 760 presos políticos que sufren maltratos en las cárceles.

La serie Nicaragua-Puerto Rico se jugará en el moderno Estadio Nacional Denis Martínez, una obra con estándares de grandes ligas construida con dinero taiwanés. Menos de seis meses después de inaugurado este parque de pelota, las instalaciones han visto más balas que jonrones.

Desde el 19 de abril de 2018, cuando la vicepresidenta Rosario Murillo dio la orden “vamos con todo”para reprimir a los ciudadanos que protestaban en las calles, el estadio Denis Martínez fue ocupado como cuartel policial y paramilitar. Desde una de las altas paredes del edificio de béisbol —ese deporte que los nicas tanto amamos y tanta dicha nos ha dado— un francotirador apuntó con la mirilla telescópica la garganta de un niño de quince años, quien llevaba agua a los demás manifestantes para lavarse de los ojos el ardor de los gases lacrimógenos.

Se llamaba Álvaro Conrado. Estudiaba en el Colegio Loyola. Era el mejor de su clase. Era 'avispado'. Le hacía preguntas difíciles a los maestros jesuitas sobre Dios. Salió a las calles el 20 de abril a protestar pacíficamente porque estaba consiente de la injusticia que representaban las fallidas reformas a la seguridad social, pero no pensó que la política fuese a terminar con su vida de esa forma tan trágica, con un balazo en la garganta que lo ahogó lentamente. “Me duele respirar”, fueron las últimas palabras del niño.

El crimen de lesa humanidad de Alvarito es solo uno más de los que se urdieron en torno al moderno estadio de béisbol. Crímenes ordenados por la política de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Se equivoca el manager de la novena boricua al separar “deporte” y “política”. Porque la política, por condición sine qua non, se mete con todos.

Estadio Nacional, Chile, 1973

La política ordena utilizar espacios deportivos como cuarteles y centros de torturas. En América Latina tenemos el precedente nefasto del Estadio de Chile. En ese complejo, en el año 1973, los militares golpistas dirigidos por el otro criminal de lesa humanidad llamado Augusto Pinochet, asesinaron a Victor Jara y torturaron a miles de chilenos.

La política también se sirve del espectáculo del deporte para crear espejismos y tender cortinas de humo. El Mundial de Fútbol de Argentina 78fue ganado por los argentinos. Los goles de Mario Alberto Kempes fueron utilizados por el dictador Jorge Rafael Videla para esconder los asesinatos, las torturas y las desapariciones de personas, que aún, en la actualidad, dejan heridas abiertas en el país austral.

Cuarenta años después, los tétricos crímenes de aquellas dictaduras científicas del cono sur se repiten en Nicaragua. Esta vez, un dictador y su consorte que se dicen de izquierda, desataron el oprobio y la masacre sobre los nicaragüenses. Desarticularon la protesta ciudadana en las calles con sus fusiles de guerra, disparando a matar. Muchas de las ejecuciones extrajudiciales fueron cometidas en los alrededores del estadio Denis Martínez, como lo demuestran centenares de pruebas videográficas y fotográficas. También testimonios aterradores como el del doctor Isaac de Jesús Molina Rojas, quien fue herido de bala por los paramilitares del estadio el 29 de junio. Este joven médico se salvó porque pudo huir de los verdugos encapuchados aún cuando llevaba dos proyectiles en su abdomen y espalda.

Ahora, el régimen Ortega-Murillo busca a toda costa lavarse la cara. Hacer borrón y cuenta nueva de la masacre, con eventos como esta serie amistosa de béisbol. Disimular con el “play ball” el estado policiaco implantado y que persigue con ferocidad a los ciudadanos. Pretender separar la política del deporte no solo es erróneo sino que resulta inmoral. Inmoral para el Comité Olímpico de Puerto Rico prestarse para normalizar la barbarie y la impunidad.

La dictadura de Managua no solo ha desangrado al país, sino que la ha sumido en una severa crisis económica. Basta que el manager Juan Igor González o los tomadores de decisión del béisbol puertorriqueño lean los periódicos independientes para enterarse que el gobierno pretende solventar la crisis económica a costa de la misma ciudadanía que masacró a través de sangronas reformas a la seguridad social y tributaria. Otra razón más para posponer la serie.

Traer a los puertorriqueños cuesta más de 20 mil dólares en concepto de pasajes aéreos y hoteles. Paga la Federación Nicaragüense de Beisbol Aficionado (Feniba), dirigida por una leyenda nica del béisbol, Nemesio Porras, quien ante la masacre ha callado y dado la espalda al país como un pusilánime. Todos sabemos de dónde sale el dinero para el Pinkwashing del régimen: del mismo régimen, en El Carmen.

Hay infinidad de pruebas y razones para que la federación de béisbol puertorriqueña declinen a esta invitación envenenada. No sería consecuente ni estaría a la altura de ese pelotero que ofrendó la vida por Nicaragua, ese fenómeno de más de tres mil hits, doce guantes de oro y un prodigioso brazo que patrullaba el jardín derecho: Roberto Clemente.

Para que Nicaragua y Puerto Rico jueguen béisbol sobra mucho tiempo para adelante, cuando la masacre de abril sea aclarada y sus responsables castigados por la justicia internacional. El hijo de Clemente, Luis Roberto Clemente, ha pedido posponer la serie.

“Al utilizar el nombre de mi padre, obviamente queremos que sea de una manera muy positiva, basado en sus creencias y en su motivación”, dijo.

Los nicas sabemos que Clemente no se habría prestado para encubrir asesinatos de lesa humanidad. Lo saben en Masaya, una de las ciudades más golpeadas por la represión criminal, donde el estadio municipal lleva el nombre del astro puertorriqueño. Los dirigentes del béisbol boricua están a tiempo de recapacitar. ¿Van a defraudar a Clemente y a la Nicaragua que todavía le duele respirar?

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