Un escándalo por abuso financiero golpea al Vaticano. Uno de sus hombres más poderosos se ve obligado a renunciar a su cargo y a sus derechos como cardenal.
En medio de un escándalo financiero en el Vaticano, el papa Francisco acepta la renuncia de uno de sus cardenales
Giovanni Angelo Becciu, jefe de la oficina de canonizaciones y exsubsecreatrio de Estado, habría gastado unos 185 millones de dólares en un edificio lujoso en Londres. Ahora sus derechos como cardenal han sido eliminados y no podrá participar en el próximo cónclave para elegir al sucesor de Francisco.
El cardenal italiano Giovanni Angelo Becciu que se desempeñaba como jefe de la oficina de canonizaciones y había sido subsecretario de Estado por 7 años, tomó la decisión en 2014 de invertir alrededor de 160 millones de euros (unos 185 millones de dólares) provenientes de las limosnas para los pobres, para que la iglesia adquiriera un lujoso edificio en Londres, comprando en ese momento el 45% del inmueble localizado en 60 Sloane Avenue, en el barrio londinense de Chelsea.
Becciu entregó parte del dinero a su propio hermano, además se le acusa de haber destinado otros fondos para los negocios de su familia.
" Le dije al Papa: ¿por qué me haces esto frente al mundo entero? Le di el dinero a mi hermano porque le compré a su empresa accesorios para las nunciaturas de Egipto y Cuba", dijo Becciu al diario italiano Domani.
Becciu reconoció que al menos 200,000 euros (unos 232,000 dólares) fueron entregados a su hermano en una trasacción de compra legal.
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Otros informes alegan que apoyó un hospital romano en ruinas donde trabajaba su sobrina.
"El Santo Padre explicó que había hecho favores a mi familia y sus negocios con dinero de la iglesia, pero estoy seguro de que no hay delitos", dijo Becciu.
Según varios medios italianos, la inversión hecha por Becciu en Londres ha hecho que la iglesia pierda millones de euros en honorarios pagados a intermediarios. El dinero invertido provino de la cartera de activos de la Secretaría de Estado, que se financia en gran parte con las donaciones de católicos de todo el mundo para que el Papa lo utilice para caridad y gastos del Vaticano.
El Vaticano decidió en noviembre de 2018, después de que Becciu dejara la secretaría de Estado, comprar el resto del edificio, después de que el sucesor de Becciu determinara que la hipoteca era demasiado costosa y que la iglesia estaba perdiendo dinero.
Sin embargo, el acuerdo de compra le costó a la Santa Sede decenas de millones de euros más y provocó que se iniciara una investigación que hasta ahora ha implicado a media docena de empleados del Vaticano.
Becciu insistió que él no estuvo inmerso durante el acuerdo de compra del inmueble en 2018 y que siempre actuó favoreciendo los intereses de la Santa Sede.
"Es un proceso opaco y necesita ser aclarado cuanto antes", dijo su exjefe, el secretario de Estado Pietro Parolin.
Por su parte, el papa Francisco prometió llegar al fondo de lo que ha dicho que es una prueba de corrupción en la Santa Sede.
¿Qué implica la renuncia de sus derechos como cardenal?
Tras la aceptación de la renuncia a su cargo, Becciu, que seguirá ostentando su título de cardenal, fue despojado de sus derechos, lo que implicaría que no podrá participar en un próximo cónclave para elegir el sucesor del papa Francisco, cuando este fallezca.
La última vez que se eliminaron los derechos de un cardenal fue cuando el estadounidense Theodore McCarrick renunció a sus derechos y privilegios como cardenal en julio de 2018 en medio de una investigación por abuso sexual. Posteriormente, el papa Francisco lo expulsó por completo de la iglesia durante el 2019 por abusar sexualmente de adultos y menores.
Antes que él, el fallecido cardenal escocés Keith O’Brien renunció en 2015 a los derechos y privilegios de ser cardenal después de que otros sacerdotes lo acusaran de conductas sexuales inapropiadas. Sin embargo, a O'Brien se le permitió conservar el título de cardenal y murió como miembro del Colegio Cardenalicio, el grupo de élite de eclesiásticos cuyo trabajo principal es elegir un Papa.
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Actualmente los cardenales mayores de 80 años no pueden votar por un nuevo pontífice durante el cónclave, pero Beucci, con 72 años hubiese podido participar de una eventual elección, un derecho que ha perdido con su renuncia.
"No robé ni un euro. No estoy bajo investigación, pero si me envían a juicio, me defenderé", dijo Becciu.
A principios de 2020, el cardenal Becciu defendió la compra del inmueble.
"Se hizo una inversión en un edificio. Fue una buena oportunidad que hoy mucha gente nos envidia", dijo en febrero, negando en esa ocasión que el dinero de las limosnas para ayudar a los pobres se hubiera utilizado en el trato.









